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La sanidad y la economía desplazan a la inmigración como prioridad de los daneses

Dinamarca celebra unas reñidas elecciones anticipadas sin un claro ganador

La primer ministra danesa, Mette Frederiksen, besa a su marido, Bo Tengberg, tras votar ayer en Vaerloese
La primer ministra danesa, Mette Frederiksen, besa a su marido, Bo Tengberg, tras votar ayer en VaerloeseSergei GritsAgencia AP

Los colegios electorales en Dinamarca permanecen hoy abiertos entre las 8 de la mañana y las 8 de la tarde. Los primeros resultados de estas reñidas elecciones anticipadas convocadas por la “crisis de los visones”, mas conocida como el “Minkgate”, se conocerán alrededor de las 21:30.

El Partido Social Liberal, socio del Gobierno minoritario socialdemócrata, amenazó con presentar una moción de censura si no convocaba elecciones para recuperar la confianza de los votantes después de demostrarse que fue ilegal la decisión de sacrificar en 2020 aproximadamente 15 millones de visones por temor a que una mutación del coronavirus.

Tras una investigación parlamentaria, la primera ministra, la socialdemócrata Mette Frederiksen, fue amonestada públicamente por su mala praxis, si bien no se pudo demostrar si sabía que el Gobierno actuó sin cobertura legal al ordenar sacrificar a los visones para evitar que una mutación del coronavirus pudiera reducir la efectividad de la vacuna entre los humanos.

Las encuestas recientes dan al “bloque rojo” o de izquierdas, liderado por los socialdemócratas de Frederiksen, entre el 47,1% y 49,1% (84 diputados) frente al al 40,9%-43,6% (77 escaños) del “bloque azul” o de derechas, una alianza informal de partidos liberales y conservadores apoyada por tres partidos populistas.

“Estas elecciones podrías ser muy reñida y existe el riesgo de que haya un Gobierno azul después de hoy”, admitió Frederiksen después de votar en un centro de bádminton convertido en colegio electoral al noroeste de Copenhague.

Dado que ninguno de los dos bloques parece probable que obtenga su propia mayoría, no podrán gobernar sin la ayuda de los Moderados, un partido centrista fundado este año por el exlíder del Partido Liberal y dos veces primer ministro Lars Løkke Rasmussen(2009-2011 y 2015-2019).Un sondeo coloca al partido en un 8,5% de intención de voto.

“Esa es la parte más interesante. Si no hay mayoría, parece ser el caso, los moderados están obligados a formar un Gobierno”, explica a la agencia France Presse Rune Stubager, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Aarhus.

Tanto la izquierda como la derecha han estado apelando repetidamente a Rasmussen, quien aboga por reformar el sistema sanitaria, el tema que ha centrado la campaña electoral, junto a las consecuencias económicas de la crisis de Ucrania, con una inflación en sus máximos en cuarenta años.

Frederiksen defiende un Gobierno de coalición, liderado por ella misma, y ha dicho que también está dispuesta a discutir reformas en sanidad, cuyas carencias de personal se pusieron de manifiesto durante la pandemia de coronavirus. “Creo que tú y yo, Lars, bien podríamos ponernos de acuerdo en muchas cuestiones para hacer una reforma estructural de la sanidad”, le cortejó en el último debate electoral en televsión.

Los socialdemócratas han prometido 1.000 millones de coronas danesas (134 millones de euros) en el primer semestre de 2023 a un plan urgente con suplementos adicionales para el personal y una reducción de las listas de espera. Los liberales, en cambio, quieren usar 6.000 millones de coronas (807 millones de euros) en dos años para mejoras salariales y rebajar el tiempo de espera.

El líder del Partido Liberal, Jakob Ellemann-Jensen, también ha pedido a Rasmussen que se alinee con sus antiguos colegas del partido. “Si quieres las cosas con las que sueñas, que se cultivaron en nuestro antiguo patio trasero común, entonces vuelve a casa”, le pidió Ellemann-Jensen ante las cámaras de televisión.

“Haremos todo lo posible para ser el puente, esa es la idea detrás de esto”, aseguró Rasmussen tras emitir su voto en el centro de Copenhague. Hace solo dos meses, el partido obtuvo en las encuestas alrededor del 2%, pero ahora se ha disparado a un apoyo de entre el 9,3% y el 10%. El líder del Partido Moderado defiende constituir un Gobierno que supere la tradicional política de bloques que caracteriza la política danesa. Una transversalidad por la que también abogó Frederiksen al convocar elecciones el 5 de octubre.

