Andalucía

San Telmo, chapa y pintura

Susana Díaz saluda efusivamente al nuevo consejero de Cultura
Susana Díaz saluda efusivamente al nuevo consejero de Culturalarazon

La jura o promesa de cargos se está convirtiendo en un ejercicio de cierta cotidianidad en Andalucía. Susana Díaz presentó esta semana un equipo remozado con cinco nuevas incorporaciones que tendrá que afrontar el segundo ecuador de la legislatura. Se trata de la tercera alineación de la presidenta de la Junta en sólo cuatro años, que son los que lleva al frente de San Telmo. El primero lo configuró en septiembre de 2013. El segundo tras las elecciones de 2015. El último está recién salido del horno. Los cambios en sí no son una señal de avance ni de retroceso. Los cambios hay que juzgarlos por sus efectos y por tanto la gestión que puedan hacer los nuevos consejeros está por ver. Ahora bien, los cambios constantes en un gobierno lo que aportan es un sentido de la provisionalidad que no suele tener buenos réditos. Un ejemplo lo deja claro. Por la consejería de Educación han pasado un total de cinco consejeros en la última década. Desde que Chaves juró el cargo en el año 2008 han desfilado por este departamento Teresa Jiménez, Mar Moreno, Francisco Álvarez de la Chica, Adelaida de la Calle y, desde el viernes, Sonia Gaya Sánchez. Sin embargo, una sola consejera, Cándida Martínez, se ocupó de esta área los ocho años previos: del 2000 al 2008. Es muy difícil trazar un proyecto con «luces largas» –por utilizar una de la frases más repetidas por el ex presidente Griñán– cuando una cartera tan importante como la de Educación se convierte en un toro mecánico que va tirando consejeros a la lona con una media bianual.

Y lo grave es que rara vez los cambios extraordinarios de gobierno se han producido en los últimos años como consecuencia de un análisis en profundidad de lo que no funciona y tiene que mejorar. Los cambios de gobierno han venido dados con mucha frecuencia por otros factores ajenos a lo institucional y que afectaban al Partido Socialista. Así, Griñán formó el segundo gobierno de la VIII legislatura en abril de 2009 a causa de una marcha expeditiva a Madrid de Chaves y su equipo. Un año más tarde, en marzo de 2010, remodeló de nuevo el gobierno tras un Congreso extraordinario del PSOE-A para romper la bicefalia con Chaves y asumir la Secretaría General del Partido Socialista. En ese momento, además, ya empezó el primer tamtam itnerno en la Consejería de Empleo por el «caso de los ERE» y tuvo que hacer algunos ajustes adicionales. La siguiente crisis de gobierno sobrevenida fue precisamente en septiembre de 2013 tras asumir Susana Díaz la presidencia de la Junta cuando estaba en marcha la IX legislatura. Y el motivo no fue tampoco una evaluación de la gestión de los consejeros, sino la imputación en el caso de los ERE que acechaba desde hacía semanas a José Antonio Griñán. Hasta tal punto que el auto de imputación se conoció en torno a las doce de la mañana del 10 de septiembre de 2013, a la misma hora en la que los nuevos consejeros de Susana Díaz estaban jurando su cargo en el Salón de los Espejos del Palacio de San Telmo. En idéntico lugar y hora presentó el viernes la presidenta a su nuevo equipo. Y esta vez, como ha venido ocurriendo en los últimos años, tampoco ha primado la necesidad de renovación de los consejeros, por mucho que se insista desde la Junta. Emilio De Llera lleva achicharrado un lustro. Susana Díaz necesitaba pasar por el taller de chapa y pintura después de que Pedro Sánchez la atropellara en las primarias.