Política

Exposición de mal gusto

La Razón
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Será por un descuido, porque alguien no ha cumplido con sus obligaciones. Será por una libertad mal entendida, por un liberalismo rayano con la aberración. Lo cierto es que la exposición, por llamarla de alguna manera, pornográfica de Antonio Miró en el paseo de la Marina de Valencia, denigra a la ciudad. Es, desde luego, inoportuno exhibir semejantes imágenes precisamente en un lugar por donde pasean, especialmente los fines de semana, miles de personas muchas de ellas con sus hijos pequeños.

Produce risa o espanto la explicación del comisario de la exposición «a los niños les vendrá bien. Les damos clases de educación sexual y queremos que se formen en la historia del arte». Di la verdad. El objetivo es otro. Relacionar la educación de los niños y la historia del arte con la instalación de todo eso en ese lugar, avergüenza y, por supuesto, logra quizá el probable fin real, escandalizar, provocar. Si no conociéramos la esencia de todo lo que rodea a esta operación, podríamos comulgar con esas ruedas de molino.

Es un abuso, intencionado o irresponsable. No hay quien en su sano juicio pueda justificarlo. Me sorprende que la Presidencia de la Generalitat haya participado en su instalación, junto a la Conselleria de Cultura (eso me extraña menos). Sus dirigentes han dado muestras de una insensibilidad enorme al pasar por alto quiénes son una buena parte de los espectadores. Me gustaría escuchar las explicaciones de los autores de semejante evento a sus hijos, si los tienen, para hacerles entender lo que allí se muestra. Ver cómo les enseñan ese arte. Bueno, arte es un decir. Así es la vida.