Lokke Rasmussen, quien dijo que “es mejor ser un bromista que una broma”, no prevé convertirse en primer ministro por tercera vez, a pesar de ser un potencial hacedor de reyes. “Eso no está en mi mente”, dijo. Hablando con el noticiero Ritzau en Nyboder Skole en Copenhague, donde emitió su voto, Rasmussen explicó que “he vivido lo suficiente como para saber que no es seguro que las encuestas de opinión sean correctas. Creo que estará cerca y cada voto contará”.

Volatilidad electoral

Después de una campaña dominada por las preocupaciones climáticas, la inflación y la atención médica, casi una cuarta parte de los votantes aún estaba indeciso de cara al día de las elecciones, según las encuestas. “Hay un grado bastante alto de volatilidad con los votantes daneses, alrededor del 40% cambia de partido”, explica Stubager. La participación electoral es tradicionalmente alta en Dinamarca. En las elecciones de 2019, el 84,6% de unos 4,2 millones de votantes acudió a votar.

“Todavía no sé por quién voy a votar”, reconoce Jensen. La estadounidense de 40 años acaba de obtener la nacionalidad danesa tras lo que calificó como un proceso agotador, destacando la política restrictiva del país escandinavo hacia los extranjeros.

“Los problemas climáticos y la psiquiatría, pero sobre todo el clima, son las razones detrás de mi voto”, opina Lone Kiitgaard, de 46 años, después de emitir su sufragio en el centro de Copenhague, sin revelar a quién votó.

Por primera vez, la inmigración no ha monopolizado la atención de los partidos, como venía ocurriendo en cada elección celebrada en Dinamarca desde hace veinte años. Como consecuencia, el ultraderechista Partido Popular Danés (DF), que en 2015 llegó a ser la segunda formación más votado con el 21%, prosigue su declive iniciado en 2019, e incluso podría quedar fuera del “Folketing” si no supera la barrera del 2%.

Protectora de la prosperidad y la cohesión social del Estado de Bienestar nórdico, Dinamarca ha defendido políticas migratorias cada vez más estrictas durante más de 20 años. El Gobierno socialdemócrata en funciones, que aboga por una política de “refugiados cero”, está trabajando para establecer un centro para albergar a los solicitantes de asilo en Ruanda mientras se procesan sus solicitudes. Como la mayoría de los partidos respaldan las políticas restrictivas, el tema rara vez se debate.

El clima, por otra parte, es motivo de gran preocupación para los 5,9 millones de habitantes de Dinamarca. El domingo, unas 50.000 personas, incluida la primera ministra, se reunieron para la “Marcha de los Pueblos por el Clima” en Copenhague. “Creo que esta elección es muy importante para lo que va a pasar con la Tierra en el futuro”, explica Esther Ronn, una estudiante de 23 años. “Es importante que el clima sea la prioridad número uno para los políticos y para los votantes cuando voten el martes”, agregó.

La izquierda ha prometido una ley de biodiversidad y el Gobierno tiene la intención de introducir un impuesto al carbono en la agricultura, una medida apoyada por la mayoría de los otros partidos.

A la derecha, el Partido Liberal apuesta por el desarrollo de soluciones verdes, mientras que la Nueva Derecha está abierta a la construcción de plantas de energía nuclear, de las cuales no hay ninguna en Dinamarca.

En total, 14 partidos compiten por los 179 escaños del Folketing. Se reservan cuatro asientos para los territorios autónomos de ultramar (Groenlandia y las Islas Feroe), que pueden ser decisivos para decidir el nuevo Gobierno. En Islas Feroe, cuya población acudió a votar un día antes para no coincidir con la jornada en la que se recuerda a las víctimas del mar, un escaño fue a parar a los socialdemócratas y otro al Partido Unionista, que apoya al bloque de derechas. Mientras, en Groenlandia los sondeos apuntan a que la izquierda conseguiría los dos diputados en juego. Por tanto, Frederiksen se garantizaría tres diputados vitales para mantenerse otros cuatro años en el poder.