¿A quién incomoda el «MWC»?

Julián Cabrera

Lo del Móbile World Congress empieza a ser para una parte de la izquierda radical catalana colada de rondon desde 2015 en la mismísima alcaldía de Barcelona, como aquella tostadora eléctrica que arrojaba violentamente por la ventana del piso franco uno de los más fanaticos miembros de la banda Baader Meinhof por considerarla un abyecto objeto capitalista. Cuando Ada Colau asumió hace poco menos de tres años el bastón municipal de mando no tardó en presentar su primera tarjeta de visita a la organización del «MWC». Replantear decía los conceptos, redistribuir de manera distinta los beneficios y no convertirlo en un «festival de librecambismo», hasta el punto de hacer correr innumerables wasaps que rezaban «Colau entra en el grupo... MWC sale del grupo». Conviene pues no engañarse a estas alturas de la función. Está por ver que el desplante al Rey por parte de la alcaldesa de Barcelona a cuenta de un postureo tendente a congraciarse con el independentismo produzca algún tipo de rechazo en la parroquia electoral que conforman los «comunes». Mas al contrario, el gesto plagado de ruindad se llevaba a cabo de manera especialmente meditada y en el convencimiento de que las bases de su formación empatizarian de punta a punta con la demagogia del rechazo al heredero de los «opresores borbones» perpetuados por el franquismo. A Colau siempre le importo un bledo eso de velar por los múltiples beneficios que para su ciudad supone acoger el MWC. Su única finalidad desde el minuto uno de su toma de posesion ha sido la de no contravenir a esa mayoría de concejales independentistas que son quienes la sostienen en el cargo aún siendo únicamente once los escaños obtenidos por su formación política. Lo ocurrido en Barcelona con la iniauguracion del congreso tecnológico más importante de Europa viene sencillamente a corresponderse con la línea de actuación de Podemos y sus marcas que no es otra más que la práctica del rechazo al sistema de convivencia que los españoles se dieron hace ya cuatro décadas. No quieren reformar la Constitución. Quieren cambiarla y hacer otra a su medida. No participan del pacto contra el terrorismo yihadista. No quieren solo acabar con Rajoy –que también– sino vaciar el sistema y volver a llenarlo con nuevos ingredientes. El interés de Colau por mantener el MWC es tan raquítico como el del independentismo por frenar la fuga de empresas de Cataluña y lo peor, tal como se demostró con esto último el 21-D es que hay una parroquia que lo acaba asumiendo. La verdad, –tal vez cuando ya no haya MWC– siempre acaba resplandeciendo eso sí, cuando ya todo el mundo se ha marchado.