Un 4 de julio teñido de sangre en Estados Unidos

Cuatro menores mueren acribillados. Solo en Chicago se contabilizan 79 tiroteos y 15 muertos en los últimos días. Una niña de 7 años y un adolescente de 14, entre las víctimas

La Policía investiga un tiroteo en Chicago, este domingoAshlee Rezin GarciaAP

Fin de semana de sangre y fuego en Estados Unidos. Sólo en la ciudad de Chicago se han registrado 79 tiroteos y 15 muertos. Entre otros una niña de 7 años y un adolescente de 14. Once de los heridos eran menores. Entre tanto en Atlanta una niña de ocho años fue asesinada a tiros. Por si fuera poco, muy cerca del local de comida rápida donde el ciudadano Rayshard Brooks fue muerto por disparos de la Policía después de agredir e intentar escapar de unos agentes, Secoriea Turner, de 8 años, recibió el impacto mortal de una bala. Viajaba en un coche con su madre y una amiga de la madre. Alguien había colocado barricadas en la calzada. La madre de Turner trato de aparcar y una persona abrió fuego contra el coche.

Normal que la alcaldesa de Atlanta, Keisha Lance Bottoms, haya hablado del enemigo íntimo. En su ciudad, y en las proximidades del Wendy´s donde falleció Brooks, otra persona murió por heridas bala y hubo otros dos heridos durante el fin de semana del 4 de julio.

Entre los heridos de Chicago por arma de fuego se cuenta un muchacho de 16 años, otro de 15, una adolescente de 16, un muchacho de 17, una chica de 17 y una niña de 11. Con semejantes antecedentes cualquiera podría pensar que el lema o eslogan, omnipresente estos días, y que pasa por culpar de la violencia a la Policía y arrebatarle los fondos, enfrente un problema inmediato.

Pero los continuos tiroteos entre civiles no hacen mella en la retórica del activismo policial. Tampoco los estudios científicos, que sistemáticamente ponen el acento en el elevadísimo número de armas de fuego en manos de civiles, en las profundas disparidades económicas y en la relativa soltura con la que la sociedad estadounidense ha convivido tradicionalmente con la violencia, antes que en un supuesto racismo sistémico en la Policía. Porque el racismo existe en Estados Unidos, eso es innegable. E incluso parece evidente, a la luz de los datos, que las personas de color, negras e hispanas, son mucho más proclives a ser detenidos y penados por los agentes, e incluso a ser sujetos de abusos, que los blancos. Pero no en el caso de las muertes.

Como escribieron investigadores de varias universidades de Washington y Perth en 2012, «el exceso de tasas de mortalidad per cápita entre negros y jóvenes a manos de la Policía son reflejos de un exceso de exposición».

El problema es que la exhibición de evidencias científicas, en el enrarecido clima político que vive el país, puede convertir al mensajero en sujeto de furibundos ataques. Le acaba de suceder nada menos que al prestigioso científico Steven Pinker, profesor en Harvard, al que una turba de 191 académicos pide su expulsión de la Sociedad Lingüística de América por, dicen, fortalecer los argumentos negacionistas o cuestionar los fundamentos de los que se nutre el “activismo woke”. Entre otras locuras acusan al autor de libros esenciales, como La tabla rasa o En defensa de la ilustración, de haber descalificado como de estadísticamente obtuso la posibilidad de que el asesinato de seis mujeres en 2014 formase parte de un teórico patrón sexista, misógino y etc. entre otras cosas porque, ay, cuatro de las seis víctimas fueron hombres.

Poco después del asesinato de la niña Turner la alcaldesa Bottoms, en Atlanta, participó en una rueda de prensa junto a los jefes de la Policía local. Habló de la belleza y la bondad y la justicia del movimiento contra la violencia policial. Pero advirtió: las comunidades se están desangrando. Hay más, bastante más, descontados los casos de encuentros fatales con la Policía.

«Hablamos de este movimiento, que está teniendo lugar en todo Estados Unidos en este momento, y tenemos la atención, los oídos y el interés de las personas de todo el país y de todo el mundo, quieren un cambio», pero «nos estamos disparando en las calles».

«Hemos tenido más de 75 tiroteos en la ciudad durante las últimas semanas». Unos tiroteos de los que «se puede culpar a Departamento de Policía de Atlanta». Las protestas, en muchas ocasiones, han derivado en incidentes de extrema violencia. Al final «una niña de 8 años fue asesinada anoche porque su madre estaba bajando por la calle. No queremos que alguien en la calle dispare contra un automóvil al azar. Si conocen a los culpables deberían entregarlos».

Todo esto llega después del fracaso vivido en Seattle, donde la zona sin policía acabó intervenida por los antidisturbios después de que dos personas fueran asesinadas y otras cinco heridas en diversos tiroteos. A raíz de la muerte de George Floyd en Minneapolis se había creado una zona sin Policía en Seattle. Los resultados fueron algo menos que positivos.