Castilla y León

Ana Samboal: «De los tortazos y de los errores es de donde más se puede aprender»

Ana Samboal: «De los tortazos y de los errores es de donde más se puede aprender»
Ana Samboal: «De los tortazos y de los errores es de donde más se puede aprender»larazon

Cada madrugada, a esa incierta hora en que los bares de la capital del reino comienzan a llenarse de promesas y olvidos, Ana Samboal se instala ante los madrileños con voz rotunda, personalidad afilada y tono sosegado. Es el momento del análisis informativo, cuando las noticias, ya cansadas de sí mismas, se convierten en reflexión y balance. Diario de la noche, el informativo que dirige y presenta de lunes a viernes en Telemadrid, es referencia común tanto para el noble como para el villano, para el prohombre y el gusano… Les hablo de un nuevo género que cauteriza, para la libertad, las tres heridas que describiera el poeta de Orihuela: la de la vida, la del amor y la de la muerte… Y es que, a partir del preciso instante en que la Samboal comparece ante la mayor audiencia del día capitalino, el reloj ya es sólo una excusa para comprender la vida vivida…
«De lunes a viernes siento que me faltan horas. Apenas duermo cinco, pero no me quejo, es la vida que he elegido».

¿Y los fines de semana?
Son para mí y para la gente que quiero.

¿Vetona, espartana o estajanovista?
Lo de «vetona» es consustancial a mi condición de abulense, pero ni estajanovista ni espartana. Me gusta esto de vivir cuando los demás duermen, tener mis momentos de soledad y trabajar cuando los demás disfrutan el ocio.

¿Aprendiste algo con todo ello?
Sobre todo a vivir conmigo misma…

¿Qué te empujó al periodismo?
Una profunda vocación que no sé de dónde me viene. Mi madre me suele recordar cómo el abuelo me llevaba de muy niña a comprar todos los días el periódico, luego dábamos un paseo por el Rastro abulense, donde se encontraba con los amigos para comentar lo sucedido en el mundo.

¿Vocación emocional?
Probablemente… Sobre todo, aquellos recuerdos del regreso a casa. Siempre parábamos para ver a la Santa, que sostenía un libro y una pluma...

¿Tu gran influencia?
La poesía de Rubén Darío. Mi abuelo me contaba historias épicas y romances apasionantes. Recuerdo su forma de declamar: «Ya viene el cortejo, ya viene el cortejo… Ya se oyen los claros clarines…»

Inevitable en una abulense la referencia a Teresa de Jesús…
Es un personaje fascinante. Su fuerza de voluntad, esa capacidad de llevar hasta las últimas consecuencias una forma de vivir y unos principios…

¿De tu padre?
Me cuesta hablar de él sin emocionarme. Le debo el sentido del deber y la responsabilidad, una forma de querer nada afectada, ni siquiera demostrable con gestos. Me enseñó a dormir tranquila y a sentirme orgullosa, a tener la conciencia en calma…

¿El consejo que nunca olvidaste de él?
Que nadie regala nada…

¿Su regalo?
Hacerme sentir que él estaría siempre ahí, que nunca me faltaría… ¿Sabes? Creo que me contagió ese gusto por estar siempre con los que quiero, a disfrutar del privilegio de sentirlos a mi lado hasta cuando han marchado.

¿Y tu madre?
Es la incondicionalidad y la generosidad absolutas. Siempre ha dejado todo por sus hijos.

¿Es, como decían los manuales de urbanismo de los colegios de monjas, tu mejor amiga?
Es la persona con quien consulto mis problemas, mis ilusiones, mis decepciones y mis propósitos.

¿Su mejor consejo?
Como mujer profunda y de sentido común, es de una enorme sencillez. Quizá por eso me transmitió siempre que, de las cosas de uno, no sabe nadie más que uno mismo…

¿Cuando compareces ante las cámaras?
No olvido jamás que, aunque sólo veo una cámara, estoy entrando en el cuarto de estar de una familia o en el dormitorio de una persona.

Ahí no hay disfraz que valga…
No puedes engañar al espectador. Al final tienes que ser tú. Tienes que contar las noticias siendo fiel a ti misma. Ese es mi reto cada noche.

