Blanqueamiento profesional

Quizá contagiados por el modelo estadounidense, entre cuyos tópicos entusiasman los dientes «artificialmente» blanquísimos, uno de los aspectos estéticos que suscitó mayor interés fue el color de los dientes, más que su propio alineamiento, que desde el punto de sanitario es lo verdaderamente importante. Aparte de los casos de dientes afectados por el consumo de tetraciclinas durante la infancia, que muestran un anómalo e inestético color amarillento-marronáceo, los dientes normales de los adultos se van oscureciendo y tornando más grisáceos con el envejecimiento, debido a un incremento de su masa mineral, su deshidratación y la producción de desgastes y de microgrietas (proclives a tatuarse con el tabaco, el café, té, vino y otros pigmentos), además de la traslucidez y tatuaje metálico de los empastes de amalgama y el oscurecimiento habitual de los dientes endodonciados.
No debemos confundir esta tincion intrínseca con las manchas debidas a depósitos superficiales: las manchas superficiales o coloraciones se resuelven con las profilaxis (coloquialmente «limpiezas» en la clínica dental), mientras que las tinciones requieren la acción de sustancias con efecto «decolorante», como ciertos peróxidos, bien insertándolas en el interior de los dientes «desvitalizados» o endodonciados (blanqueamiento interno o «no vital»), bien aplicándolos en la superficie de los dientes «vitales» (blanqueamiento «vital»). A su vez, el blanqueamiento llamado «vital» puede ser realizado en una sola sesión en un gabinete dental (blanqueamiento profesional, mediante lámparas especiales que aceleran la descomposición del agente blanqueante concentrado y la liberación de oxígeno «activo», que es el verdadero blanqueador, o en el propio domicilio (blanqueamiento «ambulatorio», por medio de varias aplicaciones de duración variable de unas cubetas adaptadas a los dientes cargadas con una concentración menor de dicho agente.


Muchos de los productos que se suministran y venden bajo la publicidad de blanqueantes no lo son: unas veces son meros abrasivos que quitan las manchas, pero no decoloran las tinciones internas (y para colmo, los desgastan); otros, porque aunque utilizan verdaderos blanqueantes, contienen concentraciones insuficientes. También se debe saber que el blanqueamiento no es definitivo ni inocuos, por lo que requieren vigilancia por un experto, que no puede ser otro que el dentista. De hecho la Unión Europea ha limitado el uso de concentraciones equivalentes a 0,1 a 6 por ciento de peróxido de hidrógeno, que se restingen exclusivamente a los dentistas, y no autoriza, entre los productos cosméticos, concentraciones superiores, pero esta restricción no es suficiente: debe hacerse en el ámbito de un consultorio dental, porque antes de blanquear los dientes se hay que asegurar que no tienen caries o síndrome de hiperestesia dentinaria (sensibilidad exagerada).
El blanqueamiento real de los dientes no es una mera cosmética inocua, como el maquillaje, el tinte del pelo o la aplicación de carmín de labios, sino una atención profesional que requiere conocimientos y unas instalaciones apropiadas. Recomendamos que antes de someterse a servicios de blanqueamiento fuera de clínicas dentales exijan información sobre el blanqueante que les van a aplicar y se asesoren adecuadamente en los Colegios Profesionales de Dentistas o de Odontólogos y Estomatólogos, al objeto de asegurarse de su legalidad, ya que existe un floreciente mercado ilícito de productos no autorizados.