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La operación para salvar a Merkel se tambalea

Arrinconada por sus socios de Gobierno y por el cierre de puertos en Italia, la canciller llega a la cumbre de urgencia de mañana sin apoyos necesarios para cerrar la cuestión migratoria.

  • El «Lifeline» sigue sin rumbo; Italia y Malta se niegan a que desembarque en sus puertos
    El «Lifeline» sigue sin rumbo; Italia y Malta se niegan a que desembarque en sus puertos
Bruselas/Roma.

Tiempo de lectura 4 min.

23 de junio de 2018. 01:12h

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M. Arroqui / I. Monzón.  Bruselas/Roma. 23/6/2018

Pocas veces el caos formal revela de manera tan certera la falta de acuerdo entre las capitales europeas para encauzar los movimientos migratorios. Mañana se celebrará una cumbre en Bruselas a instancias del Ejecutivo comunitario con la participación de 16 países. Algunos convocados por la Comisión Europea y otros autoinvitados a un encuentro que pretende sentar las bases para que la cumbre de los próximos jueves y viernes de los 28 no se salde con un nuevo fracaso. Esta vez Bruselas tiene muy poco margen de maniobra. El ministro de Interior germano, Horst Seehofer, ha amenazado a la propia canciller germana, Angela Merkel, con sellar las fronteras alemanas a cal y canto y aplicar a rajatabla el protocolo de Dublín: todos los demandantes de asilo serán devueltos al país por el que haya entrado a suelo europeo y en el que tienen la obligación de realizar los trámites para solicitar el estatus de refugiado. Mientras, el nuevo Ejecutivo italiano se niega a abrir sus puertos a nuevos desembarcos al igual que hizo con el buque «Aquarius» y chantajea al resto de países costeros.

En Italia, el futuro del barco de la ONG alemana Lifeline sigue siendo una incógnita. Ayer navegaba por aguas cercanas a Malta esperando órdenes para atracar. El ministro de Infraestructuras, Danilo Toninelli, responsable de la gestión portuaria, señaló en un comunicado que «el puerto seguro más cercano es el de Malta». Como ya ocurrió en las primeras horas en el caso del «Aquarius», cuando Italia le negó a la ONG que desembarcara, desde Roma insisten en que se hagan cargo las autoridades de La Valeta.

Toninelli, del Movimiento 5 Estrellas (M5E), insistió en que una vez que se decida el futuro de los 224 rescatados, Italia le indicará a «Lifeline» que se dirija a sus costas para requisar el barco y abrir una investigación por supuesto favorecimiento de inmigración ilegal. El responsable de Infraestructuras acusó a la ONG de haber entrado en aguas libias para asistir a los náufragos, en contra de la legalidad, y de «irresponsabilidad» al tratarse de un barco con capacidad sólo para 50 personas.

Por primera vez en estas semanas, ayer el ministro del Interior, Matteo Salvini, se tomó un respiro, delegando la gestión de la crisis en su colega del M5E. No obstante, incapaz de desaparecer por completo de escena, Salvini reiteró en un tuit uno de sus lemas habituales: «Se acabó traficar en el mar». El líder de la Liga está ya concentrado en la minicumbre en materia migratoria de mañana, en la que Italia insistirá en cambiar la regulación que obliga a los migrantes a permanecer en el primer país en el que han pisado suelo europeo y en frenar la migración en origen. El primer ministro, Giuseppe Conte, que amenazó con no acudir, llegará a la cita después de un duro cruce de acusaciones entre el presidente francés, Emmanuel Macron, y el Gobierno italiano.

La Comisión Europea decidió en un primer momento convocar a los países ribereños a esta cumbre junto a Alemania y las presidencias saliente (Bulgaria) y entrante (Austria) con el propósito de lograr un compromiso de control de sus fronteras para que los migrantes no se desplacen por el territorio europeo. Un pacto lo suficientemente sólido para despejar el camino y convencer a los socios bávaros de Merkel de no cumplir su ultimátum. Roma se opone ya que considera que todo el peso sigue recayendo en los países de llegada y el bautizo de Conte no tiene visos de ser tranquilo.

Por el camino, los países del Este dicen boicotear una cumbre en la que nunca se ha contado con ellos y otros países como Bélgica, Países Bajos, Croacia, Eslovenia, Dinamarca, Finlandia, Suecia y Luxemburgo se suman al encuentro no se sabe si para ayudar o entorpecer. No habrá rueda de prensa final, parece que tampoco comunicado conjunto. Las propias instituciones europeas están enfrentadas: al presidente permanente del Consejo, Donald Tusk, no le ha gustado la convocatoria ya que las cumbres son tradicionalmente organizadas por él y no por Jean-Claude Juncker.

Como solución capaz de aunar voluntades, tan sólo aparece la posibilidad de poner en marcha plataformas de desembarco de migrantes lejos de las fronteras europeas en un movimiento que recuerda mucho al acuerdo suscrito en 2016 con Turquía para interceptar a los demandantes de asilo antes de llegar a la UE a través de las islas europeas. La gran diferencia estriba en que esta vez no hay países candidatos ni contraprestaciones claras sobre la mesa. El propio Comisario de Inmigración, Dimitris Avramopoulos, ha reconocido que no hay ninguna propuesta en firme a pesar de existir contactos con países como Marruecos, Argelia, Níger o Egipto. Esta iniciativa también se debatirá en la cumbre del jueves y el viernes a instancias de Tusk y siempre ha sido la opción de la línea dura liderada por países como Hungría y Austria. Berlín y Bruselas empiezan a apoyar estas tesis, aunque no con demasiado entusiasmo. Pero hay obstáculos de tipo operativo, legal y moral. Para Iverna McGowan, de Amnistía Internacional, esta idea es «irresponsable y peligrosa». La ONG apuesta por un sistema de reparto de refugiados obligatorio, una propuesta boicoteada sin descanso por los países de Este y cuya discusión ha pasado a un segundo plano. Tampoco se esperan grandes avances sobre la reforma del Protocolo de Dublín.

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