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España no nos abandones por Santiago Abascal

Tiempo de lectura 2 min.

13 de octubre de 2012. 01:54h

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13/10/2012

Retorno a mi casa sobrecogido e impactado por el agónico sentimiento de derrota de muchos de los catalanes que hoy han asistido a la celebración del Día de la Hispanidad en Barcelona, acompañados de sus familias y portando banderas catalanas y enseñas nacionales. El ambiente festivo y alegre tenía algo de lúgubre e impostado. Como si se quisiera ocultar una terrible preocupación ante el desamparo institucional y el destierro físico que muchos ciudadanos catalanes atisban en el cercano horizonte. Pero poco había que rascar para percibir el miedo agazapado tras un escenario festivo.
Un hombre me despedía acongojado con una frase algo desesperanzada: «Cataluña, no nos rechaces. España, no nos abandones». Su acerado eslogan, martillo de conciencias, no nos quería hacer ver la sobradamente conocida maldad del separatismo catalán. Pretendía alertarnos de que su última y tibia esperanza se encuentra en la solidaridad y en la decisión de sus compatriotas españoles. Desde el norte hasta el sur, en la solidaridad de todos nosotros. «Gracias por venir, gracias por venir, no nos dejéis solos». Por momentos me he sentido, sorprendido, en un necesitado lugar del Tercer Mundo al frente de una labor humanitaria.
En nuestro Levante, en la Cataluña maltratada por el totalitarismo, la desesperación no viene del hambre sino del miedo, del destierro, de la desnacionalización, de la opresión y de la visión de un horizonte triste y negruzco. Cierto, no podemos abandonarles. No tenemos derecho a decir con desdén y hartazgo eso de «que les den la independencia».
El Estado lleva 30 años haciendo dejación de responsabilidades; y para muchos la situación ya no es reversible. Para otros, entre los que me incluyo, la situación aún se puede cambiar si se actúa con la máxima urgencia y determinación en defensa de España, de la libertad y de la legalidad constitucional. El sistema precisa de una reconversión de fondo y a fondo. Y habrá de hacerse sin contar con los nacionalistas, a los que de una vez por todas tendremos que poner en su sitio. Mejor una vez rojos que cien colorados.

Santiago Abascal
Presidente de la Fundación DENAES
 

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