Internacional

Johnson, un «premier» británico en tiempo de descuento

Los diputados «tories» rebeldes esperan a los resultados de la investigación sobre el «Partygate» antes de precipitar su caída

Una pancarta reclama que la Policía investigue a Boris Johnson por el «Partygate» durante una protesta frente al Parlamento
Una pancarta reclama que la Policía investigue a Boris Johnson por el «Partygate» durante una protesta frente al Parlamento FOTO: ANDY RAIN EFE

Hay un hecho innegable en Westminster: las peores crisis de Gobierno otorgan a sus señorías una inspiración inusual con el léxico. Quedó patente con el Brexit. Y vuelve ahora a reflejarse con el “Partygate”, un escándalo que podría acabar con Boris Johnson, poco más de dos años después de haber conseguido una aplastante mayoría absoluta. Así de caprichosa es la política.

Los nombres de las tramas que se cuecen en los pasillos de la Cámara de los Comunes son de lo más singulares. Si los fieles al primer ministro han urdido la `operación Salvar al Gran Perro´ y `operación Carne Roja´, los detractores están apostando por la `operación Pastel de Cerdo´ y `operación Rinka´. Y, hoy por hoy, son éstos últimos los que están acaparando más protagonismo.

El pasado martes, alrededor de 20 “tories” del llamado Muro Rojo del norte de Inglaterra se reunieron por la noche en la oficina de Alicia Kearns, representante de la circunscripción electoral donde se encuentra la localidad de Melton Mowbray, famosa por la especialidad culinaria de pastel de cerdo. Esta zona tradicionalmente ha sido laborista, pero el perfil de Johnson y la excepcionalidad del Brexit hicieron que este grupo de jóvenes candidatos conservadores consiguiera sus escaños en las generales de 2019.

Sin embargo ahora, con el divorcio ya firmado y el primer ministro en caída libre en las encuestas por su participación en fiestas en pleno confinamiento, saben que son los que más posibilidades tienen de perder su asiento. De ahí que se estén organizando para deshacerse de la figura de un mandatario que consideran ya tóxico.

Los rumores sobre un desafío inminente al liderazgo tomaron fuerza en la última semana. Pero se desvanecieron el miércoles con la deserción del diputado Christian Wakeford, que se ha unido a las filas de la oposición laborista. Con todo, el silencio que se respira ahora en Downing Street tan solo es la calma previa a la gran tormenta.

El descontento entre las filas “tories” no es tan solo entre los diputados más jóvenes. Según los medios, habría otros veinte veteranos -muchos de ellos ex ministros- que están también preparados para mandar una carta al llamado Comité 1922 (que agrupa a los tories sin cartera) pidiendo una moción de confianza contra Johnson. Se necesitan 54 misivas (15% de escaños del partido) para activar este mecanismo.

En cualquier caso, los veteranos prefieren esperar a ver las conclusiones de la investigación interna sobre el “Partygate” que está llevando a cabo Sue Gray, la vicesecretaria permanente de la Oficina del Gabinete. El informe se espera en los próximos días y, todo apunta, que sería más grave de lo que esperaba en un primer momento Downing Street porque se habrían encontrado pruebas que demuestren que Johnson era perfectamente consciente de que estaba rompiendo las reglas impuestas en pandemia, algo que él sigue negando.

Por lo tanto, según revelaban algunas fuentes a “The Spectator” -revista que es biblia para los tories- se espera una “guerra de trincheras durante varias semanas” mientras los conspiradores intentan llegar a las 54 cartas para activar el desafío.

Uno de los peores resultados -y ahora más probable- que puede obtener el Partido Conservador es que finalmente haya votación sobre confianza en el líder; Johnson gane por poco; y luego continúe en el Número 10, herido pero no muerto, dañando aún más a la formación de cara a las próximas generales.

Las reglas actuales determinan que si el líder gana el voto de confianza, no podría haber otro desafío en el plazo de un año. Por lo tanto, los parlamentarios rebeldes quieren jugar bien sus cartas y muchos señalan ahora que quizá la mejor opción sería esperar a después de las elecciones locales de mayo. En cualquier caso, ya hay reuniones donde se baraja poder cambiar las reglas para establecer en el mismo año otra moción de confianza si se alcanzan 90 cartas (25% de escaños tories en Cámara de los Comunes).

Pese a todo el escándalo y la humillante sesión de control al Gobierno el pasado miércoles -donde el mismísimo David Davis, ex ministro del Brexit y peso pesado de la formación, pidió públicamente a Johnson que se marchara- el aún inquilino de Downing Street se niega a rendirse. Sigue defendiendo que nadie le dijo que habría una fiesta contra las restricciones sociales el 20 de mayo de 2020 en los jardines de su residencia oficial y que la única razón por la que asistió fue porque creía que se trataba de “una reunión de trabajo”.

El que fuera su poderoso asesor, Dominic Cummings, convertido ahora en su peor enemigo, denuncia que está mintiendo categóricamente a la Cámara de los Comunes, lo que constituye, según el código ministerial, una causa grave para forzar su renuncia.

Para agravar aún más la situación, los “tories” rebeldes han denunciado que el Gobierno está llevando a cabo una campaña de intimidación y chantaje con amenazas de retirar financiación a sus distritos electorales e incluso airear en prensa asuntos personales. Muchos estarían dispuestos incluso a sacar a la luz grabaciones que demuestran sus acusaciones.

En definitiva, reina el caos absoluto. Los propios aliados del primer ministro no creen que sobrevivir ahora a las conclusiones del informe interno del “Partygate” vaya a ser ni mucho menos el final del asunto. Consideran que, si Johnson aguanta las próximas semanas, estaría tan solo en una especie de “libertad condicional” con sus propias filas, que querrán ver un `modus operandi´ completamente distinto en Downing Street. Todo se miraría con lupa y el menor de los errores sería motivo para forzar su salida definitiva.

El ejemplo de Theresa May, al fin y al cabo, es demasiado reciente. La ex premier sobrevivió a una moción de confianza en diciembre de 2018. Pero seis meses más tarde acabó anunciando su dimisión.