La chica de ojos melancólicos y sonrisa abierta charla coloquialmente. Se ha convertido en todo un icono de la vida capitalina. No duda ante mis preguntas, parece como si cada respuesta la tuviese ya prevista. Su voz grave y su rictus casi eclesiástico la convierten en una de esas mujeres que transitan por el mundo a veinticuatro fotogramas de inteligencia por segundo… No se afloja ante el halago, su pudor castellano es más fuerte que el canto de las sirenas. Observo que esta mujer domina como pocos esa difícil técnica de poner distancia o cercanía exclusivamente con la mirada…
 «Reconozco que tengo una personalidad marcada y cierta autoridad, pero no un carácter difícil».

¿Te costó más por ser mujer?
Aspiré siempre a hacer lo que hago. He tenido jefes fantásticos que me han apoyado y ayudado a sacar lo mejor que hay en mí.

Chica con suerte…
Hombre, siempre hay algún caso puntual de machismo y de reticencias… Pero es inhabitual…

No me negarás, por lo menos, que en nuestra profesión existe cierto cainitismo...
En esta profesión, las personas valemos lo que valemos. La mayoría de mis jefes se han convertido en mis amigos. Debe de ser que no lo he hecho tan mal…

O que la mayoría de las veces la enemiga de una mujer es otra mujer…
Tengo la suerte de tener a mi lado amigas que lo son desde que íbamos a párvulos, por lo que sé dónde estoy. La relación más estrecha de amistad la tengo con mis hermanas…

¿Tuviste siempre todo tan claro?
Siempre he creído en perseverar. Cuando decidí que iba a hacer Periodismo, mis padres me intentaron disuadir. Me vine a Madrid y mientras estudiaba empecé a hacer prácticas, boletines de radio a las dos de la madrugada...

¿Por qué elegiste el periodismo económico?
Me encanta, y eso que no me gustaba la economía. De hecho, suspendí la asignatura en primero de carrera y me llevé un buen disgusto. Pero pensé que tenía que aprovechar ese suspenso como fuera. Descubrí un mundo nuevo.

Ahora está en el ojo del huracán...
Es la otra forma de ver el mundo. Aprendes a aplicar una lógica que, aunque en ocasiones sirve para nada, siempre te da disciplina.

Así que te cundió aquella crisis…
Las crisis están para solucionarlas. Al principio cerré los ojos porque no quería verlo. Luego fui abriéndolos poco a poco y diciéndome: «O puedes tú conmigo o puedo yo contigo». Y no hay opción. Sólo vale la victoria.

¿Te sirvió la Universidad?
Allí vi de todo: personas dispuestas a esforzarse todo lo que hiciese falta y otras que estaban a la espera de que les fuesen a buscar a casa... Es la sociedad que hemos creado.

Así nos va, paisana…
Es que hay niños que tienen un regalo por ir al médico. En mi casa, las cosas no eran así. Cada uno tenía su tarea y responsabilidad. Sólo dos regalos: uno por el cumpleaños y otro en Navidad. Ahora parece que sólo se nace con derechos y sin obligaciones…

¿Te costó adaptarte a Madrid?
No demasiado. Mirando hacia atrás, el salto ha sido considerable, pero progresivo. Los inevitables saltos al vacío que te hace dar la vida, tanto en el ámbito personal como profesional, me los tomo como retos a cumplir.

¿Aprendiste a decir «no»?
Tuve ofertas de trabajo que me pusieron el mundo a los pies, pero no había hecho todavía el camino...

¿Madrid o Ávila?
Ávila y Madrid. Ambas forman parte de mi vida. Sigo yendo muchos fines de semana a Ávila, a comer con mi madre, a estar con todos mis amigos…. Madrid supone una vida más acelerada, pero con otras gratificaciones.

¿Esquivas los golpes?
Aguantándolos. De los tortazos y de los errores es de donde más se aprende. Quizá gracias a ellos sea ahora más dura conmigo misma y con los demás. Soy más exigente, pero también comprendo mejor las debilidades.

¿Lo más difícil?
La muerte de mi padre.

¿Lo más fácil?
No recuerdo nada que en mi vida haya sido fácil. Sí te puedo hablar del mejor de los regalos: mi familia.

Lo más importante…
Cuidarla cada día, cada segundo…

¿Te arrepientes?
De muchas cosas. Sigo siendo bastante inocente y muy crédula. Siempre voy con mi verdad por delante.

