De la invitación a Guiadó al veto de Orban

La Unión Europea tendrá tan solo una representación simbólica en la cumbre de la próxima semana, debido a que Biden ha decidido vetar la presencia del primer ministro húngaro

Juan Guaidó recibe un nuevo espaldarazo de la Casa Blanca como representante legítimo de la democracia venezolana
Juan Guaidó recibe un nuevo espaldarazo de la Casa Blanca como representante legítimo de la democracia venezolana FOTO: Rayner Peña R. EFE

Juan Guaidó recibe un nuevo espaldarazo de la Casa Blanca como representante legítimo de la democracia venezolana. A su despacho llegó la invitación de Washington para que el presidente encargado de Venezuela asista a la cumbre sobre las democracias del 9 y 10 de diciembre. Se espera que Juan Guaidó participe como ponente y en reuniones con otros dignatarios. Su mensaje pudiera estar enfocado, según explican fuentes de su equipo a LA RAZÓN, en cómo las dictaduras innovan sus mecanismos para mantenerse en el poder, tomando como ejemplo Venezuela, donde se celebran elecciones cuyas consecuencias no se reconocen, bien porque no se entregan los cargos o porque se les vacía de competencias, y hasta se interviene a la oposición con divisiones internas financiadas por el poder corrupto. La invitación la anunció el subsecretario de Estado para América Latina, Brian Nichols en el Senado.

De América Latina las ausencias de la cumbre incluyen a Bolivia, El Salvador, Guatemala y Honduras, cuyos Gobiernos han sido criticados desde Washington por abuso de poder. Tampoco estarán Nicaragua y Cuba, que para la Casa Blanca son dictaduras plenas como la venezolan, aunque sin un líder democrático al que tener como interlocutor, como es el caso de Guaidó, quien sostiene el cargo de presidente encargado desde 2019 por decisión parlamentaria no reconocida por el régimen.

Entetanto, Nicolás Maduro vuelve a mostrar su rostro autoritario al expulsar de Venezuela a la Misión de Observación Electoral de la UE que había pactado con el Consejo Nacional Electoral trabajar hasta mediados de mes, pero Exteriores no ha renovado las visas y dejará el país el fin de semana.

Por su parte, la UE tendrá tan solo una representación simbólica en la cumbre de la próxima semana, debido a que Biden ha decidido vetar la presencia del primer ministro húngaro, Viktor Orban. En consonancia, Budapest ha decidido impedir que los representantes europeos puedan asumir en este encuentro cualquier compromiso tangible. Una situación que deja a las instituciones comunitarias en una difícil papeleta.

El portavoz del Ejecutivo comunitario, Eric Mamer, se limitó ayer a confirmar la presencia de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en esta cita y, con visible incomodidad ante las preguntas de los periodistas, no quiso dar detalles sobre los pormenores del encuentro.

Dentro del club comunitario, las tensiones van «in crescendo». Orban ha llegado a acusar a la Unión Europea de estar maniobrando para intentar interferir en el resultado electoral de los comicios que tendrán lugar el año que viene en el país. «Quieren intervenir, porque en los próximos cuatro años quieren hacer valer sin problemas sus intenciones en asuntos de inmigración, de los precios de energía o de como criar a nuestros hijos», dijo Orban en su charla semanal en la radio pública.

Estas volcánicas declaraciones se producen un día después de que la Justicia europea se haya pronunciado a favor del mecanismo que permite a la Comisión Europea cortar las ayudas comunitarias a Hungría y Polonia por su deriva autoritaria. Aunque de momento no se trata de un veredicto vinculante, se espera que el fallo definitivo llegue el año que viene y que vaya en la misma dirección. Este paso puede suponer la activación del procedimiento en pleno año electoral para el polémico primer ministro húngaro.

Orban asegura que esta vinculación supone un «chantaje» para que Hungría retire «la ley de defensa de los menores». Una normativa que Bruselas considera homófoba, ya que equipara la pederastia con la homosexualidad. Von der Leyen la ha calificado en varias ocasiones como «una vergüenza».