La táctica franquista del Gobierno

Jesús Rivasés

El Gobierno de Pedro Sánchez, en su empeño de exhumar los restos de Franco y sacarlos del Valle de los Caídos, porque algo tangible tiene que ofrecer a su clientela más próxima a Podemos, ha terminado por utilizar –consciente o inconscientemente y con improvisación– una táctica franquista. Hay miles de páginas escritas sobre la decisión de Franco, en los primeros meses de la Guerra Civil, cuando estaba a punto de tomar Madrid, de olvidarse de la capital para hacerse con El Alcázar de Toledo. Los expertos dudan si aquello fue incompetencia militar del dictador o una táctica –luego estrategia– de prolongar la contienda para controlar poco a poco todo el país y erradicar cualquier futura resistencia.

En lo que sí existe coincidencia es que aquella decisión prolongó durante tres largos años la Guerra y que no quedó nadie capaz de toser a Franco. El Gobierno ha aprobado el decreto ley de exhumación y traslado de los restos de Franco. Ha logrado, con notable eficacia, que el asunto dominara la atención pública durante el verano y aspira a que lo haga varios meses más. Cuenta, de rebote, con la colaboración de la familia del dictador que intentará retrasar el proceso todo lo posible. Mientras, Pedro Sánchez sueña con que en la polémica el PP de Pablo Casado meta la pata para volver a relacionarlo con el franquismo en vísperas electorales. Los populares, de momento, han eludido la trampa y han anunciado que se abstendrán en la convalidación del Decreto, no por el fondo, sino porque no ven justificado el procedimiento de urgencia. Rajoy fue un maestro de la que Plá, en sus crónicas de la República, definió como «táctica asiática», que se basa en la creencia de que «lo que pasa es lo mejor que puede pasar; es decir, es inevitable» y que, por lo tanto, lo mejor es esperar. Pedro Sánchez, en su carrera para ganar las próximas elecciones, necesita algo más que esperar y tiene que ofrecer y proponer algo. Una de las pocas cosas que tiene a su alcance, porque 84 diputados dan para lo que dan, es sacar del Valle de los Caídos a Franco, un asunto que hasta ahora nunca había figurado entre las prioridades de los españoles y que –salvo excepciones marginales– tampoco se oponen al proyecto. Incluso existiría una mayoría que lo aprueba, pero que –hastiada del asunto– también reclama que deje de ser el gran asunto, porque España, desde Cataluña a los Presupuestos, tiene cuestiones pendientes mucho más importantes y urgentes. El Gobierno, sin embargo, parece encontrarse a gusto con su táctica franquista dilatoria, lo que no impide que también sea una de esas maniobras de distracción tan alabadas por Clausewitz.