España

«Enganchados» a las recetas: el plan de choque de Sanidad «invita» al uso responsable de los medicamentos

Estudios nacionales y foráneos lo corroboran: aquí se prescriben más de mil millones de recetas, aunque un 20 por ciento no se llega a dispensar. Esto cuestiona si todas son necesarias. Al mismo tiempo, los médicos hacen autocrítica y reconocen recetar más de lo que se debería en algunos casos 

«Enganchados» a las recetas: el plan de choque de Sanidad «invita» al uso responsable de los medicamentos
«Enganchados» a las recetas: el plan de choque de Sanidad «invita» al uso responsable de los medicamentoslarazon

E n apenas un mes se acaba la «barra libre» de medicamentos. Quién quiera automedicarse tendrá que rascarse el bolsillo, ya que el Sistema Nacional de Salud (SNS) dejará en breve de financiar más de 400 fármacos, destinados a cubrir las dolencias más leves. Acostumbrados los españoles a acudir a la farmacia, receta en mano, a aprovisionarse de medicamentos, que se acumulan en el botiquín, las nuevas medidas adoptadas por Sanidad (contenidas en el último Real Decreto Ley que entra en vigor hoy) vienen a extinguir este tipo de costumbres tan arraigadas.
Algunos expertos apuntan a que nos encontramos en un país «sobremedicado», dentro del contexto general del mundo desarrollado. «España, como otros muchos países de su entorno, tiene a su disposición fármacos para paliar cualquier tipo de molestia o dolor y acude a ellos en demasía. Todo se cura con una pastilla. Lo que no significa que no sean necesarias en todos los casos, que en muchos sí. Sólo que hay cierta tendencia a acudir al medicamento siempre, a veces sin consultar con un profesional», apunta Francisco Soria Perdomo, del Servicio de Geriatria del Hospital Universitario Infanta Elena de Madrid. Desde la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), manifiestan que existe un excesivo consumismo de medicamentos. «Hay y ha habido hasta ahora una tendencia general a ‘‘echar mano'' a los fármacos para todo. A acudir al médico para pedir pastillas para los mareos, pomadas para los golpes... En definitiva, nos encontramos en una sociedad altamente medicalizada», apunta su president, José Luis Llisterri.

