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Este ático te transporta a la Barcelona aristócrata de los años 50

El estudio de Alex March ha sido el encargado de liderar el proyecto de interiorismo de la vivienda.

Ático de Alex March FOTO: Daniel Schäfer

Esta vivienda barcelonesa de 280 metros cuadrados rezuma la esencia de los pisos de la alta burguesía catalana de la segunda mitad del siglo XX. En cada uno de sus espacios, amplios y luminosos, se respira una sobriedad intencionada, que permite admirar las numerosas piezas de diseño y obras de arte de su interior.

Al tratarse de un ático, la vivienda cuenta con una gran terraza donde disfrutar del agradable clima mediterráneo, con una zona para el descanso al sol y también un comedor/cenador exterior.

Sensibilidad por los clásicos y por el arte

Podemos intuir la gran sensibilidad y cultura de sus propietarios, quienes “buscaban un piso con un ambiente relajado pero con carácter, con piezas muy bien escogidas” explica Alex March, quien ha liderado todo el proyecto de interiorismo de la vivienda.

“Hay clientes que no sienten una especial simpatía por los clásicos del mobiliario de diseño o por piezas antiguas”, pero comenta Alex March que en este caso ha sido “un estimulante despertar su interés por este tipo de objetos y por el arte”.

Las claves: un equilibrio mediterráneo y organicista

Todo fluye de manera relajada, en un ambiente muy mediterráneo, con elementos que evocan a la naturaleza mediante sus formas y colores. El blanco en techos y paredes, también en el cortinaje, potencia la sensación de calma. Belleza, simetría, organicismo, espacios llenos de fuerza y personalidad con la luz como principal protagonista.

“El cliente simpatiza con el minimalismo, las paletas neutras y el mobiliario de tendencia” partiendo de este punto, la idea fue trabajar la paleta de colores y las texturas para poder acompañar de una manera muy sutil ese ambiente relajado deseado a través de verdes, rojos, amarillos, ocres. “Esto era algo en lo que hubo que trabajar para que el cliente viera beneficios de no tener un ambiente enteramente neutro” comenta Alex March.

El suave parqué de madera de roble natural es un magnífico punto de partida para la aventura decorativa que hallamos en esta vivienda, donde no hay que perder detalle.

El salón, enseña del fuerte carácter de la vivienda

Es en el salón donde la vivienda muestra su fuerte carácter. Un espacio sugerente que no deja indiferente por su profusión de detalles y la genial mezcla de piezas de mobiliario con obras de arte, piezas de cerámica artesanal y plantas naturales.

Salón ático Alex March FOTO: Daniel Schäfer

Un confortable sofá de cuero blanco de la firma Pilma invita a sentarse y deleitarse contemplando el maravilloso conjunto. Frente a él dos mesitas de centro diseñados por Patricia Urquiola para la firma Kettal: sobre una de ellas descansan dos piezas artesanales de cerámica realizadas por Mari Masot & Faye Sevilla Smith.

Uno de los modelos más icónicos del diseñador danés Hans J. Wegner, la silla Shell Chair CH07 tapizada en blanco, diseñada en 1963 para Carl Hansen & Son, se integra con su ligereza flotante en este maravilloso conjunto.

Otra pieza icónica nos sorprende al otro lado del salón: el sofá en cuero envejecido N701 diseñado por Jacques Deneef para Etnicraft. Sobre él, un toque chispeante: el rojo de una pareja de cuadros obra de Iñaki Moreno.

Un rincón de lectura

Rincón para la lectura del ático de Alex March FOTO: Daniel Schäfer

A medio camino entre el salón y la cocina y el comedor, las amplias dimensiones del salón han permitido crear un espacio ideal para relajantes momentos de lectura. La butaca estrella escogida ha sido el modelo Tartera diseñado por Jordi Vilanova, tapizada en un verde muy oscuro.

El conjunto se completa con el aparador Madeleine de la firma Habitat, cuyo diseño está inspirado en los tradicionales parqués franceses de punto de Hungría y en espiga, característico de los apartamentos haussmanianos parisinos. Sobre ella, destaca el dorado de la base de la lámpara de sobremesa Dipping Light, diseñada por Jordi Canudas en 2018.

La exclusividad de este espacio la conforma un biombo pintado a mano en los años 60. Una pieza única que destaca por sus tonalidades vivas estilo naïf y que contribuye a dar intimidad entre el salón y el comedor.

Una zona de comedor en armonía con el salón

La armonía cromática en la zona de comedor es absoluta. “Me gusta mucho este rincón  porque hay piezas de dos buenos amigos a los que aprecio mucho: las esculturas de Ciella Mar y un gran cuadro realizado por Iñaki Moreno. Allí está reunida el alma de los tres, funciona muy bien y eso se nota” explica Alex March.

Comedor del ático de Alex March FOTO: Daniel Schäfer

Tanto de día como de noche, destacan los discos en beige de la lámpara de suspensión Discocó de Marset. Bajo ella se sitúa una mesa de comedor en roble macizo (modelo Easel de Pilma) acompañadas por las sillas Laclásica de Stua, realizadas en madera moldeada y maciza de fresno.

Una cocina que busca pasar desapercibida

Con la intención de que prácticamente pase desapercibida, la cocina se ha trabajado desde la austeridad y la pureza de líneas, de tal modo que cede cualquier tipo de protagonismo a la zona de comedor. Se integra de manera discreta en éste a modo de cocina abierta, con armarios en blanco sin tiradores y una sutil grifería cromada.

Una zona de descanso donde predominan las fibras naturales

Las habitaciones se llenan de luz y calidez gracias al predominio de las tonalidades ocre y amarilla y a la utilización de texturas naturales.

El arte, muy presente en el ático FOTO: Daniel Schäfer

Los tejidos de fibras naturales visten las camas con lino de la firma alicantina De.Lenzo y los cojines de White & Grey. Para los cabeceros se ha escogido la fibra natural trenzada (Indeko Contract). Incluso el papel pintado de algunas paredes (Coordoné) es también de fibras naturales y el marco del espejo del baño, una pieza de los años 70 de Antigues Materies AM, es de bambú.

El arte está presente en los dormitorios con algunas pinturas de Iñaki Moreno, cuadros estilo Pop y algún mosaico de los años 60 y 70. Las plantas naturales (Casa Protea) han acabado de dar el toque final de frescura y naturalidad a la vivienda.