Literatura

Ildefonso Falcones: «Sí hay recursos para frenar la piratería literaria, pero no voluntad»

La estela dejada por sus dos anteriores trabajos, «La Catedral del mar» y «La mano de Fátima» es ésta: más de siete millones de ejemplares vendidos y traducciones a más de 40 idiomas. Ildefonso Falcones es uno de esos fenómenos literarios que acontecen muy de vez en cuando, y, con su tercera novela, «La reina descalza», no abandona el podium de los más importantes best-sellers europeos. Este viernes 13, a las 20 horas, presenta esa publicación en el Museo Patio Herreriano, donde abordará, en un coloquio con sus lectores, los avatares de una época, la medianía y postrimerías del siglo XVIII, también convulsas, en España. Nos atiende unas horas antes de llegar a Valladolid. ¿Qué expectativas tiene puestas en esta novela?

- Bueno, yo estoy contento con la respuesta del público, también lo está la editorial. Pero, para empezar, el mercado actual no es comparable al de 2006, cuando publiqué «La Catedral del mar». Ahora está teniendo gravísimos problemas.

- La dichosa piratería...

- Sí. Y es curioso que no se adopten medidas para frenarla. No es un asunto de valentía, sino de obligación. Y no se actúa por vagas excusas, como esa que dice que no se puede poner puertas al campo que es internet, y creo que si hay un sitio donde se pueda actuar, es ahí. Porque existen recursos técnicos para saber lo que cada cual descarga. En su momento se dejó hundir a la industria discográfica, la cinematográfica está en una situación parecida y por ese camino van también los libros. Es clave defender todo lo que está alrededor del mundo editorial.

- En «La reina descalza» se vuelve a poner usted del lado del desamparado, del débil, del común de los mortales...

- La vida desde ese punto de vista da mucho más juego que desde la del poderoso. Las costumbres de la gente llana, son bastante más interesantes que los devaneos de los cortesanos.

- Sin embargo, en su relato, una vez más, no falta de nada.

- Es un reto que me marco a la hora de escribir. En este caso, las protagonistas son dos mujeres, pero también el amor, la pasión, la venganza... y, sobre todo, la amistad. Que es clave.

- Esas protagonistas son una esclava liberta y una gitana, en época de tribulaciones para esa etnia.

- Claros ejemplos de ese desamparo.

- ¿Habrá leído ya alguno de sus tres libros en chino, por ejemplo, habiendo sido traducidos a tantas lenguas forasteras?

- (Sonríe) Lo cierto es que sí está en chino, además de en otros idiomas orientales, como el japonés.

- Tras medio año en las estanterías, ¿no sé si dispone de datos de ventas de «La reina descalza»?

- Las cifras hablaban, antes de arrancar el verano, de 250.000 ejemplares vendidos.

- Eso requiere también de mucho esfuerzo por parte del autor. Hablo de las presentaciones, los viajes...

- Sí. Es cierto. Va implícito en el negocio. Verá: mañana acudo a Valladolid, pero en apenas unas semanas debo volar a México, Argentina, Chile, Italia, Alemania, Noruega... Algo que, por otra parte, me sirve para tomar ideas.

- ¿Tiene ya tinta en el tintero?

- Trabajo sin prisas, pero tengo claro que cuando vuelva a escribir, lo haré con el espejo retrovisor, centrándome una vez más en la novela histórica.

- Ayer se convocaba esa cadena humana por la independencia catalana. ¿Qué opinión le merece?

- Los lazos entre España y Cataluña son tremendamente fuertes a lo largo de la Historia, como para plantearse incluso esto. Nadie explica como va a ser, pero es evidente que lo que se busca es la independencia económica, y creo que es un error. Soy contrario a todo esto. Es un paso adelante, pero creo que al vacío.

- ¿Y esas referencias a la catalanidad de Santa Teresa o Cristóbal Colón?

- Me parecen una bufonada. No entiendo cómo puede haber quien haga eso.