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Irán asegura que Ashtianí está viva y que el proceso continúa

Ni ejecución ni condena en firme, al menos de momento, fue la respuesta hoy de Teherán a los rumores sobre el posible ahorcamiento de Shakineh Mohamadi Ashtiani, la mujer acusada de asesinato y adulterio, y cuyo caso ha devenido en un problema más para el dividido régimen iraní.

Manifestación en Italia por la liberación de Ashtiani
Manifestación en Italia por la liberación de Ashtianilarazon

El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Manoucher Mottaki, ha salido al paso después de que una alarma encendida el martes por el Comité Internacional en contra de la Lapidación desatara una nueva oleada de protestas y condenas a nivel mundial.

El jefe de la diplomacia iraní habló por teléfono con su homólogo francés, Bernard Kouchner, a quien aseguró que el "veredicto final"no ha sido "pronunciado por la justicia iraní"y que las informaciones en torno a su supuesta ejecución "no corresponden a la realidad".

Su discurso se vio reforzado horas después por las declaraciones de Malek Ajdar Sharifi, funcionario judicial iraní que afirmó que la mujer, de 43 años, "está en la prisión de Tabriz y en perfecto estado de salud". "Su expediente sigue su curso en los tribunales provinciales", agregó Sharifi, citado por la agencia oficial de noticias local Irna.

Las declaraciones del régimen no han convencido al citado comité, que aunque admitió que la condena no había sido llevada a efecto, reiteró que la mujer sigue bajo amenaza y que teme un desenlace trágico en los próximos días.

Presión internacional

A este respecto, su portavoz, Mina Ajadi, admitió que "quizá"la movilización de la sociedad civil mundial y las presiones de gobiernos como los del Reino Unido y Francia, entre otros, "han paralizado momentáneamente la ejecución". "No podemos hablar directamente con las personas encarceladas, pero los contactos que tenemos allí nos han indicado que la mujer sigue viva", afirmó Ahadi. "No obstante tenemos que continuar con la campaña de defensa a Sakineh, porque todavía puede ser ejecutada", añadió.

El caso de Ashtianí salió a la luz el pasado verano cuando el primer abogado de la acusada, Mohamad Mostafei, reveló que, tras agotar todas las vías legales y en un proceso poco transparente, la mujer había sido condenada por adulterio y que sería apedreada hasta la muerte.

La pena despertó una oleada de duras críticas y protestas internacionales, lo que obligó al régimen iraní a suspender la sentencia y afirmar que se encuentra bajo revisión. Esas protestas se repitieron hoy frente a las embajadas de Irán en diversos países, mientras que la mayoría de los gobiernos han coincidido en su unánime condena del bárbaro acto.

El proceso ha abierto, igualmente, una agria polémica en el seno del régimen iraní, con declaraciones contradictorias entre el Ejecutivo y el Poder Judicial, que ponen de manifiesto la fractura política y social que atraviesa el país. El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, ha declarado en varias ocasiones que no existe aún tal condena a muerte y que se trata de propaganda occidental en contra de Irán.

Sin embargo, la Judicatura insiste en que ha quedado demostrado que Ashtianí participó en el asesinato de su marido y cometió adulterio, por lo que debe ser condenada a morir en la horca por el primer delito y a ser lapidada hasta la muerte por el segundo.

Semanas atrás, el portavoz del Poder Judicial y fiscal general del Estado, Gholam Husein Mohseni Ejaei, llegó, incluso, a afirmar que la sentencia ya había sido dictada y que la mujer sería ahorcada ya que el delito de asesinato prevalece sobre el de adulterio.

"La cuestión ha adoptado un cariz netamente político, se ha transformado en un incómodo pulso entre las corrientes conservadoras del régimen", explica a Efe un activista de los derechos humanos iraní que prefiere no ser identificado.

"Parece que en torno al Gobierno se entiende como un factor negativo ahora que el país afronta nuevas sanciones económicas y se dispone a retomar el diálogo nuclear. Los más ultraconservadores lo ven como una manera de dar un golpe en la mesa y afirmar los principios del régimen frente a la presión exterior", concluye.