Entrevista

Alejandro Amenábar: “Creo en la coexistencia, en la cohabitación”

El director de cine relata los sonidos que acompañan a sus películas, los que le transportan, los que evocan otros tiempos y los que provocan emociones.

Alejandro Amenábar: “Creo en la coexistencia, en la cohabitación”
Alejandro AmenábarGonzalo Pérez Mata /La Razón

De él se ha dicho casi de todo. Aunque él, de la fama que le precede, dice que es llevadera. Es un hombre tímido que ha aprendido a moverse entre los focos. Por eso, aunque no es dado a prodigarse en eventos, no suele fallar a los cinematográficos. Y si además del cine, involucran su otra gran pasión, la música, su presencia está asegurada. Alejandro Amenábar forma parte del jurado de los Gil Soundtrack Awards, unos premios con los que las bodegas familia Gil becan a los jóvenes compositores de bandas sonoras para que se conviertan en los próximos Morricone, Williams o Zimmer. Esta edición, la cuarta, el premio ha sido para el alemán David Heymann por A gleam of hope del corto Lo que siembras, de Carlos Alonso. Y claro, dice Amenábar que «para alguien que ha sido fan de las bandas sonoras desde niño, un evento así llama mucho la atención». Así que allí estaba él para entregar el premio y para disfrutar como ese niño que fue de una noche a golpe de orquesta sinfónica.

Cine y música. Quizá sean las dos palabras que más unidas vayan a tu trayectoria profesional. Y parece que todo hay que agradecérselo a Superman. Sí, esa fue la primera vez que una música en concreto me atrajo. Aunque yo ni siquiera era consciente, supongo. Sí era consciente de Superman, del traje, de que era el héroe de los tebeos… pero recuerdo querer comprar la música completa y de hecho lo encontré a través de mi hermano en un puesto. Era un cassette doble. Y a partir de ahí empecé a coleccionar música de cine.

Alejandro Amenábar
Alejandro AmenábarGonzalo Pérez MataLa Razón

Quizá es absurdo preguntar qué fue antes, si el cine o la música. En realidad, ha sido a la par. Cuando yo era niño, mis padres me regalaron una guitarra por Navidad. Empecé a tocarla sin saber solfeo, tocaba por posturas. Luego empecé a componer canciones religiosas bastante horrorosas…

Esas partituras tienen que valer su peso en oro. Creo que mi madre guarda los casettes y espero que no vean nunca la luz (risas). Luego, algún año me regalaron un teclado polifónico. Y hacía dibujos para las historias y componía música para mis cuentos.

Y así acaba uno dirigiendo y también poniéndole música a sus canciones. Bueno, en realidad yo empecé por accidente. Al principio era como algo lúdico. Porque me apasionaba, y quiero pensar que me sigue apasionando, componer para mí. Igual que hay gente a la que le gusta jugar al fútbol, a mí me gustaba sentarme delante del teclado y componer música. Y acabé haciéndolo en los cortos. Pero realmente el inicio fue por José Luis Cuerda. Yo no pensaba hacer la música de Tesis y él fue el que me dijo que podía.

¿Qué ha supuesto José Luis Cuerda en tu carrera? Fue un mentor, un segundo padre. Un mecenas. Fue alguien que, cómo decirlo, de modo muy manchego, me llamó un día a la casa de mis padres. Quiso hablar conmigo y me invitó a un rodaje porque había visto uno de mis cortos. Yo era un estudiante de ciencias de la información sin ningún tipo de conexión con el mundo del cine. Mi padre era mecánico y mi madre era ama de casa. Y Cuerda fue para mí el portal para entrar en el cine. Y a partir de ahí, yo intenté devolverle con gratitud lo que él había hecho por mí. Hice tres películas con él. Era un productor excelente, no solo como productor, sino porque, antes que nada, era director y respetaba mucho esa labor. Y eso es algo que yo he intentado reproducir.

¿Te has sentido incomprendido con alguna de tus películas? No, de hecho, me ha pasado al revés. El público es soberano. Y todos nos podemos equivocar. También un jurado en un festival se puede equivocar. Siempre digo que Mientras dura la guerra es una película que literalmente el público rescató y convirtió en un éxito. Era una película compleja, polémica, con la guerra civil, Franco… Costó muchísimo levantarla, porque nadie quería financiar una película así, porque decían que no iba a dar un duro y, con una promoción justita, los espectadores decidieron convertirla en un éxito.

Mientras dure la guerra logró además algo muy complicado en estos tiempos, que es que los dos lados de esta España dividida reflexionaran. Es difícil que una película pueda cambiar una sociedad. Pero yo creo en la coexistencia, en la cohabitación. Forma parte de mi manera de ser, de entender la vida y de manifestarme artísticamente. Y básicamente porque mi bloque de vecinos no vota por lo mismo. Entonces, si vivimos en una democracia, eso es asumir que no todos pensamos igual. Creo en eso y lo volqué en la película porque tenía que decir que no es posible que salgamos a la calle a escupirnos a la cara, como parece a veces que ocurre o como nos hacen creer los políticos a través de la escalada verbal y los berenjenales en los que se meten. Si al final es todo mucho menos dramático de lo que se pinta. Y yo abogo por esa coexistencia.

¿Esa crispación social tiene algo que ver en tu desafección por las redes sociales? Pues mira, te diré que, con las redes, de hecho, lo he intentado. Lo intenté con Facebook, también con Instagram un par de veces, pero me acabo yendo. Creo que me he dado cuenta de que me absorbe demasiado tiempo y al final me aburre. No soy animal de redes sociales, así que me siento una persona del siglo pasado porque lo he intentado y no lo he conseguido. Prefiero salir a un bar y conocer.

¿Has notado un cambio generacional también en el cine? Sí, bueno, es que, aparte, mi profesión en concreto, la de director, se ha desdibujado. Yo me di cuenta hace unos años, cuando fui a una facultad y los jóvenes lo que hacían es preguntar por series. Ahora lo que quieren ser es influencers y lo que les interesa son las series. Y una cosa muy curiosa que me pasa es que a veces cuando se me acerca alguna persona joven es para pedirme una foto para su madre o su padre. ¡Dentro de poco me pedirán una foto para el abuelo!

Bueno, pero también has hecho series. ¿En qué fase creativa estás ahora? Pues estoy empezando lo que podría ser mi próximo proyecto. Ya sé lo que quiero hacer, aunque no sé cómo lo quiero hacer. Así que ahora lo único que hay que conseguir es financiarlo. Pero sé dónde quiero ir.

Ahora que estás creando, ¿qué escuchas para que te dé calma? Bueno, soy uno de esos freaks que está oyendo bandas sonoras todo el día. Hace unos años descubrí Cinemix, una plataforma que es como si estuviera pinchando música de cine constantemente. Es en general música amable, muy buena. Es como un niño al que le ponen delante de una estantería llena de tarros de chocolate.

¿Y cuando sales? Me gustan muchísimo Rosalía y C. Tangana. He visto a los dos en conciertos y se disfruta mucho.

¿Hay algún sonido que no soportes? El tinnitus, que me lleva acompañando desde hace diez años. Voy siempre con tapones. Los llevo cuando la música está muy alta porque tengo que protegerme los oídos. Y no puedo estar en silencio, porque oigo el engranaje de mi cerebro.