datos contrastados
Diferentes informes reflejan esta realidad. Uno de ellos, presentado recientemente por la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas), concluye que España ostenta «la medalla de plata mundial» en consumo de fármacos –sólo superado por EE UU– porque los médicos del SNS prescriben anualmente casi mil millones de recetas, aunque un veinte por ciento, 200 millones, no llega a dispensarse. De este modo, los propios médicos de familia hacen autocrítica y reconocen que algunos de ellos recetan más de lo que se debería y eso, junto a otros factores, hace que se obtengan estas cifras: uno de cada cinco fármacos que se prescriben en el Sistema Nacional de Salud (SNS) no se llega a comprar.
Dentro del informe se recogen los datos de un estudio británico, «A report for the Secretary of State for Health», elaborado por Sir Mike Richards CBE, director del Instituto Clínico para el Cáncer en Reino Unido, en el que se apuntaba a España como uno de los países donde más recursos farmacéuticos se emplean, a través del estudio de las principales patologías que afectan a la población general, como el cáncer, los problemas cardiovasculares y las afecciones reumatológicas.
España, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), se encuentra en los primeros puestos en gasto farmacéutico, ya que según los últimos datos recogidos destina un 21 por ciento del total en Sanidad. Sin embargo, cuando se habla de dinero, en cuanto al consumo per cápita, aparece en los últimos puestos. ¿Por qué? Sencillo, el precio de los medicamentos aquí es menor que en otros países del entorno: así el precio medio aquí no alcanza los ocho euros y en Alemania llega a los quince, por ejemplo, según datos de la patronal farmacéutica, Farmaindustria.
Y no sólo es cuestión de precio, sino que a veces el gasto viene de un mal uso. Un informe de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) señala que más del 50 por ciento de los medicamentos se prescribe, dispensa o vende de forma inapropiada, y la mitad de los pacientes no los toman correctamente.
Con las nuevas medidas de Sanidad, como apunta Isabel Vallejo, vicepresidenta de la Federación Empresarial de Farmacéuticos Españoles (FEFE), se puede conducir a un uso responsable de los medicamentos. «Encontramos dos vertientes: la contribución económica del ciudadano en el sistema, y al mismo tiempo, una mayor concienciación y una responsabilidad a la hora de usar de los recursos –fármacos– que son limitados», apunta Vallejo.
 Resulta clave destacar que con el copago de las recetas y la desfinanciación de los medicamentos para las dolencias leves se viene a contener un gasto hasta ahora imparable. El número de recetas emitidas no ha dejado de crecer: un gasto de 764,9 millones en 2005 y 17,3 recetas por habitante, hasta alcanzar los 957,9 millones en 2010 y las 20,4 por habitante, con diferencias muy significativas en el número de recetas por habitante entre comunidades autónomas (entre 15 y 25 por 1.000 habitantes en 2010).
Tal y como explica Marichu Rodríguez, presidenta de la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (Sefac), «no queda del todo claro si esto va a ayudar o no. Si la desfinanciación evitará que la gente los use más o menos. Porque, por ejemplo, en el caso de los laxantes, la mayoría ya no estaban cubiertos y la población tiene acceso a ellos sin prescripción médica, sólo cuenta con la indicación farmacéutica, es decir, nuestro consejo. Pero si lo quieren y lo necesitan, pueden tener acceso a ello».
Sin embargo, Llisterri subraya su convencimiento sobre la medida, pero recuerda que «pese a la desfinanciación los medicamentos que necesitaban prescripción facultativa deben permancer bajo la tutela del médico, sigan necesitando la receta. No queremos que acudan para comprar este tipo de medicamentos sin saber en qué indicaciones se puede emplear y qué interacciones tiene, de ser enfermo crónico. Así, vitamos el uso indiscriminado y abusivo».
La presidenta de la Sefac recuerda que «otros ‘‘medicamentazos'' sacaron de la lista del SNS el Frenadol o la Couldina y hoy nadie los echa de menos. Hay muchas cremas antiinflamatorias que casi no se prescriben. Otros tienen un potencial terapéutico dudoso, como los asociados al deterioro cognitivo asociado a la edad, y si es así, por qué no eliminarlos directamente del arsenal terapéutico, en vez de manterlos si no se emplean». En este punto, coincide con el presidente de la Semergen, «hay que mirar si son eficaces y si son necesarios».

Afectados
Personas mayores y enfermos crónicos conforman la excepción de la regla. «En estos pacientes hay que valorar mucho qué fármacos están tomando y cuáles, que salen de la lista, pueden sustituirse por otros que sí estén. Es necesario valorar las opciones porque son enfermos delicados», apunta Soria. Estos «clientes» del sistema sanitario serán quienes más noten los cambios, pero también les beneficiará, «ya que se evitará de este modo la existencia de duplicidades de moléculas, cuando hay algunas que pueden paliar varias dolencias a la vez. En la actualidad, ya hay comités que valoran qué tratamientos sigue cada paciente y de un modo multidisciplinar se controlan qué medicamentos requieren y toman», añade Soria.
Desde el punto de vista de los médicos, la masiva exposición de la población española a los medicamentos y los riesgos asociados a su consumo adquieren una enorme relevancia desde la perspectiva de la salud pública. Advierten, eso sí, que los problemas relacionados con ellos no siempre suponen la presencia de daño (reacciones adversas) y no en todas las ocasiones implican un uso inadecuado, pero existen datos contrastados sobre casi 19 millones de efectos adversos por año atribuidos a medicamentos, de los cuales algo más de un millón serían graves y casi la mitad (8,8 millones) potencialmente evitables.
En opinión de Alfonso Delgado Rubio, catedrático de pediatría de la Universidad CEU San Pablo, se ingieren los medicamentos como placebo de cara a determinadas enfermedades. «Hay que ser más restrictivo en su consumo», subraya Delgado quién pone algunos ejemplos de cómo podrían solucionarse algunos casos: «Hay medicamentos que no sirven para nada, como los antidiarreicos, ya que el mejor tratamiento ante una diarrea es una dieta. Había que acudir a los antidiarreicos ante cuadros de salmonelosis y en las circunstancias que realmente haya que tratar».

