Una semana sin el omnipresente Rubalcaba

Lo que parecía un proceso gripal le apartó el pasado domingo de la escena política. El todopoderoso vicepresidente primero, convertido en hombre de carne y hueso por una fiebre persistente, se vio obligado a quedarse en Madrid y a no acudir a un acto de los socialistas de Elche, en el que iba a recibir, como en las últimas semanas, el calor y el apoyo de los suyos en su ascenso a la Presidencia del Gobierno.

Rubalcaba aún tendrá que permanecer unos días retirado de la vida política en su domicilio por prescripción facultativa
Rubalcaba aún tendrá que permanecer unos días retirado de la vida política en su domicilio por prescripción facultativa

Su destierro involutario desató inmediatamente los rumores, en público y en privado, dentro y fuera de su partido sobre su futuro político. Desde que trascendió su decisión de no acudir a tierras alicantinas, la luz de alarma se encendió en la Prensa y en la oposición, pero no en La Moncloa. No fue hasta 24 horas después de su ingreso hospitalario, al filo de las cinco de la tarde del lunes, cuando se dio a conocer que permanecía en la UCI de un centro madrileño aquejado por una infección urinaria, causada por una biopsia de próstata. Una tensión arterial elevada completaba el cuadro clínico.

La carencia de información durante casi un día fue el germen de las variopintas especulaciones sobre su enfermedad. En un primer momento, se achacó su tensión arterial a las divisiones internas que sufre el «desgastado» Gabinete de Zapatero. Con el paso de los días, en la bancada de la oposición se llegó a imputar su ausencia a su deseo de eludir las cuestiones de los populares sobre el «caso Faisán» en el Congreso. Incluso algún malintencionado y cercano asesor aseguró que se trataba de un retiro buscado en un momento político complicado, comenta a este diario un dirigente socialista, que prefiere no «delatar al traidor».

Mientras, Rubalcaba, genio y figura, ha estado informado puntualmente de la polémica generada por su enfermedad. Aparte de seguirlo por televisión, sus colaboradores más estrechos y familiares se han encargado de informarle. Por si fuera poco, a diario intercambiaba comentarios por teléfono con el presidente. Zapatero optó, por «motivos de seguridad y respeto al resto de los pacientes», por no acudir al hospital público.

El móvil del vicepresidente, al que visitaron pocos políticos, ha echado humo. Ha recibido sms de ánimo de todo el arco parlamentario, de magistrados, de compañeros de partido y de Gobierno. Amén de las muestras de cariño de personas anónimas, a quienes mostró su agradecimiento a través de Twitter.

¿Fuera de juego?

Ahora la incógnita a despejar es si su popularidad ha aumentado y si vuelve al ataque con el vigor de antes. En la familia socialista existe cierta preocupación por si su estado de salud dejará fuera de juego a la «mejor baza» del PSOE para sustituir a Zapatero. «Como le ha visto las orejas al lobo, lo mismo se lo piensa», opina uno de sus incondicionales.

Pero, lejos de resentirse con su ausencia, la maquinaria gubernamental ha seguido funcionando como si nada. Su forzada retirada, que se prolongará por prescripción facultativa unos días más en su domicilio, no ha afectado al quehacer diario del Ejecutivo.

El secretario de Estado de Seguridad asumió las riendas de Interior, pero nadie le sustituyó en sus labores de vicepresidente, comentan en La Moncloa. Durante una semana, el Ejecutivo no ha tenido portavoz, salvo este viernes. Al término del Consejo de Ministros, al titular de la Presidencia le tocó lidiar con la Prensa. A la espera de que Rubalcaba regrese el próximo viernes a su puesto, Ramón Jáuregui realizó con nota y en media hora la faena.