“Estados Unidos como nación tiene el gran reto de reunificar el país”

Un seguidor de Biden y otro de Trump se encaran ayer por los resultados en MichiganDavid GoldmanAP

Más allá de los resultados obtenidos, lo cierto es que Estados Unidos es un país dividido. Una de las grandes lecciones que nos deja esta votación presidencial, es ser conscientes que sí existe una mitad de los norteamericanos que apoyan a un político del perfil de Donald Trump: controversial, frontal, incluso con rasgos autoritarios. Una mitad que se ve reflejada en un discurso proteccionista, que defiende una cierta identidad vinculada a la zona más rural del país. Una mitad que le tiene miedo a la inmigración ilegal y que finalmente llegó al hartazgo de ver a los mismos gobernando desde Washington.

La estrategia de la campaña de Biden intentando identificar a Trump como racista, fracasó. La mitad de los norteamericanos no son racistas, mucho menos neonazis. Esa mitad apoyó al presidente Trump, sobre todo, por sus logros económicos, por haber establecido récords en confianza en la economía y en niveles de desempleo a la baja. Esa mitad de norteamericanos que parecían desaparecer hace unos años y que desde 2016 se consideró una minoría con tendencia a reducirse, pareciera tener larga vida.

No es cierto que Trump sea el responsable de esa polarización. Quizá se haya aprovechado de ella. Pero, la complejidad de la sociedad norteamericana dada su historia reciente en el S. XX, nos permite concluir que hay ciertas heridas y particularidades que siguen vigente. Por ejemplo, la realidad diametralmente opuesta del ciudadano rural con el ciudadano urbano, del ciudadano de la costa este y oeste, con el norteamericano del centro más republicano y precisamente más agrario. De las diferencias significativas del voto hispano -que de hecho se fragmenta cada vez más-, con el afroamericano y el blanco.

Una cosa es observar cómo un país se divide en dos bloques, otra adicional es apreciar que son dos bloques polarizados. Según algunas encuestas, casi el 70% de los votantes a favor de Biden, lo hicieron, sobre todo, para evitar que Trump continuara cuatro años más. Esto quiere decir que el presidente ha incrementado la dicotomización del espacio público y de la misma opinión pública. En definitiva, esta ha sido una elección que se convirtió en un plebiscito sobre la figura y la gestión del magnate presidente.

Otra de las grandes lecciones que nos deja lo ocurrido durante estos días, es la urgencia de ambos partidos en renovar su liderazgo político. No solamente por la edad de ambos contendientes sino en gran medida por la estatura política, ciertamente baja, de ambos candidatos. Tanto los demócratas como los republicanos tendrán que priorizar una búsqueda y exposición mayor de una camada de líderes que hoy gobiernan algunos estados y otros que asumen puestos legislativos, tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.

Estados Unidos como nación y como sociedad tiene un gran reto por delante: reunificar al país. De lo contrario lo vivido en las últimas horas podría ir más allá de lo electoral y la polarización, lamentablemente, seguirá profundizándose.