¿Se aburre Ana Soria con Enrique Ponce o es al revés?

Enrique viaja a menudo a Madrid para ver a sus hijas y en ese plan (por ahora) no entra ella. El torero a su vez se relaciona con los “suegros” de edades más parecidas a la suya

Enrique Ponce y Ana Soria por las calles de Nimes
Enrique Ponce y Ana Soria por las calles de NimesGJNGTRES

Enrique Ponce y Ana Soria han cambiado sus vidas. Los dos, de una manera radical. El torero dejó atrás veintiocho años de relación con Paloma Cuevas (matrimonio más noviazgo) y se emparejó con la joven estudiante ante el estupor general. Una sorpresa tanto en los ambientes taurinos como en el social y en el periodístico. Y por supuesto en el núcleo de los amigos que sabían que el confinamiento del mes de marzo por el coronavirus el matrimonio lo habían pasado juntos con las niñas y con los padres de Paloma en la finca La Cetrina. Formaban la pareja envidiada y lo último que cabía esperar era la irrupción en escena de una chica de la que no se sabía su filiación ni a que se dedicaba. A partir de ese momento se la busca en las redes sociales donde no hay rastro del torero y sólo aparece ella en su plenitud juvenil. En el de Ponce las únicas imágenes alternativas a su profesión era con Paloma y sus hijas o jugando al golf. Ni rastro de Ana Soria.

Ponce y Paloma Cuevas FOTO: La Razón La Razón

Cuando por fin la joven se hace visible, sus primeras declaraciones al periodista José de Santiago sorprenden porque sus explicaciones de cómo y cuándo comenzó su historia no concuerdan con las de Ponce. El torero asegura que son seis meses y ella dos años. Ana reitera que ese era el tiempo que el matrimonio llevaba separado de palabra que no de hecho según le había explicado Enrique. Las fechas no cuadran pero tampoco importaba porque a partir de ese momento comienza la exposición mediática del torero. Hay otra versión que explicaba este cambio de tercio. Ana Soria no quería ser la “amiguita estacional del torero” y por lo tanto o se hacía pública la historia o cada uno seguía su camino. Cuenta la leyenda que en esta oferta “o lo dices o hago mi vida” también tuvieron que ver los colaterales en forma de padres. No iban a admitir que su hija fuera la de la copla que a nada tenía derecho.

Verdad o imaginación el verano se convirtió para la pareja en una fiesta donde no había día que las imágenes de los dos aparecieran en los programas de televisión, pero lo más llamativo era que los protagonistas del romance de valentía las publicaban en sus Instagram respectivos. Y así se podía ver el cambio radical del torero que a sus 48 años recuperaba una juventud que no había disfrutado cuando tenía la edad de Ana Soria.

Enrique Ponce y Ana Soria pasan el día en alta mar con la familia y las amigas de la joven FOTO: Raúl Terrel Europa Press

La pareja subidos a un cocodrilo hinchable; en la lancha con los “suegros” navegando por la costa de Almería; abrazados al caer el sol mientras el padre les inmortalizaba al regresar a puerto. Los enamorados aparecían en todas las variantes de postal cursi que, por supuesto, gustaban a sus seguidores y sorprendían al mundo taurino. Ponce empezó a compartir salidas con los “arrebataos”. Este es el nombre con el que se autodenominan los amigos teenager de Ana Soria. Todos ellos estudiantes y con ganas de disfrutar de la vida tras varios meses de confinamiento. Ponce y sus nuevos mejores amigos acudían en pandilla a los chiringuitos de la zona de San José, donde los padres de Ana tienen su casa de veraneo. Los “arrebataos” subían a su vez sus fotos con el torero y de pronto surgieron los memes en las redes sociales. Ponce dejó de ser Enrique y se convirtió en Kike, un apelativo cariñoso más acorde con la juventud de su nueva pandilla. La pareja mostraba su felicidad aunque el torero seguía casado ya que no había tramitado el divorcio. A día de hoy sí lo ha firmado Paloma Cuevas, pero no él.

Respecto a cuál es la razón para el retraso por parte del torero circulan varias interpretaciones. Una tendría que ver con ciertas cuestiones económicas relativas al año fiscal y que retrasaría la rúbrica en el documento de divorcio hasta que comience el nuevo año. La otra es más maliciosa y es una excusa común de las personas que no quieren volver a casarse, pero no se lo pueden decir a la pareja porque entonces podría haber ruptura. Se mantienen en el limbo de la separación legal sin llegar al divorcio que se eterniza en el tiempo. Y mientras no exista una sentencia que lo confirme Ponce no puede pedir en matrimonio a la joven Soria. Y esta actitud parece que no sienta muy bien en el entorno familiar de los Soria.

Nueva vida para Ana Soria

La pareja se instaló en un piso en Almería con vistas al mar. El calendario lúdico del verano con jornadas marineras, excursiones, almuerzos y cenas en chiringuitos con los “arrebataos” ya no forman parte de la agenda de ocio actual. Los amigos de Ana han vuelto a la universidad de Granada, a sus clases y algunos comenzaron su aventura Erasmus. Ella también solicitó el año anterior su propia beca para estudiar en Polonia, que por amor al torero rechazó. A sus 22 años, su vida nada tiene que ver con las de su pandilla. Se había matriculado en la universidad de Almería para clases presenciales, pero no se la ha visto por clase. Se ha convertido en ama de casa interrumpiendo su proyecto de vida académica como futura abogada.

Uno de los comentarios que circulan se refiere a que la estabilidad económica y emocional que le da Ponce no es acorde a sus 22 años cuando se está con ganas de comerse el mundo y divertirse con los amigos de parecida edad. La única novedad en su vida es Ney, un cachorro perdiguero que le ha regalado el torero. Este invierno no hay temporada taurina en México ni en Colombia, con los cual esos viajes exóticos para Ana han dejado de existir. Las imágenes que ambos subían a las redes con sus explosiones de amor y mensajes de “te amo más que a mi vida” son un recuerdo de un verano, donde la pasión era el común denominador.

¿Ana Soria se aburre con esta nueva etapa donde los amigos están lejos y su vida actual es más parecida a la que llevan sus padres? Enrique viaja a menudo a Madrid para ver a sus hijas y en ese plan (por ahora) no entra ella. El torero a su vez se relaciona con los “suegros” de edades más parecidas a las suya. La semana pasada aparecía de tertulia con el padre de Ana compartiendo café y licor. El título de la imagen que había puesto Ponce a su storie era “machaco time”, y se veía como el futuro suegro le servía en copa pequeña el famoso Machaco, una bebida parecido al anís pero más fuerte.

"Machaco time", en los stories de Enrique Ponce FOTO: Instagram