Algunos te tildan de implacable…
Valoro muchísimo la sinceridad, por encima de todo. Sin la sinceridad es imposible la lealtad. Además, como soy una persona muy curiosa, tengo necesidad de aprender cosas nuevas, por eso no me puedo andar con zarandajas. Desde el punto de vista afectivo, me cuesta mucho abrirme. De hecho, me conocen más por observarme que por lo que digo. Me parece más importante querer que ser querido. No, reconozco que no soy fácil.

No sentirse querido es duro...
Igual soy así porque siempre me he sentido querida…

¿Eso lo pueden confundir con la antipatía?
Seguro que sí. Me lo han dicho y otras veces me he fijado en la reacción de los demás. A veces soy antipática por tímida y despistada.

¿Y te parece injusto?
Me parece inevitable. Cada uno te pinta como te ve. Y tiene derecho a hacerlo. Sobre todo, cuando tienes un perfil público. A veces te aplauden y a veces te critican.

¿Te respetan tus alumnos?
Ellos están ahí porque quieren aprender. Les gusta lo que hacemos y lo pasamos bien en clase.

¿Con quince años la chavalada de hoy no piensa que ya se lo sabe todo…?
No exageres, siempre me ha gustado aprender. Me gustan las personas serias y honestas, de las que puedo aprender…

¿La curiosidad es la clave?
Durante el tiempo que tengo, muy limitado en televisión, pregunto, sonriendo, o no, hasta que me contestan. A lo mejor me mienten, pero la mentira ya es una respuesta.

¿Sin miedo por la vida?
No soy miedosa. Puede que sea tímida y prudente, pero, si tengo que hacer algo, lo hago y no hay quien me pare. Algunas veces, de hecho, me he metido en líos por entrar en algunos jardines sólo con mi cara sonriente.

¿Cómo llevas la fama?
No soy famosa.

¡Venga ya…!
En serio. Se me conoce porque presento Diario de la noche, y ése es un matiz importante. La cura de humildad la tengo en Ávila, en mi casa.

¿Allí te ponen en tu sitio?
Es que allí no soy Ana Samboal, la que sale cada noche en la televisión, sino sencillamente Ana, la de toda la vida. Pero te reconozco que en Madrid me pasa a veces que me siento observada. Por suerte, tengo mucha capacidad de abstraerme.

Normal…
La televisión es compañía. Muchas personas no tienen más que la televisión a su lado…

Es un medio ingrato…
Y a mí que de la televisión me gusta todo...

¿Todo?
Me gusta mucho la cámara y eso se me nota, no lo niego, pero, si tengo que estar en la calle haciendo un reportaje, también me gusta mucho... Lo dicho… Todo…

¿Tu mejor momento profesional?
Uno de ellos… ¿Vale?

Vale
El proceso de la OPA de Endesa. Me pasaba el día de rueda de prensa en rueda de prensa… Cuando te ilusionas con las cosas que haces, terminan saliendo bien.

No en vano, te han dado ya un montón de premios, como la Atena de Plata de Televisión, máximo galardón de la Comunidad de Madrid…
Me da una vergüenza terrible. Subo al escenario a recogerlo, digo tres palabras corriendo y me bajo. Me pongo nerviosa. Para mí, el mejor premio es hacer Diario de la noche todos los días.

¿Y cuando seas mayor…?
Seré periodista, pero cada vez mejor, creciendo como persona… Es mi mayor reto.

Acabo mi entrevista con la chica seria, de sonrisa XXL, tirando las últimas fotografías. En el fondo, nada en su carrera es casual. Con una determinación que para los menos avispados puede pasar por antipatía, Ana Samboal trabaja en el oficio porque le gusta y porque es lo que mejor hace. Esta abulense se mueve tanto, con tal rapidez y precisión, que es imposible atraparla. Así que, pienso egoístamente, al tiempo que nos despedimos, esta noche, cuando encienda la televisión, seguirá allí, en el cuarto de estar de mi casa… Bien está, a fin de cuentas.


DE CERCA
Para leer.
La Regenta.
Para ver.
Según el estado de ánimo.
Para escuchar.
Rock. He sido fan de Rosendo.
¿García Nieto?
Entrañable y cercano.
¿Acebes?
Demasiados enemigos demasiado pronto.
¿Aznar?
Cien matices, cien aristas.