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Taipéi

Así piensan los jóvenes de Taiwan: «Tenemos nuestra propia identidad, no somos chinos»

Los jóvenes taiwaneses aseguran que la independencia ya existe de facto y que su país es exportador de libertades y derechos humanos

Un miembro de la guardia de honor de Taiwan participa en el cambio de guardia en el Memorial Chiang Kai-shek, en Taipei, Taiwan. Ap
Un miembro de la guardia de honor de Taiwan participa en el cambio de guardia en el Memorial Chiang Kai-shek, en Taipei, Taiwan. Aplarazon

Les llaman la generación de la independencia natural. Es decir, aquellos treintañeros que nacieron a finales de los setenta y que no han conocido la guerra ni los años de turbulencias entre ambos lados del Estrecho de Taiwán. Sus intereses distan mucho de los de la población más adulta y son nicho de votos del Partido Progresista Democrático (PPD). Ellos, de hecho, son los responsables de su mayoría parlamentaria y de que en la presidencia esté su líder, Tsai Ing Wen. «Para nosotros la independencia de China continental es muy importante, no tenemos nada que ver con ellos. Aquí respetamos las libertades y los derechos humanos. Esto es lo que realmente nos preocupa», asegura a este diario Grant, de 33 años, que realiza documentales sobre la juventud de la isla. Él votó por el PPD porque «se preocupa por el empleo y por la gente pobre» a diferencia del partido del Kuomintang que sólo favorece a la «gente rica». «Sé que el tema de la independencia es sensible, pero para el resto del mundo es un problema mínimo. No creo que consigamos ser independientes algún día, pero nuestra misión como país, reconocido o no, es velar por los derechos humanos, los cuales no se respetan en China continental y aquí sí. Somos un ejemplo de democracia para el mundo», añade.

«Mira, aunque sea de facto y nadie nos reconozca nosotros somos ya independientes. Es cuestión de sentimientos e identidad. Aquí nadie siente ningún apego o simpatía por los chinos. Somos taiwaneses, con nuestras costumbres y modo de vida. No me importa que el resto del mundo quiera o no reconocernos. Lo importante es lo que vivimos aquí día a día: democracia y libertad», explica Ian, de 37 años que trabaja en un comercio en el abarrotado centro de Taipéi. «Somos conscientes de que China nos quiere controlar, me sorprendería que no lo hicieran. Lo hacen a través de los medios o de partidos políticos, pero es demasiado obvio, sinceramente me da risa». Él también votó por el PPD, porque «encuentro en este partido una vía de expresión, el partido del Kuomintang es de la vieja escuela, no me gusta, no respeta la diversidad». Precisamente en este último aspecto, el de la diversidad, Taiwán está a punto de convertirse en referencia de los derechos LGTB ya que será en breve el primer país de Asia en aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Un avance que desde Pekín gusta poco. De hecho, hay muchos jóvenes chinos que viajan a Taipéi para estudiar. Son también una excusa para que Pekín controle los movimientos de los estudiantes y tome el pulso a sus aspiraciones y su concepto de la China continental. En la actualidad, aproximadamente hay 10.000 estudiantes chinos en Taiwán, y la mayoría son de las juventudes del Partido Comunista (PCCh). Una sutil forma de «espionaje» apunta Grant. Pero para evitar que estos jóvenes «se contagien» del espíritu democrático de Taiwán, Pekín envía personal del régimen a la isla. Sin embargo, el hecho de que las juventudes continentales conozcan la apertura, las libertades y la democracia puede ser un arma de doble filo para Xi y un posible futuro problema ante ciudadanos que exijan los mismo en la China comunista.