Cumbre de la UE: Merkel y Macron pugnan por el reparto de poder

Primer revés para el alemán Weber en la Eurocámara. Los grupos parlamentarios evitan dar su apoyo explícito al candidato del PPE a presidir la Comisión Europea.

Pedro Sánchez en la llegada a la cumbre informal de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea
Pedro Sánchez en la llegada a la cumbre informal de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea

Primer revés para el alemán Weber en la Eurocámara. Los grupos parlamentarios evitan dar su apoyo explícito al candidato del PPE a presidir la Comisión Europea.

«Creo que [Donald] Tusk va a tener que cambiar su estrategia. No creo que sea posible llegar a un acuerdo en la cumbre de junio», auguraba ayer un alto cargo comunitario antes de que comenzase el encuentro. La cita de ayer se convirtió en un coro desafinado en el que las capitales esgrimieron intereses contrapuestos y argumentos de toda índole, sin que sea posible por el momento desbrozar el camino sobre qué candidatos tienen más posibilidades en la renovación de la cúpula comunitaria.

Los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintiocho se reunieron ayer 48 horas después de los comicios europeos, en los que por primera vez populares y socialistas no han conseguido aglutinar el 50% de los escaños y tendrán que apoyarse en liberales y verdes. La fragmentación política –derivada de las múltiples crisis a las que se ha tenido que enfrentar el proyecto de integración europeo la última década– no solo atañe al hemiciclo. Actualmente, los jefes de Estado y de Gobierno también se encuentran repartidos y prácticamente igualados: un tercio de populares, otro de socialistas y otro de liberales. En esta tesitura, los dos últimos grupos quieren terminar con el casi monopolio del PPE, que actualmente preside las tres principales instituciones. Solo la Alta Representante de la diplomacia comunitaria, Federica Mogherini, es socialista.

A pesar de que el PPE ha vuelto a ganar las elecciones, el castigo respecto a los comicios anteriores ha complicado que Manfred Weber pueda convertirse en el sucesor de Jean Claude Juncker siguiendo el método bautizado como «spitzkenkandidat». El primer revés para Weber llegó por la mañana, después de la reunión de los jefes de los grupos políticos de la Eurocámara. La situación contrasta con la de 2014, cuando los representantes de las fuerzas políticas proclamaron a Juncker como su candidato. Esta vez se han limitado a defender el papel de la Eurocámara en el proceso –debe validar por mayoría absoluta el candidato propuesto por las capitales– sin atreverse a sacar a la palestra ningún nombre. El único grupo que se desmarca del «spitzkenkandit» son los liberales, que apoyan a Emmanuel Macron, que ha intentado boicotear este método desde el principio. «Un candidato principal por el que no puedes votar en el conjunto de Europa simplemente no es serio», aseguró el líder de ALDE, Guy Verhofstadt.

Weber, sin embargo, sigue contando con el manto protector de Angela Merkel, quien a su entrada a la reunión defendió la candidatura del político bávaro, aunque también recordó que dentro de su coalición no todos los socios piensan lo mismo. Este apoyo puede ser una estrategia de la canciller para, en un movimiento «in extremis» aceptar a otro candidato (un «tapado» popular como Michel Barnier o incluso un aspirante de otra familia política) a cambio de, por ejemplo, la presidencia del Banco Central Europeo (BCE) para un «halcón» como Jens Weidmann. Parece casi imposible que Berlín pueda conseguir los dos puestos. Tusk está dispuesto a negociar de manera conjunta los puestos políticos (Comisión, Consejo, Parlamento y alto representante) y el sucesor del BCE, también fuertemente político aunque los aspirantes sean banqueros y la independencia de la entidad constituya uno dogma comunitario.

Pedro Sánchez ha sido elegido como coordinador de los líderes socialista para la negociación de los altos cargos y la apuesta de esta familia política sigue siendo Franz Timermmans, el candidato socialista, aunque el apoyo de liberales y verdes no le es suficiente para conseguir la «luz verde» de la Eurocamara. Y, al menos por el momento, tampoco de las capitales. Sánchez primero mantuvo un almuerzo, auspiciado por el primer ministro belga en funciones, el liberal Charles Michel, con Macron, el primer ministro holandés, Mark Rutte y el portugués Antonio Costa. Una entente de liberales y socialistas que pretende cuestionar la hegemonía de los populares en cargos y políticas, después de los comicios europeos hayan evidenciado un nuevo hemiciclo más fragmentado que nunca.

«El reparto de los nuevos cargos al frente de las instituciones europeas debe reflejar ese nuevo equilibrio que incluye a socialdemócratas y liberales, además de los populares europeos. Toma forma un alianza de fuerzas europeístas y progresistas», aseguran fuentes de la Moncloa sobre el resultado de esta cita. Sánchez también se reunió ayer con la canciller Merkel y con el primer ministro griego, el izquierdista Alexis Tsipras.

El que también mantuvo una agenda frenética fue Macron, quien se reunión con Merkel y con el Grupo de Visegrado ( Polonia, Hungría, Eslovaquia y República Checa) para quienes, según resumió, el primer ministro eslovaco, Peter Pellegrini, el «spitzkenkandidat» no es «la sagrada Biblia». Pellegrini trazó el retrato robot de su posible candidato o candidata: joven, dinámico y con mucho poder, un perfil en el que encajaría Margrethe Vestager, la comisaria de Competencia que puede ser la jugada maestra de los liberales si el presidente Macron le otorga su apoyo.

Muchos nombres y pocas certezas. La batalla solo acaba de comenzar. «Hoy [por ayer] no es el momento de comenzar a vetar», avisaba un alto cargo europeo. Hay demasiadas cosas en juego para enseñar todas las cartas en la primera partida. Aún quedan ases en la manga.