Una madre inicia una batalla legal tras descubrir que el ataúd de su hijo ha estado vacío durante 45 años

“Nunca hubo restos de mi hijo en ese ataúd, ni siquiera estoy segura de que esté muerto. Esa es la verdad”, asegura Lydia Reid tras salir la verdad a la luz

Una mujer ha presentado una demanda contra una funeraria de Edimburgo (Escocia) tras descubrirse que su hijo Gary no se encontraba en el ataúd en el que fue enterrado en 1975. Y eso que Lydia Reid, la madre, llevaba más de cuatro décadas visitando el cementerio donde pensaba que estaba su bebé, según informan medios locales.

Sin embargo, la madre asegura que siempre había dudado sobre la muerte de su pequeño. Muchos incluso creyeron que la mujer se encontraba “mentalmente alterada” por la pérdida de Gary. Finalmente, y pese a tener a casi todos sus familiares en contra, Lydia logró que la Justicia ordenase la apertura del ataúd en 2017, y se confirmó la mala noticia: el ataúd estaba vacío, sin cuerpo alguno.

Tras confirmarse este mal presentimiento que Lydia tenía durante tanto tiempo, un antropólogo forense aceptó examinar el contenido de la tumba. Allí había prendas de su bebé, fragmentos de madera del ataúd y una pequeña cruz, pero nunca se hallaron restos humanos. “Nunca hubo restos de mi hijo en ese ataúd, ni siquiera estoy segura de que esté muerto. Esa es la verdad”, comentó Reid en una entrevista que concedió a The Washington Post en 2017.

Tal y como explica Lydia, el día que tuvo lugar el entierro de Gary, ella misma llevó su pequeño ataúd a la tumba, pero en aquel momento tuvo la sensación de que el féretro era demasiado ligero. En la placa donde se recuerda al pequeño puede leerse: “Nunca conociste los brazos de mamá, pero mi corazón te sostendrá por siempre”.

Tres años después de este hallazgo, Lydia sigue insistiendo en saber qué sucedió realmente con su bebé. Junto con su hijo Steven, ambos presentaron una demanda de 75.000 libras (unos 81.675 euros) contra la funeraria que organizó el entierro. “Los responsabilizamos porque creemos que nos dieron un ataúd vacío. Han pasado tres años desde que descubrimos que Gary no estaba en su tumba. Pensamos que nos devolverían sus cenizas después de eso y que podría ser sepultado, pero nada ha cambiado”, puntualiza.

Este descubrimiento ha llevado a Lydia a liderar una lucha con otros padres de niños fallecidos entre 1970 y 2000, asegurando que los restos de sus pequeños podrían haber sido manipulados de manera ilegal y sin el conocimiento de los mismos. “No voy a rendirme y voy a seguir luchando por Gary y por otros padres. No van a conseguir que me calle”, asegura la mujer.