Efectos secundarios
Consumir demasiados medicamentos no sólo mina un sistema sanitario que se tambalea, sino que deja huella en el organismo. Mucho antes de lamentar las consecuencias de un mal uso, se debería tener en cuenta el consejo del farmacéutico o del médico. Las lesiones hepáticas y los daños en el riñón son las consecuencias más significativas, ya que son los órganos encargados de procesar estos elementos. Así, uno de los riesgos del uso habitual de los analgésicos simples es la nefritis intersticial. Se estima que el 11 por ciento de todos los casos de insuficiencia renal terminal, cuya incidencia es alrededor de 110 nuevos casos por 1.000.000, es atribuida al consumo de analgésicos, según datos de Sanidad.
Por otro lado, el tratamiento no supervisado del dolor se ha complicado al extenderse el uso de antiinflamatorios no esteroideos (AINE) para esta indicación. Su consumo creciente aumenta los riesgos de efectos adversos, tanto en prescripción médica como en automedicación. La incidencia de hemorragia digestiva alta (HDA) es de 650 casos por 1.000.000 habitantes/ año, de los cuales el 40 por ciento es atribuible al ácido acetilsalicílico y al resto de AINE.
Dos tercios de los españoles consideran un peligro automedicarse con los restos de los tratamientos que les prescriben sus médicos cuando vuelven a tener síntomas parecidos, lo que no evita que más de la mitad (un 54 por ciento) reconozca que guarda los fármacos en sus botiquines por si acaso, según un estudio realizado por Sigre, entidad que se ocupa del reciclaje de los fármacos.
En España no existen registros de datos que ayuden a cuantificar la cantidad que se podría ahorrar con una buena adherencia terapéutica, pero sí que se han realizado diferentes estudios en EE UU, que indican que una mala adherencia al tratamiento costó al sistema sanitario 80 mil millones de dólares en morbimortalidad en el año 1996, como apunta el recién creado Observatorio de la Adherencia al Tratamiento (OADT).
En nuestro país, la mitad de los pacientes no cumple con la pauta que le prescribe el médico entendiendo este incumplimiento como la falta de continuidad y cumplimentación de las indicaciones terapéuticas de los profesionales de la salud. En este sentido, existen datos cuantificables que indican que en enfermedades como el párkinson, una buena adherencia al tratamiento conllevaría un 30 por ciento menos de costes al sistema de salud y en enfermos con insuficiencia cardiaca, un buen seguimiento del tratamiento evitaría un 80 por ciento menos de reingresos y aproximadamente, un ahorro al sistema de salud de diez mil euros cada seis meses por paciente.

Las recetas cambiarán el rojo y el verde, por el azul
Con la entrada en vigor hoy del copago, las recetas que emitirán los médicos para los fármacos financiados será azul. Sin embargo lo que dice cuánto paga cada uno es un dato cifrado, escondido en un código de barras.
No obstante, si el fármaco que necesitan no está cubierto, y se necesita la prescripción facultativa, la receta emitida será en blanco y negro. «Es un modelo que los médicos de AP no han empleado casi nunca. Al menos en mi farmacia, en 30 años que llevo, apenas hemos visto un par de ellas», explica Marichu Rodríguez, presidenta de la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (Sefac).