
Elecciones andaluzas
Los tres cerditos

Cuando Manuel Chaves entregó a Griñán el testigo de la sucesión no entregó ningún legado que no fuera el simple relevo del aparataje de poder. No hubo cuerpo ideológico que heredar, ninguna estrategia, ningún programa de futuro. Unas simples llaves que abrían su despacho y un listado extenso de asuntos pendientes y de bocas que alimentar. Eso era todo, aunque a eso se le llamara entonces renovación y aunque la cosa podría haber funcionado de no ser porque otros factores ajenos al arbitrio socialista han venido a interferir en ese dulce nirvana. Acto seguido, y con la crisis arreciando con fuerza, al PSOE andaluz le ha ocurrido lo que al menor de los tres cerditos del famoso cuento infantil, que un soplido del lobo ha puesto en evidencia la precariedad de materiales con que habían diseñado su hegemonía y habían confiado el porvenir.
A resultas de la encuesta del IESA, culpan a la crisis de sus males y creen firmemente que no han hecho nada para merecerlo. Y es cierto. No han hecho nada para merecerlo ni tampoco para desmerecerlo pues han llegado a esta situación sin haber construido un andamiaje social y económico sólido que impidiera que cualquier adversidad condujera a la ruina y, de paso, a la de cientos de miles de andaluces. Habría sido lo mismo con Chaves o con Griñán, con crisis o con cualquier otra cosa. Todo era paja, sostenida precariamente y enjaretada durante años sin mayor rigor ni posibilidad de aguante más allá de los tiempos de bonanza. Ahora tienen el doble problema de no saber atender el urgente frente de la economía y el de no disponer de tiempo para implantar las bases de un bienestar social habiendo dilapidado las tres últimas décadas. El resultado no puede ser peor, pues yerran en el diagnóstico de la realidad –Andalucía sigue estando en la triste posición en la que estaba– y yerran en el diagnóstico de su propia ruina –no es la crisis la responsable de sus malos resultados en las encuestas–.
Aún así, y por seguir con la metáfora, todavía guardan la esperanza de cobijarse en la casa del segundo cerdito del cuento, la de una izquierda que ahora resulta demasiado pequeña para estar unida y demasiado frágil para ser estable. Ante semejante panorama, no es extraño que una inmensa mayoría de andaluces piense que solamente el PP es capaz de afrontar la grave situación por la que atraviesan y de poner orden a los problemas reales –como la crisis y el paro– que les afectan. Eso dicen las encuestas. Si es la casa más fuerte se verá en las elecciones.
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