Feria de Bilbao

Toros y cía a la deriva

Javier Cortés resultó cogido al entrar a matar al sexto de la tarde
Javier Cortés resultó cogido al entrar a matar al sexto de la tardelarazon

En desbandada se iba el público en cada toro a partir del cuarto. El próximo objetivo era el Bernabéu y poco había en la arena para retenerlos. Los toros, léase los cuatro de Bañuelos, los dos de Osborne y la terna anunciada anduvieron a la deriva de una tarde grisácea, plomiza, en esta primavera que no llega y que hoy nos amenaza con ver los toros bajo la lluvia. Viene siendo norma en los últimos tiempos. Ayer del agua nos salvamos por los pelos, nos quedamos de lleno con el tedio y la flojera.

De golpe despertamos justo cuando la tarde se iba al carajo. Javier Cortés se debatía en el final tras vérselas con el manso sexto. Buen colofón para cortarse las venas. Se fue derecho tras la espada y no encontró salida en la suerte. Se atracó de toro y, entre pitón y pitón más testuz, no había escapatoria. La voltereta resultó fuerte y en la primera impresión pensamos que le había calado. No quiso la tarde acabar teñida de sangre. No lo merecía. A Cortés le cayó en las manos, como astado de confirmación, que quede en los anales de la historia, el toro que pudo ser. Abría plaza y, a la postre, agotó cualquier esperanza. Era uno de Antonio Bañuelos que, al no aprobar la corrida completa, tuvo que resignarse a no adquirir antigüedad. A «Burebano» le fallaron las fuerzas en ese tramo final en el que se decide todo. Si somos realistas, ya le flaquearon antes, cuando se las tuvo que ver con el caballo. Pero al trasluz de ese cielo opaco y grisáceo de Madrid, quiso el toro entregarse por abajo en la muleta cuando le ganaba la batalla a sus manos. Humillado buscaba el viaje y protestaba cuando acababa la muleta hecha un guiñapo. Y protestábamos todos al unísono, pero en silencio, cuando así ocurría. La partida estaba por definirse ante un torero con la alternativa fresca. Anduvo con ganas, poco templado y quizá sin dar ese paso al frente para hacerse imprescindible en esta temporada crítica. De compromisoUceda Leal pasó por Madrid. En su primero volvió a constatar que tiene en su mano derecha un cañón infalible para meter la espada y hacer rodar el toro sin puntilla. Ya lo quisiera cuarto y mitad del escalafón y más en las plazas donde se puede aclarar tu panorama. Rubricó rápido, con facilidad al segundo. Noblón el toro, manejable no más, y cumplió Uceda en ese trasteo amontonado y sin luz, que vale para pasar el compromiso pero no para generar. Era el cuarto una bomba de relojería para acabar en fracaso. Le estalló en las manos a Uceda. Y sí, el toreo ante un toro bajo mínimos, resultaba teatro, puro teatro. La espada se le destempló.Debió costarle al Capea ver al toro metido en la muleta por lo abierto de cornamenta que era el tercero. Más lo sufrió su peón, Arturo Martín, que al asomarse a ese tormento y clavar el par de banderillas le agarró el toro de la taleguilla a la altura de la ingle. Por muchos que salieron a socorrerle parecía que no había manera de quitárselo del medio. No lo vio en el quinto por ningún lugar. Le costó al toro arrancarse después, seguimos en el tercero, ¿total para qué? (Debió pensar el toro). Cuando iba no la tomaba mal pero entre pase y pase se perdía el torero, no quiero ni contar lo que nos ocurría a nosotros viéndolo. Se le fue la mano con la estocada una cuarta más abajo de donde pone límite la ética. El quinto renunció. Se echó a comienzo de faena y sólo la espada le salvó de pasar el trance. ¡Ay, qué tarde!