Planes en Madrid

Bar Carallo, el mejor casticismo gallego en pleno Madrid

Ofrece cocina tradicional con regusto atlántico y ambiente canalla. La tortilla se hace al estilo de Betanzos, con huevos de gallinas en libertad y hay queimada todas las noches

Óscar en su restaurante Carallo
Óscar en su restaurante Carallo FOTO: Cristina Bejarano La Razón

Ubicada en la distinguida calle Serrano, en Madrid, esta taberna con alma gallega ofrece un ambiente canalla, cocina tradicional con regusto atlántico en horario ininterrumpido y queimadas todas las noches.

Conociendo Madrid con la profundidad de un gato callejero, uno no se esperaría encontrar en plena calle Serrano, después de dejar atrás las lujosas boutiques de su tramo más noble, un refugio para crápulas y amigos del buen comer. Pero Kike Sierra, empresario hostelero empeñado en revitalizar Madrid con conceptos distintos y con mucho rollo, es capaz de crear la magia allá donde va, como ya demostrara en otros proyectos en los que participa como socio, como el archiconocido Panthera.

Bar Carallo, establecimiento 100 % propio, está ubicado en lo que se ha bautizado como Galerías Serrano, un proyecto que integra, entre los números 41 y 45 de la aristócrata calle, en uno de los pocos edificios de arquitectura brutalista que quedan en Madrid, otros tres conceptos, además del bar que nos ocupa: Nômadâ, de cocina de raíces árabes con tintes mediterráneos y andalusíes, Ishtar, donde tomar buenas copas, y, próximamente, Astro, un concepto de estética futurista y oferta aún por concretar.

En Bar Carrallo, que recibe al comensal con un «quérote Madrid» con el que declara su amor por lo gallego y lo castizo por igual, se pone en valor y se actualiza con modernidad y finura la cocina tradicional de la esquina más atlántica de España. Son imprescindibles los mejillones, las fresquísimas ostras y los berberechos, el pulpo en diferentes versiones, el lacón, las croquetas, la tortilla de patatas, que se prepara al estilo de Betanzos con huevos de gallinas que viven en libertad en el Pazo de Vilane (Lugo), y el entrecot de vaca rubia gallega. Tanto en la orilla dulce como en la parte líquida de su propuesta se encuentran también alusiones directas a su esencia: hay tarta y tabla de quesos gallegos, cerveza Estrella Galicia y una carta de coctelería con referencias como el Finisterre o el Galicia Mule.

A las amplias posibilidades de desayuno, brunch, comida y cena que ofrece se suma también la queimada, bebida a base aguardiente con ritual para purificar el alma e invocar a las meigas, que se celebra cada noche en la animada taberna.

Algún poeta de hoy dudosa memoria dijo que Madrid es el rompeolas de las Españas. Y por eso cuando uno se mete en ese laberinto que parece Blade Runner de la calle Serrano dice cómo puede ser esto una taberna. Pues sí, es moderna. Y por eso el mundo galaico que tanta fortuna ha tenido en la capital aquí es santo y seña. Seguramente no sea lugar de culto para esos paradores finos que quieren que el pulpo haya tenido estancia en Orense, o que quiera la croqueta amanse las fieras.

Carlos Marigorta con su mirada miope y larga dice que Madrid es esto y mucho más. Cualquier noche perdida en Carallo es grandeza. Ir acumulando en el morral de las emociones lugares de peregrinación en noches perdidas es algo más que vivir una ciudad. Esta que hoy es lugar de destino para todos los vagabundos de media Europa. Óscar al frente de la sala y su gente, una barahúnda de auténticos legionarios de la barra y de la mesa son cómplices de un garito que huele y suena a funky. Cuándo suena la música misteriosa y algo de muñeira donde se invoca la Santa Compaña y se enhebra una queimada, el pulso de la ciudad se para. Todo con sonido negro y gallego.