Los caganer de los belenes catalanes llevarán este año la cara del presi, dicen

Como es sabido, don Simón ha pedido perdón por no haber logrado desprenderse de las costras machistas que sobreviven en sus chistes, como si fueran actos fallidos (Freud) que aún no puede controlar, cosa de lengua suelta inconsciente. Irene Montero y Beatriz Gimeno, pareja de hecho política, le han indultado en el acto. No en el acto sexual, claro: al instante. Bien, pues hasta en las formas de disculparse se ve la influencia del manual sanchista. Simón ha dejado claro que siente el chiste de las enfermeras infectadas e infecciosas sobre todo por él mismo, filosofía que extiende por ósmosis el presi entre sus próximos: Él todo lo siente, sobre todo por Él. Es su enorme generosidad, su santa forma de sacrificarse por todos nosotros: dejadme que yo arrastre la cruz, llagado de críticas, lanceado por la maledicencia, coronado de espinas por las cloacas, por lo menos hasta 2035 o más allá. Dejadme que siga impartiendo mis homilías desde el Calvario de la Moncloa. Total, ¿qué más os da que os alarme o desgobierne yo u otro? Ahora regala a ERC que el español no sea vehicular en Cataluña. Algunos creen que lo de vehicular significa que allá solo se podrá conducir en catalán, como si fueran ingleses que conducen por la izquierda para distinguirse del resto de los mortales, pero no; en este particular caso, es para dar la puntilla al castellano donde mande el nacionalismo. Curioso: no recelan de utilizar la puntilla aunque sean antitaurinos. Celaá niega que su Ley vaya a «desalojar» el español de las aulas catalanas. Le ha faltado decir que, en todo caso, ahí está Ada Colau para impedir el desahucio. Él todo lo hace por nuestro bien: quiere lograr la bendición de ERC a los Presupuestos. Y no está descartado que para darle color al remozado idilio de la investidura, Iván Redondo esté planeando que Él los presente primero en catalán en el Parlament y luego en euskera bajo el árbol del Guernica. Hasta es posible, cuentan las lenguas de triple filo, que el presi se marque una sardana con Pere Aragonés y un aurresku con Urkullu.

Y, como homenaje a su ductilidad y capacidad de diálogo, este año todos los caganer de los belenes catalanes llevarán su guapa cara, dicen.