La tensión se dispara en las ruinas de Moria: “Queremos irnos. Déjennos en libertad”

La tensión se dispara en las últimas horas, los más de 12.000 migrantes exigen una solución permanente tras el incendio en Lesbos

Miles de refugiados experimentan en Moria algo así como una segunda llegada a Europa. Cuando pisaron tierra por primera vez, presentaron sus solicitudes de asilo y pidieron ser trasladados a otros países. Ahora han perdido incluso el centro que los alojaba, tras el incendio de esta semana en el campamento de la isla de Lesbos, por lo que rechazan quedar de nuevo en una situación de temporalidad. El Gobierno griego planea albergar a los desalojados en tiendas de campaña mientras estudia la construcción de otro campo. Los migrantes se niegan y piden una solución permanente. La tensión en las últimas horas ha ido en aumento.

Cientos de personas, de las más de 12.000 que poblaban Moria, se apostaron ayer en el aparcamiento de un centro comercial de la isla. Desde allí coordinaron las protestas y, horas más tarde, se concentraron en la zona en la que las autoridades están instalando las carpas provisionales.

“Queremos irnos, déjennos en libertad. No a la Policía”, gritaban, según distintas agencias. El Gobierno había trasladado allí agentes antidisturbios y tanquetas con cañones de agua, aunque por el momento todas las manifestaciones han sido pacíficas.

Anoche, por cuarta noche consecutiva, miles de personas durmieron en la calle. Muchos de ellos buscaban acomodo en las cunetas de las carreteras. Las mismas que durante el día permanecen cortadas para impedir el traslado de tiendas de campaña por parte de las autoridades. Para sortear el bloqueo, los bomberos han tenido que descolgar desde helicópteros los materiales para levantar estas instalaciones. El Ejecutivo también planea utilizar zonas militares y estadios vacíos para alojar a los migrantes, según medios locales.

Pero la negativa de los afectados es rotunda. No quieren volver a pasar por lo mismo que cuando llegaron a Lesbos y su intención es ser realojados en otras partes, ya sea en Grecia o en terceros países de la Unión Europea. Así, las autoridades han desistido por el momento de intentar reubicarlos de forma temporal en ferris que han llegado a la isla procedentes de otras zonas del país.

El primer ministro heleno, Kyriakos Mitsotakis, se puso ayer en contacto con el vicepresidente de la Comisión Europea, Margaritis Schinas, quien había prometido una respuesta comunitaria para no repetir la parálisis de 2015, cuando cerca de un millón de refugiados llegaron a las costas griegas. En ese sentido, Mitsotakis le reclamó a Shinas que “todos en Europa se dan cuenta de que este problema no puede ser gestionado solamente por los primeros países de acogida, por los países situados en las fronteras exteriores de Europa”.

Grecia e Italia fueron los perjudicados de aquel momento, ya que la UE se comprometió a reubicar a unos 170.000 migrantes -muchos menos de los que se encontraban ya en sus territorios- y ni siquiera estuvo cerca de cumplir el trato.

Los países de acogida lamentaron entonces haber sido abandonados por sus socios comunitarios, lo mismo que sucede en estos momentos. Mientras, más de 12.000 personas, afganos y sirios en su mayoría, siguen esperando una solución.