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Enrique del Pozo desvela los viajes de incógnito a España (y otros secretos) de Raffaella Carrà

El periodista nos descubre el lado íntimo de su ‘mamma’ italiana

Raffaella Carrà en una imagen de archivo
Raffaella Carrà en una imagen de archivo FOTO: Europa Press Reportajes Europa Press

La muerte de Raffaella Carrá, victima de un cáncer de pulmón, llena de dolor a aquellos que, como Enrique del Pozo, gozaron de su cariño más absoluto. El español y la italiana fueron uña y carne, mucho más que amigos, lo que justifica que Enrique la califique, emocionado, como “mi madre profesional y musical. Estoy de luto por este adiós tan inesperado. Fue una pieza esencial en mi vida, una intima amiga y una consejera extraordinaria. Un ser de luz que ayudaba a todos lo que se lo pedían sin solicitar nada a cambio. Trabajé con ella en varios de sus programas, como ‘Hola Raffaella’, en muchas galas y me abrió las puertas artísticas en Italia…”.

–¿Cómo era la mujer en el cara a cara?

–Una persona humilde que no se dejó dominar por el éxito. Una mujer generosa, culta, inteligente, sensible, que potenciaba a chicos jóvenes con talento. Ahí tenemos el caso de Loles León, a la que apoyó también en sus inicios.

Enrique recuerda a su amiga como “una artista que triunfaba como cantante, actriz, presentadora de televisión, bailarina… Todo lo hacía bien, exigía a su gente lo mismo que se exigía a sí misma. Era perfeccionista y detallista”

–Podría haber triunfado en Hollywood y no quiso.

–No le gustaba aquel ambiente. Ni le convenía. Frank Sinatra se enamoró perdidamente de ella, pero Raffa, como la llamábamos sus amigos, no quería compromisos. Era un alma libre. Sinatra la invitó a cenar y quiso regalarle un diamante carísimo, pero no lo aceptó. Aun así, acabaron siendo grandes amigos.

–¿Tenía alguna adicción?

–Le gustaba muchísimo jugar a las cartas, pero sin apostar dinero. Se ponía malísima e insoportable cuando perdía una partida. No lo soportaba.

–¿Y era maniática?

–Odiaba el color violeta. Recuerdo una de sus actuaciones en el Benidorm Palace, de repente apreció en primera fila un señor con una camisa violeta y dio orden de que le hicieran cambiar su indumentaria. No lo pidió «violentamente», sino con mucho tacto y respeto.

–No fue su único «tabú».

–Tampoco le gustaban los gatos negros ni pasar por debajo de una escalera.

–¿Cuál era su comida favorita?

–Curiosamente, el jamón de bellota y los huevos estrellados de «Lucio». Le encantaba ese restaurante madrileño. Un día, escondimos tres jamones en unas maletas, pero al llegar a la frontera nos pillaron y nos quedamos sin ellos. Menudo disgusto se llevó… Fue como si le hubieran despojado de un anillo de diamantes.

–¿Cuándo se vieron por última vez?

–El año pasado, antes de que comenzara la pandemia. Y la vi estupenda. Con muchas ganas de disfrutar de la vida.

–¿Estaba usted al tanto de que sufría un cáncer de pulmón?

–No, lo debió llevar muy en secreto. Me acabo de enterar de su muerte y estoy hundido… La quise muchísimo, y ella a mí. Le puedo asegurar que ella disfrutaba de cada minuto de la vida, y seguro que ni se le ocurrió pensar que su final estaba tan cerca.

Su amor a España está fuera de toda duda, era su segunda patria, y Del Pozo revela que “venía mucho a Madrid, casi siempre en secreto, le gustaba disfrutar de la gastronomía y visitar pueblos con encanto. Se alojaba en el Hotel Eurobuilding… Se sentía medio española”.

–¿A quién admiraba?

–A su gran amiga Lola Flores, la adoraba. Sentía pasión por ella. No es de extrañar

Un funeral que paraliza Italia

El último adiós a la Carrà fue retransmitido por la RAI. Cuenta Enrique del Pozo que una de las «mayores frustraciones de Raffaella Carrà fue no poder entrevistar a Sophia Loren. Se le resistió durante décadas, fue imposible llevarla a un plató. Una vez me confesó que no quería retirarse de su profesión sin lograr ese sueño. Al final quien le ha retirado de un mundo que dominaba a la perfección es esa muerte que nos duele a todos los que la quisimos.

He visto en el ‘Corriere de la Sera’ una viñeta que expresa su espíritu luchador. Se la ve llegar al cielo y enseguida pone orden allí. Era infatigable y cuando se embarcaba en un proyecto lo cuidaba todo hasta el más mínimo detalle.