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Objetivo de Puigdemont: inhabilitar a Junqueras

El presidente de la Generalitat busca que el líder de ERC firme los decretos de la consulta para que los tribunales actúen y neutralizarle de cara a las próximas elecciones.

  • En 2014, Artur Mas firmó el decreto de convocatoria del 9-N
    En 2014, Artur Mas firmó el decreto de convocatoria del 9-N

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20 de enero de 2017. 03:26h

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20/1/2017

La convulsa situación de la política catalana está provocando movimientos en todos los partidos porque existe el convencimiento de que, más tarde o más temprano, Carles Puigdemont deberá convocar elecciones anticipadas. A final de mes, sabremos si los independentistas antisistema de la CUP darán un soplo de aire fresco al «procés» liderado por el presidente de la Generalitat aprobando sus presupuestos. Si la CUP no da su visto bueno a los grandes números, Puigdemont estará abocado a adelantar las elecciones. Pero, si como se espera a pesar de los exabruptos, amenazas y peticiones imposibles, la CUP apoya los presupuestos, se iniciará la loca carrera para convocar el referéndum, que conllevarán implícitos unos nuevos comicios, porque todos saben, y reconocen en privado, que la consulta separatista no se podrá celebrar.

El mundo convergente, el nuevo PDeCAT, se mueve en este último escenario por lo que tras el «sí» de la CUP a los presupuestos, el movimiento independentista se movilizará, liderado por un Carles Puigdemont desafiante, para convocar un referéndum que, a más tardar, se celebrará en el mes de septiembre, coincidiendo con las celebraciones de la Diada. O sea, alrededor del día 11, por lo que sería convocado a finales de julio o primeros de agosto. Esta convocatoria accionará los mecanismos del Estado español para impedir el referéndum de secesión, por lo que todo apunta que antes de fin de año Cataluña celebre unas nuevas elecciones. Unos mecanismos, que el mundo soberanista entiende más contundentes y más rápidos que los que se sucedieron tras la consulta fallida del 9-N.

Con estas previsiones, Puigdemont ya ha dicho que no se presentará a unos comicios mientras que Artur Mas no se descarta. De hecho, está moviendo sus hilos para «ser la renovación», aunque parezca una guasa, de la nueva Convergència. La guerra interna en los demócratas de la vieja CDC es descomunal. Unos apuntan a un acuerdo entre Mas y Puigdemont, como publicó ayer «La Vanguardia», que sitúa a Mas como número uno por Barcelona y a Puigdemont liderando la lista de Girona. Otros apuntan a un Puigdemont situado como número dos por Barcelona siguiendo la estela de un Mas como número uno. Y los de más allá, o sea, el joven núcleo dirigente liderado por Marta Pascal y David Bonvehí, una vez descartado Puigdemont, no verían mal la candidatura de Mercè Conesa, presidenta de la Diputación de Barcelona y alcaldesa de Sant Cugat, la mayor ciudad en manos de CDC tras Girona y Reus.

Que Puigdemont se presente sin liderar al PDeCAT «no sería incumplir su promesa de no presentarse a la reelección, y ayudaría al partido con su presencia en la lista, mítines y carteles», apuntan fuentes del partido de la calle Provenza, la nueva sede del PDeCAT –la de la calle Córcega está embargada tras el caso Palau– porque «Puigdemont no piensa dejar tirado al partido en el que milita desde primeros de los 80 cuando fundó la Joventut Nacionalista de Catalunya», añaden. Su presencia, además, estaría bien vista por el núcleo duro de la nueva dirección que debería hacer un «trágala» con la presencia de Mas. El ex presidente catalán está imputado en el caso del 9-N en el que la fiscalía pide su inhabilitación, pero su entorno apunta que hasta que la sentencia no sea firme –se recurrirá el primer fallo del Tribunal Superior de Justicia– tiene margen para ser candidato.

El lío interno del PDeCAT mira de reojo, y también por el retrovisor, a Esquerra Republicana. Los de Oriol Junqueras pueden ganar unas nuevas elecciones según apuntan todas las encuestas. Todas marcan un amplio sorpasso de los republicanos sobre los convergentes. Por eso, el encargo más importante de Artur Mas –algunos apuntan que es su última voluntad– es quitar a su principal adversario de en medio. Es decir, que Oriol Junqueras sea inhabilitado.

«Visto que el pulso electoral con ERC lo hemos perdido, y será imposible repetir Junts pel Sí, Puigdemont irá a máximos con el referéndum. Esto obligará a Junqueras a no ser menos y a firmar los decretos e ir hasta el final con la consulta», relata un veterano dirigente convergente del entorno de Mas. La realidad es que Puigdemont ya delegó en Junqueras, vicepresidente del Govern, todo el proceso hacia la consulta secesionista, por lo que Junqueras será el que firme los decretos –no Puigdemont–, y será el objeto de las actuaciones de la fiscalía y los procesos que pueda poner en marcha el Gobierno.

«Objetivo: la inhabilitación de Junqueras» es la operación que tiene prevista el PDeCAT. Quieren que Junqueras «se moje, que firme los papeles, cosa que nunca ha hecho», y recuerdan que «hasta ahora sólo nosotros estamos en procesos judiciales. ERC y la CUP no», tal y como verbalizó la ex vicepresidenta del Govern, Joana Ortega, en un tuit tras conocerse la petición de la fiscalía a Francesc Homs: «De momento algunos iremos a juicio mientras otros se ponen de perfil. Recordar quién hizo qué en el futuro. No lo olvidéis». Una referencia poco disimulada al papel de Junqueras en el 9-N.

Las fuentes consultadas apuntan que los procesos judiciales se acelerarán en esta ocasión mucho más que tras la consulta del 9-N, por lo que se persigue dejar a ERC sin líder. «Con Junqueras fuera de combate, las fuerzas de ERC y PDeCAT se equilibrarían porque ERC tendría entonces un problema de liderazgo evidente». En el esquema que se baraja en la nueva Convergència, y aunque Puigdemont fuera también inhabilitado por la judicatura siempre les quedaría Mas «porque su proceso de inhabilitación es lento». Además, apuntan, «si al final los inhabilitan, nadie les podrá impedir salir en los carteles electorales y dar mítines. El efecto práctico es el mismo». Éste es el peor escenario previsto. «Caen Puigdemont y Mas, por un lado, y Junqueras por otro. Nosotros tenemos a Mercè Conesa y a Santi Vila» –consejero de Cultura– apuntan las citadas fuentes, que concluyen preguntándose «a quién tiene ERC. A Rufián, a Tardà, a Rovira. Estarán descabezados».

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