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Segundo portazo a Franco

  • La alcaldesa de Getafe, Sara Hernández, junto a los ex regidores de Móstoles y Fuenlabrada
    La alcaldesa de Getafe, Sara Hernández, junto a los ex regidores de Móstoles y Fuenlabrada

Tiempo de lectura 4 min.

24 de enero de 2018. 01:57h

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Ángel del Río.  24/1/2018

«Motivos personales». Argumentos idénticos para justificar dos dimisiones en menos de siete días, las de dos alcaldes socialistas del sur: el de Móstoles, David Lucas, ayer, y el de Fuenlabrada, Manuel Robles, la pasada semana. Pueden tener de fondo asuntos «familiares» o estados de ánimo, y ésta segunda podría ser la causa verdadera de estas dimisiones en ciudades tan importantes como Móstoles, la segunda más grande de la región, y Fuenlabrada, uno de los emblemas del PSOE.

Lucas y Robles eran iconos socialistas ya amortizados, con los que no contaba el nuevo secretario general del PSOE-Madrid, José Manuel Franco, de cara a los comicios del próximo año. Han pensado que lo mejor era una retirada y dejar espacio para que se desenvuelvan los que pueden tener protagonismo en las elecciones de 2019, aunque parece demasiado prematuro. Esto evidenciaría que cuando se acude a la proclama de la «integración» como emblema de un nuevo proyecto político, se puede producir una «desintegración» protagonizada por aquellos que se sienten fuera del futuro inmediato.

David Lucas sorprendía ayer anunciando públicamente que deja la alcaldía de Móstoles, que ostentaba desde 2015, después de cuatro años liderando la oposición. Lucas también dimitió como secretario general del partido en el municipio. Lo que no deja es su escaño en el Senado por Madrid. Insistió en que su marcha se debe a «motivos personales, que me guardo», y descartó cualquier relación de esta decisión «con la situación política en la que se encuentra en el partido». Manera elegante de irse, pero difícilmente comprensible, cuando le quedaba aún año y medio de mandato.

El recorrido político de David Lucas, que ayer insistió en apoyar a Pedro Sánchez y José Manuel Franco, ha estado erizado de dificultades y zancadillas puestas por intereses partidistas internos. Debutó en la administración municipal en 1991, como jefe del gabinete de la alcaldía de Getafe, cuyo regidor era Pedro Castro. Ocho años después, fue elegido edil getafense, siempre a la sombra del alcalde, observando cómo muchos le postulaban como el sucesor de Castro en la alcaldía y en la secretaría general del partido en este municipio. De 2003 a 2007, fue primer teniente de alcalde y portavoz del Gobierno municipal. Aguantó hasta última hora en Getafe, en la confianza de que, llegadas las elecciones de 2007, Pedro Castro decidiera dejar la política local y convertirse él en el candidato a la Alcaldía.

Pero Castro, al que llamaban el alcalde «duracel» porque nunca se le acababan las pilas, decidió volver a presentarse por quinta vez consecutiva, y Lucas decidió buscar otros horizontes. Aceptó ir en la candidatura socialista al Ayuntamiento de Madrid, encabezada por Miguel Sebastián, quien ni siquiera tomó posesión de su escaño tras el fracasado electoral del PSOE. Con la marcha de Sebastián, Lucas se convirtió en el portavoz del grupo socialista en la capital, en la confianza de que una buena labor desde esa responsabilidad, le valdría para ser el candidato a la Alcaldía, en los comicios de 2011. Pero desde la dirección regional del partido, se le adelantó que no sería él el elegido, y Lucas volvió a otear nuevos horizontes. Regresó al sur, a Móstoles, donde fue cabeza de lista en las elecciones de 2011. No consiguió su propósito.

En 2017, si logró convertirse en alcalde de la segunda ciudad de la región, periodo de mandato que no ha agotado, después de que ayer anunciara públicamente su dimisión. El principal «motivo personal» para tomar esta decisión, puede ser la percepción de que su partido no contaba a futuro con él; que su apoyo a Susana Díaz y no a Pedro Sánchez, propició que, meses después, el nuevo secretario general del PSOE-Madrid no le incluyera en la ejecutiva regional del partido. Y ésta pudo ser la gota que colmó el vaso.

La escisión del sur

Manuel Robles llevaba casi 16 años como alcalde de Fuenlabrada. También aludió a motivos personales para explicar su dimisión: cumplir 65 años de edad, oportunidad única para «jubilarse» de la primera fila de la política, y, sobre todo, la necesidad de dedicarle más tiempo a la familia. Algunos compañeros suyos comentaban ayer, que 65 años es una edad perfecta para permanecer en activo, sobre todo cuando se atesora una dilatada experiencia en la gestión. Recuerdan que Robles sufrió un revés anímico cuando esperaba ser propuesto por su partido para presidir la Federación Madrileña de Municipios, y finalmente se propuso a otro compañero. Lo asumió con espíritu deportivo, pero, según los que le conocen, con disgusto, y puede que esa circunstancia fuera importante a la hora de decidir su futuro. Robles dijo ayer, que no se busque más allá de una motivación familiar, pero no parece una simple casualidad que en el espacio de una semana, dos alcaldes socialistas de dos importantes municipios, hayan decidido no agotar su mandato y dimitir. Parece que lo lógico es que, si en ambos casos se alude a motivos familiares para no seguir, se hubiera esperado a la convocatoria de las elecciones del próximo año para abandonar, y no hacerlo cuando aún queda año y medio para esos comicios.

Puede ser el comienzo de una «escisión» de los alcaldes de municipios importantes del sur de la Comunidad, aquellos que con la llegada de la nueva dirección regional del PSOE, se quedaron sin futuro en la política madrileña, y abandonan antes de acabar sus mandatos; aquellos que no han percibido ni una mueca de la integración anunciada; de los que no mostraron su adhesión inquebrantable a Franco, a José Manuel Franco, que no haya erróneas interpretaciones de la memoria histórica.

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