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El «Rey Bibi» llega exhausto a su última batalla en las urnas

El primer ministro israelí y su partido han convertido la campaña electoral donde mañana se juega su supervivencia política en una guerra sucia jamás vista en la historia del país

Election campaigns in Israel - Benjamin Netanyahu
Benjamin Netanyahu en un acto de campaña. Mañana tratará de vencer en las terceras elecciones en un añoIlia Yefimovich/dpa Ilia Yefimovich/dpa

Ya en las elecciones de 2015, cuando el líder laborista Yitzhak Herzog lideraba las encuestas, hubo quienes se anticiparon a vaticinar que había llegado la hora de la muerte política de Benjamin Netanyahu. Pero en una estratagema de último minuto –alertando de que los árabes estaban «acudiendo masivamente en autobuses a votar»–, logró revalidar el cargo como primer ministro. En las dos pasadas campañas de abril y setiembre de 2019, con la evidencia de que el líder más longevo de la historia del Estado judío iba a ser imputado en tres casos de corrupción, fraude y abuso de confianza, los detractores del «Rey Bibi» veían más cerca su final. Pero el líder de Azul y Blanco, Benny Gantz, que superó por un escaño en setiembre al líder del Likud –33 a 32–, no logró los apoyos para una coalición de gobierno alternativa.

Tras el espaldarazo de la militancia «likudnik» en las primarias de diciembre, que apoyó con más de un 75% del voto a su líder frente a su adversario interno Gideon Sa’ar, Netanyahu se vio reforzado para encarar una nueva contienda. Pero varios los analistas israelíes coinciden en el mismo diagnóstico: el primer ministro en funciones está «muerto políticamente», ya que las dos anteriores rondas –y a pesar de un avance del bloque de derechas y ultraortodoxos en los últimos sondeos antes de las elecciones de mañaba, que le asignaban 59 diputados– probaron que difícilmente alcanzará los soñados 61 apoyos para formar coalición.

A ello se le añade el periplo judicial: en abril Netanyahu deberá invertir bastos recursos para defenderse de las acusaciones de recibir regalos de lujo y tramar con propietarios de medios de comunicación una cobertura favorable a su figura. Para más inri, el asesor letrado del Gobierno, Avichai Mandelblit, no ha resuelto por ahora la cuestión de si un primer ministro que se sentará en el banquillo de los acusados tiene la potestad de recibir el mandato de la Knesset para armar coalición.

Pero el líder del Likud se ha presentado ante el electorado israelí combativo y convencido. Alentado por el apoyo tácito de sus políticas expansionistas tras la revelación del plan de paz de la Administración Trump, que da luz verde a Israel para anexionar territorios donde los palestinos aspiran a construir su estado y aplicar la soberanía israelí sobre los asentamientos judíos, Netanyahu marcó la agenda mediática la pasada semana con nuevos anuncios de construcción de miles de viviendas en colonias de Jerusalén Este y Cisjordania.

Una campaña sucia

En una campaña electoral de una bajeza política y moral nunca vistas en el país, Netanyahu apenas dedicó un día a lanzar promesas sobre aspectos urgentes en la agenda socioeconómica como una mayor inversión en sanidad pública; apoyo a autónomos y pequeñas empresas; o combatir la rampante ascensión de la carestía de la vida. Medidas consideradas populistas por sus rivales, que le achacaron que pudo haber aplicado reformas durante sus once años continuados al frente de Israel.

«Bibi» pasó directamente a la guerra sucia: recordó la supuesta infiltración iraní en el teléfono móvil personal del líder de Azul y Blanco, y difundió un clip bajo el título «Algo le ocurre a Gantz», que recoge secuencias del exjefe del Ejército en dificultades para transmitir sus discursos –con repetidos lapsus–, sugiriendo que la persona a quien el propio «premier» nominó como comandante en jefe del Tzahal (Fuerzas Armadas) años atrás, tiene problemas mentales. Se sumaron al cóctel unos infundados rumores sobre supuestos romances extramatrimoniales de Gantz, difundidos por el hijo del líder del Likud, Yair Netanyahu, un habitual de las polémicas en la red para generar ruido mediático. El joven Yair rescató un «selfie» de campaña del exmilitar con una joven para diseminar el bulo, y ésta ha sufrido un duro acoso personal a raíz del rumor.

Pero el momento cumbre llegó con las revelaciones por parte del Likud de unas conversaciones de un asesor de Gantz, Israel Bachar, en que comentaba a un rabino la preocupación de que el líder de Azul y Blanco pudiese mostrarse débil en momentos críticos como una eventual necesidad de ordenar un ataque sobre Irán. El rabino, próximo a Netanyahu, grabó y filtró la conversación privada. A pesar de que el propio «premier» acudió a la sinagoga del líder religioso el jueves, desde el Likud afirmaron «que no sabían de antemano la existencia de la grabación». Los sondeos publicados confirmaron que el ajetreo benefició a «Bibi»: con dos escaños arriba, supera a Gantz 35 a 33.

Hay quienes estiman que las embestidas alcanzarán el pico máximo este mismo lunes, durante la jornada electoral, con la difusión de más rumores para intentar condicionar el voto. Para Yoav Krakovski, analista del canal público Kan, la intención del Likud es «despertar» al elector pasivo, fatigado ante tanta repetición electoral. Desde el rival Azul y Blanco consideran que los últimos trucos de Netanyahu les resultarán beneficiosos en última instancia, en una campaña que hace una semana estaba prácticamente muerta.

La gran cuestión a resolver es si se logrará evitar una cuarta convocatoria electoral. La última propuesta fue lanzada por el líder de la coalición progresista Avoda-Gesher-Meretz, Amir Peretz, que anticipó lealtad a Gantz, y propuso añadir el apoyo externo de la coalición árabe e Israel Beiteinu de Avigdor Lieberman, dos formaciones antagonistas que jamás formarían coalición, pero que comparten el deseo de terminar con los once años consecutivos en el poder de Netanyahu.