Una celebración agridulce

Mientras miles de personas marchan en la capital contra las políticas climáticas de Trump, el presidente se da un baño de masas en Pensilvania, estado que le dio la victoria en noviembre.

El presidente Donald Trump, en la base de Andrews antes de tomar ayer el Air Force One camino de Pensilvania
El presidente Donald Trump, en la base de Andrews antes de tomar ayer el Air Force One camino de Pensilvania

Mientras miles de personas marchan en la capital contra las políticas climáticas de Trump, el presidente se da un baño de masas en Pensilvania, estado que le dio la victoria en noviembre.

El simbólico hito de las presidencias de EE UU, los primeros 100 días, se celebró en el país de manera bien distinta. Por un lado, miles de estadounidenses iniciaron una marcha por el clima, una iniciativa que busca denunciar los efectos que tendrán las acciones del presidente Donald Trump en el medio ambiente y la salud de los ciudadanos, y, por otro, miles de personas asistieron a actos en Harrisburg (Pensilvania) para respaldar al presidente. Tradicionalmente, los 100 días se celebran con una cena con los corresponsales de la Casa Blanca en Washington, pero Trump prefirió estar con los trabajadores y votantes y no con la Prensa. El magnate no es hipócrita y también ayer criticó a los medios de comunicación: «Los medios [falsos] tradicionales se niegan a reconocer mi larga lista de logros, 28 firmas sobre legislación, fronteras fuertes y gran optimismo», redactó Trump en la red social de Twitter, donde tiene 26 millones de seguidores.

Desde primera hora de la mañana, los manifestantes se congregaron cerca del Congreso de Estados Unidos, y poco después del mediodía comenzaron a marchar por las calles de la capital del país en una protesta que rodeó la Casa Blanca. Entre los participantes, se encontraban personajes conocidos como el actor Leonardo DiCaprio y el ex vicepresidente Al Gore. El Gobierno de Trump no ha ocultado su recelo ante la evidencia del cambio climático y ha dado marcha atrás a numerosas medidas de protección medioambiental impulsadas por su predecesor, Barack Obama. Trump ha insistido en que dará prioridad al crecimiento económico frente a las preocupaciones de los grupos ambientalistas.

Mientras que en Washington le rechazan, en Pensilvania Trump sí sintió el calor de los estadounidenses. El presidente dio un mitin arropado por sus seguidores en Harrisburg. Horas antes de celebrarse, cientos de personas hacían fila para entrar en el recinto. La mayoría portaba las míticas gorras rojas con el eslogan que le otorgó el triunfo: «Make America Great Again». Pensilvania, un Estado que tradicionalmente votaba demócrata, le dio la confianza al magnate, por lo que ayer quiso celebrar sus 100 días allí e insistir en los valores por los que, contra todo pronóstico demoscópico, se convirtió en el 45º presidente de EE UU. Las prioridades de Trump siguen siendo mejorar las fábricas estadounidenses y lograr mejores acuerdos comerciales para el país, como les prometió antes del 8 de noviembre. «He traído un profundo cambio a Washington», señaló ayer el propio Trump. El multimillonario empresario reconoció que, a pesar de que está aprendiendo su nuevo trabajo como presidente, está demostrando que «mi única lealtad es a vosotros, mis maravillosos ciudadanos».

Sus próximos cien días no serán nada fáciles y casi más importantes para la presidencia de Trump. En política exterior, el presidente mantiene un contencioso con Corea del Norte, aún no las tiene todas consigo con China. En el corto plazo, en política doméstica debe reformar los impuestos e intentar, por segunda vez, derogar la ley sanitaria de Obama.