Opinión

Edadismo

El término lo inventó el gerontólogo americano Robert Butler para referirse a la discriminación contra las personas mayores. Lo definió como una combinación de elementos vinculados: las actitudes perjudiciales hacia las personas mayores, la vejez y el proceso de envejecimiento. Las prácticas discriminatorias y políticas que perpetúan los estereotipos sobre estas personas. Bueno, todo el que sea mayor sabe a que nos estamos refiriendo. Nuestro modelo de sociedad se basa en la producción a destajo y ahí la juventud, con su energía y fuerza natural, es Dios. Aunque sea el dios sin alma. Porque lo que no se puede negar a los mayores es la experiencia, la prudencia, la calma. Tres bondades muy poco ensalzadas por los mercados y su clientela fan. Antaño, el jefe de la comunidad era un anciano venerable y venerado. Ahora lo es más un joven listillo de gimnasio. La piel lisa y fresca es bonita, sí. Pero si la mirada es de besugo y las palabras de simio, se acabó la belleza. Aquella cultura anterior de respeto a los mayores se perdió irremediable. Y ahora sufren abandono, soledad y otras penurias, sin que la tribu se rebele por ello. Vean la forma de vida en muchas residencias, vean las colas del paro, vean las noticias de ancianos encontrados muertos en sus casas. Vean lo estúpidos que somos, que no nos damos cuenta de que, con suerte, llegaremos a esa edad que rechazamos. Está tan impregnada nuestra cultura de adoración a la juventud que hasta los propios viejos llegan a excluirse entre ellos. No quieren verse en el espejo de su igual. Como nosotros, que inconscientemente, negamos la vejez para no enfrentarnos al futuro. A la propia muerte.