Paloma Cela sigue haciendo el bien después de muerta

Los trajes de fiesta de Paloma Cela y su fantástica colección de sombreros se pondrán a la venta a beneficio de las personas afectadas por Alzheirmer y otras demencias neurodegenerativas

  • Paloma Cela
    Paloma Cela /

    Cristina Bejarano

Tiempo de lectura 4 min.

21 de septiembre de 2019. 10:48h

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Marta Cibelina.  21/9/2019

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Hay personas que transmiten bondad, alegría y paz, y Paloma Cela era y es una de ellas. Y hablo en presente porque para las personas que la quisieron sigue íntegra y muy presente. Todo lo que tenía, recuerdan, lo daba o lo repartía. Y aún después de haber fallecido sigue haciendo el bien.

Sus trajes de fiesta y su colección de sombreros, fantástica, se pondrán a la venta por una buena causa. El próximo viernes 27 de septiembre, de 2019, de 10:30 a 20:00 en la sede de AFADEMA, en la calle Rafaela Bonilla nº21 a beneficio de las personas afectadas por la enfermedad de Alzheirmer y otras demencias neurodegenerativas.

Animo a todo el mundo a que se pase por la subasta. La ropa de personas tan claramente positivas como Paloma Cela solo puede beneficiar a aquellos que decidan adquirirla. No me pondría, porque no me cabe, ni por todo el oro del mundo, un vestido de Marlene Dietrich o de Marilyn Monroe. Pero Paloma era harina de otro costal.

Las tallas de las prendas, me cuenta su hija, Palomita Cela, abarcan desde la 42 a las 48 y vistieron a una mujer divertida, creyente, generosa, e imaginativa. No la trate mucho, pero la recuerdo como una narradora fantástica, a lo Sherezade en las 1000 y una noches. La conocí en una cena en un restaurante del Madrid de los Austrias, cerca de Las Vistillas. Era graciosa, locuaz, imaginativa y muy culta. Paloma fue maniquí en su juventud, medía 1’75. Trabajó en Argentina, Rusia, Francia, Italia y Estados Unidos, para importantes firmas de alta costura.

Tras morir su marido el también modelo, Horacio Suárez Rotondo, dos años después de la boda, recuerda su hija, engordó mucho, pero siempre conservó esa elegancia natural y una tremenda coquetería. Era recuerda su hija “ una bellísima persona, buena madre, fantástica abuela, y una de esas personas a las que recuerdas siempre con una sonrisa”. Hablé con ella ayer por teléfono, mientras precisamente, ordenaba los álbums de fotos de su madre.

Cañizares, su perrillo ya no está, murió poco después de su dueña. A todos los canes que tenía les ponía nombres curiosos, uno se llamaba Manolito Fraga, y otro, un chuchillo poco agraciado, se quedo con J.F porque todo el mundo cuando lo veía decía “jo...r que feo”. Tanto ella como Tita Cervera eran las dos personas con las que cualquier sociedad protectora de animales podía contar siempre para ayudar en sus convocatorias. Sobrina de Camilo José Cela, tenía, como el Nobel una profunda inteligencia y la habilidad para ver la realidad desde un punto de vista absolutamente original. Casi al final de su vida se vio envuelta en una polémica absurda, si se había colado o no en la boda de Lydia Lozano. No lo hizo, pero a mí me hubiera encantado que alguien como Paloma fuera a mi boda. Aquello, cuenta su hija,”creo que le afectó mucho, fue una polémica muy desagradable y yo se lo dije. No lo pasó bien. Mi madre era una mujer muy sensible” .

Paloma falleció en La Paz el pasado 30 de marzo de 2019 como consecuencia de una insuficiencia renal. El 12 de febrero había sido ingresada en La Paz por un problema vascular. Una obstrucción arterial en una pierna. Era diabética y todo se complicó. Tenía 76 años. Los que no tuvieron la suerte de conocerla deberían acercarse por la sede de AFADEMA. Cualquier cosa que haya rozado a esta mujer brillante y divertida, transmite buenas vibraciones. Yo pienso comprar uno de sus sombreros.

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