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La lucha incansable por la educación

El padre Vicente Berenguer, premio 9 d'Octubre, una vida ejemplar

  • Los 75 años de los que puede presumir el padre Vicente Berenguer no le impiden continuar «maquinando» proyectos sin descanso. Al menos, eso se  adivina a pesar de la discreción y humildad que acompaña siempre a sus actuaciones.
    Los 75 años de los que puede presumir el padre Vicente Berenguer no le impiden continuar «maquinando» proyectos sin descanso. Al menos, eso se adivina a pesar de la discreción y humildad que acompaña siempre a sus actuaciones.

Tiempo de lectura 4 min.

04 de noviembre de 2012. 21:59h

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5/11/2012

Valencia- El currículum del padre Vicente Berenguer es abrumador. Pesa leerlo y compararlo no solo con el de uno mismo, sino con el de muchas otras personalidades con mayor renombre. El último reconocimiento que ha recibido este misionero nacido en Teulada en 1937 ha sido la Distinción de la Generalitat Valenciana, un premio que se concede cada 9 d' Octubre.

En sus manos, en su cabeza, en su mirada se han gestado tantos proyectos como necesidades ha detectado en Mozambique, ese país africano que tan poco sale en las noticias y por el que todavía queda mucho por hacer.

Decenas de escuelas primarias, centros infantiles, escuelas secundarias, de Formación Profesional, residencias... Son las pruebas materiales de toda una vida dedicada a Mozambique. Gracias a él, han recibido educación millares de alumnos y muchos de ellos han logrado llegar a la universidad.

«Me preguntaban el otro día por qué es tan importante la educación. Es mi manía. En 1977 (después de que Mozambique consiguiera la independencia) los negros solo estudiaban la educación primaria». No lo podía aceptar.

El padre Vicente Berenguer habla con tanta sencillez que, contadas de su boca, sus hazañas llegan a resultar normales cuando son extraordinarias. «El dinero siempre llega...». No entendía por qué no recibían educación. Además, sabían más de Portugal que de Mozambique. «Empecé a dar clases a la gente que trabajaba en las minas. Allí organicé un liceo».

Fue la primera de las numerosas acciones que ha puesto en marcha para dar dignidad y futuro a los mozambiqueños.

La historia de su vida contiene todos los ingredientes para un «best seller». Le recomendaron que abandonase el país, denunció las Masacres de Wiriyamo, en las que el Ejército portugués acabó con la vida de cientos de civiles,   estuvo en la cárcel por defender los derechos de los estudiantes, fue director de Producción Escolar del Ministerio de Educación del Gobierno, ya independizado, de Mozambique y entre tanto, siempre siguió trabajando para dar educación al mozambiqueño, para crear guarderías, para poner en marcha escuelas infantiles. Así los niños comienzan cuanto antes a aprender en portugués, que no es su lengua materna. Les resulta más sencillo estudiar y no abandonan la escuela.

«Yo soy el andamio de la construcción. Lo que queda es su patrimonio». En estas ha andado los últimos 45 años de su vida. Y aún no se siente cansado. En 2007 comenzó su proyecto en Ressano Garcia, un pueblo fronterizo con Sudáfrica donde cada mes son repatriados 1.500 jóvenes que han fracasado en su intento de huir del país.
En esta localidad de 8.000 habitantes no había escuela secundaria y la infantil dejaba mucho que desear. Los jóvenes caían en las drogas o en la prostitución. Tampoco había médico y muchos barrios ni siquiera tenían agua potable. Ressano Garcia tiene hoy una mejor escuela primaria, hay una de secundaria con capacidad para mil alumnos, un internado que ahora quiere ampliar y un puesto de salud.

«Se puede hacer muchísimo, el mundo es una casa donde todos habitamos». El padre Vicente Berenguer predica con el ejemplo.

 

EN PRIMERA PERSONA
Los 75 años de los que puede presumir el padre Vicente Berenguer no le impiden continuar «maquinando» proyectos sin descanso. Al menos, eso se  adivina a pesar de la discreción y humildad que acompaña siempre a sus actuaciones. La bondad que desprende su mirada es capaz de iluminar la más oscura de las salas. «En el fondo de cada persona, por mala que sea, hay una simiente de paz y de bondad, solo hay que buscarla». Desde que salió de Teulada en 1967 con una maleta, dos camisas, dos pantalones y una gorra, no ha hecho más que luchar por la dignidad humana. «El ser humano es maravilloso y cada uno tiene riquezas diferentes». Al menos,  es profeta en su tierra. Cuenta con el apoyo de la Asociación Amigos Padre Vicente Berenguer y ha recibido ayudas institucionales.
 

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