Rodríguez debería venir a Madrid de Rodríguez, o sea, a echar un polvete

El nuevo secretario general de Sortu, Arkaitz Rodríguez, elegido para el cargo en sustitución de Arnaldo Otegi por el Consejo Nacional del partido.JDIGESEFE

Antaño, los vascos venían a Madrid de fiesta, a dejarse una pasta gansa en agua de Bilbao (champán) con las chicas del Pasapoga, en aquella Gran Vía insomne. Las más guapas y avispadas lograban que muchos de ellos les pusieran un piso en el barrio de la Concepción. Un vasco no era nadie si no tenía una amante en Madrid, esto es, que el acero de los Altos Hornos se fundía entre los muslos ardientes de las mantenidas de la capital de España. En mi tierra se bebía mucho pero se follaba poco. Ahora, el parlamentario de Bildu Arkaitz Rodríguez ha dicho: «Nosotros vamos a Madrid a tumbar definitivamente el régimen». El presi no ha sacado la Acorazada Brunete, ni ha llamado a la Legión, ni tan siquiera le ha dado un toque preventivo a Marlaska. Nada, imperturbable. Ni aspavientos ni temblores: como un don Tancredo en el centro de la plaza esperando la embestida del bicho. Hay que reconocerle valor, y eso que el ataque de Arkaitz no estaba previsto en su «Manual de resistencia». No le había avisado Pablo Iglesias ni el CNI. No medió llamada de Otegi ni alerta de Adriana Lastra y Simancas, que toman muchos cafés con la panda proetarra. Me imagino que en el próximo consejo de ministros le recibirán con una cerrada ovación y gritos de ¡torero, torero, torero! Qué menos.

Sin duda, esta impasibilidad viene dada por la existencia de un arma secreta que solamente Él y algunos de sus allegados conocen y que hace innecesaria la alerta general en la Comunidad de Madrid. No corramos, pues, a refugiarnos en las estaciones del metro. Aún no. Es curioso que, en lugar de venir a Madrid de Rodríguez, a echar un polvete y a comprarse algo en Primark, este Rodríguez venga con la cara pintada y el hacha de guerra desenterrada dispuesto a tumbar un régimen que murió en la cama hace más de cuarenta años. Debe referirse a otro. Solo Él, nuestro Buen Pastor, lo sabe. Aunque, bien pensado, quizá su impavidez se deba a la creencia de que todo quedará en nada, que en realidad este Rodríguez es solo uno más que se apunta a la guerra de los Pantoja. Si Bildu quiere quedarse con Cantora, Él les dará Cantora.