Opinión

Manuela Carmena: magdalenas de liderazgo

Las recientes elecciones municipales, autonómicas y europeas, además de sus vencedores, de sus derrotados, de las distintas lecturas que de sus resultados hacen siempre, inevitablemente, cada uno de los partidos, han dejado una recua de nombres propios que merecen un exhaustivo análisis de liderazgo. Algunos, previsiblemente, tocarán poder, como es el caso de José Luís Martínez-Almeida, al frente del consistorio madrileño. Otros, también previsiblemente puesto hasta el 15 de junio nada puede darse por seguro al cien por cien, abandonarán el que tenían, como es el caso de Ada Colau en Barcelona o Manuela Carmena en Madrid. De todos habrá oportunidad de ir hablando, cuando las aguas de los pactos se asienten y sosieguen. Hoy, me interesa traer a colación a la última de las citadas: Manuela Carmena… ‘la abuela de Madrid’, ‘la abuela de la política española’ o la ‘alcaldesa de las magdalenas’, como ustedes prefieran.

Y es que, si hubiera que elegir una imagen, solo una, para grabar en el mármol de la historia para siempre a Carmena, yo elegiría aquella en la que se ve a la que ha sido regidora de la capital durante los últimos cuatro años degustando unas riquísimas magdalenas. Hay por supuesto otras más, como aquella en la que pudimos contemplarla viajando sencillamente en un vagón de metro, o en algún mercado, como un ama de casa más, abasteciéndose de alimentos. Pero, obviamente, esta juez de 75 años, recuperada para la política en las postrimerías de su vida, da para muchísimo más.

‘Roja’ desde la cuna

Digo recuperada porque la madrileña Manuela Carmena nació casi con la militancia en las venas. Hija de tenderos de clase media, tuvo sin embargo la oportunidad de tener una educación de calidad con las monjas del distinguido colegio de las Damas Negras. Recuerda Carmena que fue en aquel centro, que para otros es tremendamente conservador, donde le enseñaron a pensar y empezarlo a moldearla cual es hoy. Sea como fuere, desde muy joven tuvo claro que su interés por los menos favorecidos y su lucha en contra de las injusticias sociales sería eje vertebrador de su vida. Abogada con veinticinco años y casada por la Iglesia con el arquitecto Eduardo Leira por el entonces ‘cura rojo’ y luego Duque (consorte) de Alba, Jesús Aguirre, destacó inmediatamente como activa luchadora antifranquista. Es sabido que muchos opositores al dictador provenían de estratos sociales de un cierto ‘buen pasar’.
Todo el mundo recuerda, o sabe, que nuestra protagonista de hoy, junto con otra histórica socialista, Paca Sauquillo, se libró de ser asesinada el 24 de enero de 1977 en una matanza perpetrada por pistoleros ultraderechistas en un bufete de abogados sito en el número 55 de la calle Atocha. Milagrosamente no estaba en el despacho. Es un episodio negro del que nunca le ha gustado hablar.
Años después, tras lucha como abogada y bajo el paraguas del PCE, dejó el bufete para coger la toga. Y como jueza continuó casi toda su vida, hasta su retirada. Quién le iba a decir que superada la setentena volvería a la arena pública, pero en esta ocasión como candidata, por una marca llamada ‘Ahora Madrid’, amparada por Podemos, a la alcaldía de Madrid.
Carmena no ganó… quedó segunda tras una abrasada Esperanza Aguirre, pero gracias a un pacto con el PSOE pudo gobernar. Y desde el principio, todos supimos que su mandato sería cualquier cosa menos un ejercicio del poder convencional y corriente.

