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«Me aburre que me mata Pedro Sánchez»

En plena promoción de su nuevo libro «Schiaparelli: La italiana de París»,habla con nosotros de moda y de actualidad

Nacho Montes
Nacho Montes FOTO: @nachomontestv cortesía

Acaba de publicar el libro «Schiaparelli: La italiana de París» y se lo recomiendo ipsofacticamente. Porque, a riesgo de pecar de machista, siempre me ha fascinado contemplar cómo dos señoras se despellejan vivas. Cuánta maldad y cuánta inteligencia. Dos hombres se pegan y ya. A ver, que vale, que qué morbazo, te lo compro, pero seamos franques 1) depende de qué hombres se peguen y 2) se acaba enseguida. Un odio femenino envejece como el vino de barrica. Y de eso, de la batalla Chanel/Schiaparelli, y de otras muchas cosas más –París, Roma, moda, Dali, art decó, amantes… - va esta novela de este periodista que, a bon vivant, gana al mismísimo Marcello Rubini de Mastroianni en la Dolce Vita. Incluso, en tupé. Con ustedes, Nacho Montes.

Ese odio tan visceral entre Coco Chanel y Elsa Schiaparelli trascendía a la moda y tenía que ver más con el amor de un hombre que otra cosa. Estoy en lo cierto o es un pensamiento un poquito machista?

El odio real de Chanel, más allá del amor y de las relaciones humanas, era el triunfo de una intrusa doble. La intrusa italiana en suelo francés y la intrusa en la moda sin saber ni coser. Si a eso le añadimos que los artistas, entre ellos Dalí, la adoraban pues la cosa se convierte en un explosivo cúmulo de celos. ¿Eso es machista?

No obstante, Schiaparelli fue de las primeras feministas de la Historia, no?

De las primeras y sin saberlo.

En tres palabras, descríbame La italiana de Paris.

Díscola. Soñadora. Y extravagante. Como ella misma.

Para ser una diseñadora de culto, ¿hay que tener alma libre, un genio endiablado o ser una rara que te cagas?

En ella se daba todo. Era un alma libre, tenía un genio de cojones y era rara que te cagas. Y todo junto, la convertía en divina.

¿Los mejores amigos de una chica son los diamantes o, como decía Elsa, unas perlas aunque sean baratas?

Los mejores amigos son los que no piden explicaciones nunca.

Schiaparelli: «En los momentos difíciles la moda siempre es extravagante». Este otoño vamos a ir todos como árboles de Navidad, ¿no?

Ya vamos siempre como árboles de Navidad. Me da que la sociedad se ha acostumbrado a lo difícil y a lo vulgar hace años.

Decía Karl Lagerfeld que los estampados son para señoras gordas. La gente dice muchas cosas y a las genias se les va la pinza… Cuénteme, no se corte.

Lagerfeld era un ex gordo con un punto de hortera, ínfulas de aristocracia y un gusto exquisito para vestir a los demás. Así son a veces los genios.

Usted, ¿cuándo cayó enamorado de la moda juvenil?

Cuando ya no era joven. Esto sí que es ser un avanzado. O un raro que te cagas como Schiaparelli.

¿Soportó ir vestido de uniforme durante toda su infancia o tomaba lexatín infantil?

A mí es que los uniformes me ponen de siempre. Y los del colegio, que beben del british más depurado, me flipan de siempre.

¿Entendió en algún momento que Barbie tuviera ese armario y Ken, en cambio, una camisa hawaiana?

Ken es un gay modernito de manual, con laca de pelo para parar un tren, un par de chanclas y con camisa hawaiana. Pero en el fondo soñaba con el armario de ella y las lentejuelas. Así es la vida, a veces.

Usted, ¿cómo recibe en casa?

Con tres vinos ya en el cuerpo.

¿La frivolidad es un estado de ánimo o una postura política?

La frivolidad es la mejor manera de combatir muchas tragedias. Lo de hacerse la rubia ante los problemas deberían enseñarlo en la Universidad.

Cuénteme ese personaje de la vida social (pasado o presente) que nunca pasará a la posteridad pero que es terriblemente atractivo.

El vaquero de mi pueblo. Tiene morbo hasta entre moñigas y sabe como nadie del tiempo y de la vida a pesar de no haber cumplido los 40.

¿Y quién le aburre que le mata?

Pedro Sánchez. No puedo, ni pretendo, evitarlo. .

¿Team Rocio Carrasco o team Olga Moreno?

A estas alturas soy de mi team. Pero entiendo cosas de Rocío Carrasco que hasta ahora no comprendía.