Madrid vuelve, poco a poco, a lo bueno y a lo malo

El Retiro, el parque más importante de la capital, abre de nuevo sus puertas, un espacio sin acceso a las áreas de juegos infantiles, pero con más gatos de los habituales, y más gente haciendo deporte de lo que era normal

Madrid “desescala” lentamente, poco a poco, pero lo suficiente para que se perciba un conato de vuelta a la difícil normalidad, pasito a pasito. Después de estar en lo más alto de la cima epidémica, la desescalada por fases se presume complicada.

Pero hay que ser positivos, no en los test, sino en esas cosas que nos fueron cotidianas y que ahora, en su regreso, son la prueba del volver a empezar.

El Retiro, el parque más importante de la capital, abre de nuevo sus puertas, un espacio sin acceso a las áreas de juegos infantiles, pero con más gatos de los habituales, y más gente haciendo deporte de lo que era normal.

Retornan las promesas de futuro: más kilómetros de carriles-bus; la creación de un Plan para la Reactivación de la Comunidad de Madrid; las reuniones familiares restringidas y la posible vuelta a las aulas de un pequeño sector de la población escolar. También reaparecen las terrazas para el tapeo y el cerveceo, eso sí, con muchas limitaciones. El Metro, estrena máquinas expendedoras de mascarillas y desinfectantes; antes las había en varios puntos de la ciudad, pero dispensaban preservativos para evitar contagios por transmisión sexual y embarazos no deseados; ahora, despachan mascarillas para preservar de infecciones por coronavirus.

La normalización pasa también por otros detalles no deseados, como volver a pagar en la Zona SER, con sus parquímetros, los controladores y las denuncias. Las calles y las carreteras, vuelven por sus fueros y desafueros de tráfico intenso, lo que puede parecer que la actividad laboral se recupera, aunque la realidad no parece ser esa. Se intensifican las quedadas del botellón, pese a las llamadas a la cordura, las denuncias y las multas por esta actividad prohibida, especialmente en tiempo de epidemia. Comienzan a activarse los narco pisos, el trapicheo de drogas, y los delitos salen de su estado de confinamiento, especialmente en el gremio de los butroneros.

También, la controversia por una posible peatonalización del barrio de La Latina, que los vecinos advierten que puede convertir a esta zona del viejo Madrid, en una “barra libre”, mientras que los hosteleros entienden que puede ser una forma de resarcirse de las grandes pérdidas ocasionadas por el confinamiento.

Luces y sombras del lento regreso a la dudosa “normalidad” del día a día. Madrid despierta a sus gozos y a sus sombras.

Ángel del Río es Cronista de la Villa