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Fuenteovejuna como acertijo

Tiempo de lectura 2 min.

29 de agosto de 2018. 19:52h

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Lucas Haurie 30/8/2018

Cuando Susana Díaz pronunció la palabra, Fuenteovejuna, los camareros áulicos de San Telmo atravesaron por una considerable gama de sensaciones: desde el sudor sahariano al frío polar, que ni por eso del fresco fue bienvenido el repelús. La presidenta pasaba los últimos días de vacaciones y, aburrida cual boniato, no opuso resistencia a la primera tentación del curso político. Aquella palabra sonó a atracón de truenos. Tal fue así que, días después, el eco de aquel Fuenteovejuna quedó resonando en los pasillos palaciegos, tal que hacían las cigarras en las tardes del Ferragosto, y los asesores, sin saber dónde guardar la crema y adonde dejar caer los granos de arena enredados en la pelambrera, repararon en la bárbara polisemia del anuncio. Y yo con estos pelos. Finalmente, menos mal, lo único que pretendía la presidenta, por estrambótico que pareciera el plan, era acudir a la obra teatral que cada agosto se representa en el pueblo cordobés que inspiró la comedia de Lope de Vega. Los pelotilleros de guardia, sin embargo, no se lo tomaron tan a risa. Porque, según dicen, Díaz está poniéndose de un críptico que no hay quien le adivine una intención. La oposición se ha pasado estos meses erre que erre con el adelanto electoral, por ejemplo, mientras Susana ha reiterado el arsa que arsa que a ti te voy a contar yo mi plan. Por eso nadie sabe nada. Con Fuenteovejuna cundió el pánico. ¿Todos a una? ¿Ahora? ¿Otra vez? ¿Contra quién? Así que, mientras alguien acertaba a interpretar el anuncio de la doña, las ocurrencias giraron en torno al mensaje de rebelión. Quizá toque volver a arrear al residente de La Moncloa o, quién sabe, tal vez sea pelearle la turra a Torra. San Telmo entero está en vilo.

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