Ir más allá de las buenas intenciones contra el cambio climático

La financiación se convierte en una cuestión esencial para la conversión hacia la economía verde. Las potencias emergentes, China o India, evitan ponerse objetivos

Activistas medioambientales se manifiestan frente a la sede del Gobierno en Seúl (Corea del Sur) durante el Día de la Tierra
Activistas medioambientales se manifiestan frente a la sede del Gobierno en Seúl (Corea del Sur) durante el Día de la TierraAhn Young-joonAP

La primera potencia mundial llegaba a la cumbre dispuesta a embocar cifras y plazos precisos. La más llamativa fue la de recortar las emisiones de gases de efecto invernadero en un 50% durante los próximos diez años. Para 2050 las emisiones netas deben aproximarse a cero.

No fue la única propuesta anunciada por el presidente Joe Biden. El Gobierno estadounidense también quiere reunir 100.000 millones de dólares anuales para los países pobres. El equipo de Biden considera que se trata de una cantidad imprescindible para que inicien sus procesos de transición ecológica, de modo que las energías renovables dejen de ser lujos de naciones ricas que necesitan de grandes gastos en infraestructura, tecnología, formación, etc.

«Es una inversión que nos reportará importantes dividendos a todos», aseguró Biden, y para ayudar a alcanzar ese objetivo prometió que en 2024 EE UU habrá duplicado el dinero que invierte a tal fin actualmente.

Canadá

Igual de concreto que Biden fue el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, que habló de coagular las emisiones en un 45% durante los próximos diez años, con lo que supera las ofertas iniciales del vecino del norte. Parecía hacerse eco de las palabras del propio Biden cuando dijo que el momento exige adoptar resoluciones urgentemente. «Las buenas ideas y las buenas intenciones no son lo suficientemente buenas», subrayó Biden,

«Necesitamos asegurarnos de que la financiación esté disponible, tanto pública como privada, para enfrentar el momento del cambio climático y ayudarnos a aprovechar la oportunidad de crear buenos empleos, economías fuertes y un mundo más seguro», destacó Trudeau.

India y China

A partir de ahí hubo mensajes igual de contundentes, pero también más vagos. China, por ejemplo, que habló de recortar su masiva dependencia de los combustibles fósiles, y sobre todo del carbón, rechazó asumir cualquier yugo temporal. India, que vive una crisis sanitaria de primera magnitud con la reciente ola de covid.19, tampoco fue mucho más allá de las declaraciones institucionales. Narendra Modi, primer ministro indio, estuvo tan lírico como vago.

El presidente de China, Xi Jinping, prometió vigilar y controlar el consumo carbonífero. Pero no aclaró las magnitudes. Los plazos tampoco fueron excesivamente claros. Cinco años para los primeros pasos y un lustro para confirmar la tendencia. El problema es que sigue sin saberse cuál será esta y sobre todo de qué orden más allá de la cifra mágica de 2060. Nada menos que un horizonte temporal a 30 años vista para lograr que su país abandone la dependencia del carbón. «Debemos proteger la naturaleza y preservar el medio ambiente, como protegemos nuestros ojos», dijo Xi Jinping. «Debemos estar comprometidos con un enfoque centrado en las personas», añadió. Quién podría no estar de acuerdo.

Brasil

Tampoco es fácil criticar las palabras de Jair Bolsonaro, el presidente de Brasil, que ha prometido doblar las inversiones para luchar contra el cambio climático y que espera que su país alcance la cifra aúrea de las cero emisiones en 2050. Su ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles, ha explicado que ahora toca afinar la cuestión de las cantidades económicas. Pero su Gobierno deberá de hacer mucho más para convencer del cambio de rumbo a los activistas en defensa de la preservación de la selva amazónica, un bosque crucial que en 2020 conoció los peores niveles de destrucción de los últimos doce años.

Rusia

En cuanto a Vladimir Putin y Rusia, fue esperanzador verle compartir cumbre con Biden, después de las graves tensiones de las últimas semanas. «Rusia está genuinamente interesada en impulsar la cooperación internacional para buscar más soluciones efectivas al cambio climático, así como a todos los demás desafíos vitales», dijo. Pero no explicó cómo piensa abordar los objetivos, ni como recortar la emisiones y el uso de combustibles. Tampoco mencionó los proyectos de grandes oleoductos. Y está por ver lo que sucederá con el Ártico, cada día más codiciado gracias a que el calentamiento global podría permitir la explotación de grandes vetas de combustibles fósiles y metales raros.

Japón

Sí jugó fuerte el primer ministro de Japón, Yoshihide Suga. Quiere que su país recorte las emisiones en un 46% durante los próximos 9 años, multiplicando por dos los objetivos nacionales.