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Pepa Flores: el mito maleducado

La estrella infantil y mito erótico en los años de la Transición ha cumplido esta semana 68 años. Vive aislada en su finca La Axarquía.

  • Pepa Flores disfruta de sus paseos por la playa de La Malagueta, siempre oculta tras unas gafas de sol, muy celosa de su privacidad
    Pepa Flores disfruta de sus paseos por la playa de La Malagueta, siempre oculta tras unas gafas de sol, muy celosa de su privacidad

Tiempo de lectura 5 min.

06 de febrero de 2016. 16:27h

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7/2/2016

Pepa Flores ha cumplido esta semana 68 años y en nada recuerda a aquella niña de ojos azules que convirtió en mito de una generación el personaje de Marisol. Alejada de todo y de casi todos, confiesa a sus íntimos, los pocos que le quedan, que «soy una ciudadana de a pie, que es lo que quiero y como mejor me siento... Cuando era actriz no me quería, y ahora sí».

Su vida actual, lejos de los focos y las cámaras, se resume en largos paseos junto a su marido y sus perros por la playa de La Malagueta, disfrutar al máximo de su familia y las largas temporadas que pasa en su finca de La Axarquía, muy cerca del pueblo malagueño de Frigiliana. Allí cuida su huerto, a sus gallinas y degustar platos como el ajoblanco, el potaje de hinojos, el chivo frito con especias o los garbanzos con callos. Dicen quienes la conocen que tiene buena mano entre los fogones.

En La Axarquía ha encontrado el anonimato y el silencio que antes se le negaba. Pero esa obsesión por huir de un mundo que le dio fama y dinero le ha traído muchas enemistades. Su último desaire se produjo el pasado lunes, cuando no acudió a la entrega de la Medalla de Honor del Círculo de Escritores Cinematográficos. Pepa Flores había delegado en dos de sus hijas, pero éstas disculparon su presencia el mismo día por la mañana, alegando problemas de índole personal. No es la primera vez, ni será la segunda. Es frecuente su rechazo a quienes le organizan homenajes.

«Caso cerrado»

Ahora se cumplen treinta años desde que decidió enterrar a Marisol. Fue en 1985, y ya trabajando con su nombre real, cuando Pepa protagonizó «Caso cerrado», una película que, por su título, parecía más una premonición de lo que poco después de su estreno anunciaría la artista: su retirada definitiva.

Un año después, tras separarse de su segundo marido, Antonio Gades, rompía también con el Partido Comunista de España, aunque sin dejar de lado su filosofía de izquierdas. Ya no acude a mítines ni a actos organizados por esta formación política. Sigue colaborando, en cambio, aunque de forma anónima, con algunas ONG.

Su relación con una asociación de lucha contra la esclerosis múltiple acabó mal, ya que, según ella misma ha dejado entrever, «me sentí utilizada». Con esta ruptura, Pepa se desligaba también de un grupo coral de dicha entidad, en el que enseñaba canto altruistamente.

Según nos confiesa M. A., que fue uno de sus mejores amigos y con el que hoy no tiene relación, vive apartada de todo y de todos por su desconfianza. «La invitamos a un acto, al que también acudió el alcalde de Málaga, y nos acusó de haberle hecho una encerrona, porque ella no comulgaba con las ideas del partido al que representaba aquel señor. Se puso furiosa. Desde entonces, no nos habla. Pero Pepa es así de intransigente. Si te retira el saludo es para siempre. Y llega un momento en que, por sus desaires, cansa y agota. Es lo que le ha ocurrido con otros amigos. En la vida hay que ser más normal. Huye del divismo, pero parece que quiere convertirse en la musa anónima del proletariado.

«Su círculo íntimo –añade M. A.– se reduce a la familia más cercana. Pasa mucho tiempo escondida en su finca de La Axarquía. No va a ningún lado, ni se la ve por Málaga en actos sociales. Ni siquiera llamó a Junior, marido de Rocío Durcal, para darle el pésame cuando murió su esposa. Y eso que ellas fueron más que buenas amigas. Ha quedado mal con mucha gente. Tanto de derechas como de izquierdas. Es como si se sintiera amenazada con todo. Vive obsesionada con que la gente la quiere utilizar. Cambió su número de teléfono y es prácticamente imposible localizarla».

Pepa y Mássimo Stecchini llevan juntos desde 1987. Se conocieron tras la ruptura de Marisol con Gades. «Pepa se encontraba muy mal, adelgazó mucho, parecía un cadáver, y Massimo le devolvió la felicidad. Al principio, la historia no tenía visos de que fuera a funcionar, pero, poco a poco, fue cuajando. Él tiene una relación estupenda con las tres hijas de Pepa. Es casi un padre para ellas», asegura M. A.

Stechini trabajaba en la pizzería de su hermano Etore, y años después montó con la ex actriz otro local que no funcionó como esperaban. Fue entonces cuando Stecchini se introdujo en el negocio de la venta de muebles y su mujer fue la protagonista de un anuncio de la empresa Mogar que sólo se vio en Málaga. Ángel Huerta, amigo de la protagonista de «Un rayo de luz», se cruzó con ella hace unos meses en el paseo marítimo malagueño y «no le hizo mucha gracia que la reconociera. No obstante, estuvo amable y simpática. Iba con su marido y llevaba unas gafas oscuras. Me dijo que estaba muy apartada de todo y que vive la vida que quiere vivir. No le gusta que se dirijan a ella como Marisol. Ha desterrado ese nombre de su vida y de su pasado».

El escritor José Aguilar, autor de una de las biografías más completas de Pepa «Marisol» Flores, confirma que «está muy volcada en su familia, sobre todo en su madre, que es una mujer mayor y está en silla de ruedas. Su entorno lo forman su marido, sus hermanos, sus hijas y sus nietos. Con ellos se vuelca. De los demás, se olvida».

Recuperar el anonimato

«Massimo es un hombre muy sensible, que la entiende muy bien y se vuelca en ella. Tienen una química muy especial. La ha ayudado mucho a recuperar el anonimato», asegura Aguilar. «Vive obsesionada con su privacidad. Es como si quisiera recuperar todo lo que la existencia le negó en su adolescencia», añade. Con respecto a su relación con antiguos compañeros de profesión, el biógrafo confirma que «sólo tiene contacto con el cineasta Juan Caño».

Pepa Flores ha rechazado ofertas millonarias para volver a un primer plano de la actualidad. Una del productor Enrique Cerezo y otra para hacer una película en Estados Unidos. Además de para protagonizar una campaña cosmética muy importante. «Ni aunque le pusieran delante un cheque en blanco aceptaría volver», asegura Aguilar. «No es que tenga mucho dinero, pero sí el suficiente para vivir con la sencillez elegida. Es una mujer que vive sin lujos».

Según ha podido saber LA RAZÓN, la ex actriz rechazó también casi 80.000 euros a cambio de posar junto a Massimo Stechini al conocerse su relación y otra alta cantidad cuando estaba embarazada de su tercera hija. Pepa Flores vive la vida como ella ha elegido a pesar de que podría llevar la de una superestrella.

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