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Cristina Franze, la misteriosa rubia mujer de Pedro Campos y anfitriona de Don Juan Carlos

Se trataba de la rubia misteriosa que lo recibió junto a la Infanta Elena al pie del avión a su llegada a Galicia

Don Juan Carlos se reune con Pedro Campos y Cristina Franze
Don Juan Carlos se reune con Pedro Campos y Cristina FranzeRaúl TerrelEuropa Press

El jueves por la tarde el rey emérito volvía a España después de dos años de no pisar territorio nacional. Un viaje emocional con un recorrido a la inversa del que hizo al salir en secreto el 2 de agosto de Vigo. Esta vez lo hizo con anuncio previo. No fue la Casa Real sino el alcalde de Sangenjo, Telmo Martín el que por fin confirmó la vista real. Ocho horas de viaje en un avión modelo gulfstream G700 considerado en el mundo de la aviación como el Ferrari de los jet privados y con una autonomía de vuelo de 13.890 kilómetros. Cuentan que don Juan Carlos se emocionó cuando el comandante comunicó que ya estaban sobrevolando el espacio aéreo español. Y lo mismo sucedió cuando el personal de cabina abrió la puerta y sintió el olor a Galicia.

A pie de escalerilla la infanta Elena, que le recibió con un gran abrazo, y su amigo y anfitrión Pedro Campos, presidente del Real Club de Sangenjo. Junto a ellos una mujer atractiva, delgada y de melena rubia que llamaba la atención. Desconocida para la prensa de fuera, no para los periodistas locales, ni para el mundo de las regatas. «Cristina siempre va con Pedro a todas partes aunque prefiere mantenerse en un segundo plano. Es muy agradable y no le gusta llamar la atención» cuentan los que tratan habitualmente al amigo del rey.

Efectivamente la que estaba esperando a pie de escalinata en el aeropuerto y saludó con mucho cariño a don Juan Carlos era Cristina Franze, casada con Pedro Campos en 2017. Don Juan Carlos asistió a la boda y firmó como testigo del nuevo matrimonio de su amigo. Era la segunda oportunidad afectiva para el armador del Bribón que antes estuvo casado con Begoña Gil de Barroeto con quien tuvo dos hijas, Begoña y Paloma que ya son mayores de edad.

Cuarenta y dos años

De Cristina se sabe que tiene 42 años, es de nacionalidad brasileña, aunque hubo quien aseguraba que era de origen eslava. Su vida pública está unida a los viajes de su marido relacionado tanto con el mundo de las regatas como con el empresarial. Participa en las actividades del club náutico, no como esposa del presidente sino con el grupo de amigos que lo son de Campos desde hace muchos años. En estos cinco años de matrimonio, Cristina se ha convertido también en la anfitriona del rey emérito. Desde el año 2000 en que Josep Cusi, íntimo amigo de don Juan Carlos les presentó, el actual presidente del Real Club náutico de Sangenjo ha convertido su casa en el refugio del monarca jubilado.

Don Juan Carlos llegando a casa de Pedro Campos
Don Juan Carlos llegando a casa de Pedro CamposLavandeira Jr.Agencia EFE

En el chalet de Nanin, Cristina Franze organiza la independencia doméstica para que todo esté en perfecto estado de revista. Según confirman a quien esto escribe el rey jubilado no tiene peticiones más allá de las que se le ponen a su disposición. En estos días de regatas desayunan todos juntos y a veces se unen sobrinos o hermanos a las reuniones. Pedro Campos es el quinto de once hermanos. Cristina Franze no tiene por ahora hijos comunes con su marido.

Una casa sin pretensiones

Don Juan Carlos se se aloja siempre en su casa, que se encuentra en el pueblo de Nanin. Se trata de un chalet sin pretensiones y, como explicaba el propietario Pedro Campos, «nos se ha hecho ninguna remodelación ni se ha reestructurado la casa. Lo único que hace, como el resto de los vecinos, es mantenerla en buen estado. El clima no favorece y por eso cada cierto tiempo hay que hacer un lavado de cara. Este año, por ejemplo, hemos cambiado la madera que se había estropeado después de tantos años de lluvias. Hemos arreglado el jardín que con los temporales del invierno estaba hecho un desastre. Y respecto a los paneles solares de los que se ha hablado los tenemos desde antes de que don Juan Carlos viniera. Somos ecologistas y cuidamos el medio ambiente. Los paneles son para el agua caliente».

Antes de la pandemia, don Juan Carlos viajaba en secreto a la localidad gallega donde siempre es bien recibido. Pedro Campos y Cristina son los mejores anfitriones. Esta vez no habrá salidas a los restaurantes habituales que frecuentaban antes de la pandemia. El rey emérito prefiere las reuniones en la casa de los Campos Frazen donde acuden los amigos. En esta última visita acudieron a verle Carlos Espinosa de los Monteros, Pedro de Borbón, hijo del fallecido Carlos de Borbón Dos Sicilias, el alcalde Telmo Martín, y parte de los compañeros de tripulación. Cristina se encarga del menú que suele ser a base de productos de la tierra. Definitivamente para don Juan Carlos, Sangenjo es ahora su paraíso al que volverá el próximo 10 de junio.

Empanda de zamburiñas y rodaballo

En este viaje el rey ha preferido quedarse en casa una vez que terminaban las regatas. Tanto el viernes por la noche como el sábado se sirvió la empanada de zamburiñas, la preferida del rey. El primer día hubo también sardinas a la brasa que se cocinaron en la barbacoa del jardín y navajas recién cogidas esa misma mañana. El rodaballo, también del mar al plato, se dejó para el día siguiente. Al no ser temporada los percebes se sustituyeron por centollas.

Su ruta gastronómica en esta zona de Galicia está marcada por la elección de restaurantes y locales que no tienen estrellas Michelin. Dos de sus preferidos son La Centoleira y Playa de Beluso, ambos en Bueu y con vistas a la playa del mismo nombre. Sus platos preferidos son los percebes, nécoras... y se deja orientar por el pescado del día salvo que haya merluza de pincho. La toma rebozada.Alguna vez ha preferido los inmensos filetes empanados que se acompañan de patatas fritas. «Da gusto ver cómo rebaña con pan de maíz. Y no se pierde los chipirones encebollados del Club Náutico», cuentan.