Del dicho al hecho…

Pronto fue evidente que aquellas promesas de campaña en 2015, con guiños a los más desfavorecidos y bravatas hacia los poderosos, quedaron en la mitad de la mitad. Y pronto también percibimos que su equipo de gobierno era cualquier cosa menos un barco cohesionado, a imagen y semejanza de la propia complejidad de ese mosaico llamado Podemos. Desde el principio tuvo que vérselas con algunos incendios provocados por sus más inexpertos e ideologizados concejales, como aquellos terribles tuits de Guillermo Zapata bromeando con el Holocausto nazi. Y aunque Carmena estaba aún en período de gracia, ni cien días llevaba en la Plaza de Cibeles, tenía que entregar ya la cabeza de alguno de ellos, como el propio Zapata o la concejala de cultura Celia Mayer.
Los madrileños, tanto los que no le votaron como algunos incluso de quienes sí lo hicieron, pudieron ir comprobando que una cosa es predicar… y otra gestionar. Que las calles seguían igual de sucias que cuando regía Ana Botella o que el problema de la movilidad era un hueso muy duro de roer, con unos autobuses de la EMT que se caían a pedazos… de puro viejos.
Y de la contaminación… ¡ah, la contaminación! Las primeras disposiciones de reducción de velocidad en la M-30, de 90 a 70 o la prohibición en determinados días de circular a matrículas, ora pares, ora impares, crearon mucha confusión por una pésima política de comunicación.

Una gestión cuestionada… un liderazgo atípico.

De todo ello fue saliendo viva Carmena que dominada ese difícil arte de ejercer de ‘Reina Madre’ que muchas veces no se enteraba de los ‘desmanes’ de sus díscolos, radicales y poco experimentados concejales. Comenzaba a asentarse en el imaginario de los madrileños la imagen beatífica de la ‘abuelita’, que era ‘buenísima’, puesta en aprietos por sus propios nietecitos, que eran ‘malos-malísimos’. Debo decir que, como apuesta de ‘marketing’ fue insuperable y que ella desempeñó el papel a la perfección. Se volvió un ícono pop reconocido incluso a nivel internacional. Aunque en los últimos tiempos cada vez le molestara más el papel, puesto que sus adversarios y buena parte de la ciudadanía de Madrid más de derechas comenzó a hacer correr la especie de que Carmena era una suerte de ‘bruja-mala’, con doble cara, como en cuento de Hansel y Gretel. No crean que estoy banalizando el artículo, no… lo que ha hecho la todavía alcaldesa en funciones es muy difícil de llevar a cabo y demuestra unas cualidades de liderazgo innatas, de las que no se aprenden…
Su capacidad de comunicación siempre fue insuperable; en el sentido más amplio de la palabra. Para empezar porque nunca iba ‘a todos los balones’; solo daba la cara cuando era pertinente o conveniente. Si no, sacaba a Rita Maestre -muy floja al principio y que ha ido aprendiendo después- o a cualquier otro peón: Inés Sabanés, Marta Higueras, o quien correspondiera. Eso sí, cuando Carmena salía, sabía perfectamente lo que tenía que decir y cómo tenía que hacerlo, demostrando un dominio de la comunicación verbal, no verbal y paraverbal absolutamente magistral. Qué pena que emborronara esta gran imagen de cuatro años con una imagen soberbia y altiva que mostró en el último debate de Telemadrid y que no le benefició en absoluto. ¿Una noche mala o sencillamente su peor cara?.
El balance que de su pura gestión se ha hecho es, por supuesto, dispar. Sus fieles inciden en que ha reducido la deuda dejada por Ana Botella… ¡en un 50 %! Sus críticos en que no podía hacerlo de otra forma puesto que su grave error de gestión ha sido el de no saber ejecutar todas las partidas presupuestarias de las que disponía y que, por ley, el dinero que no se gasta en gestión debe ir obligatoriamente a amortizar deuda. ‘Madrid Central’ y la ‘Operación Chamartín’ han sido sus últimas jugadas políticas (más bien la primera, porque en el caso de la segunda, Carmena no ha hecho más que recuperar un viejo proyecto de hace más de 20 años que tampoco ha podido culminar). Muchos definen ya su mandato, solo por esto, como inacabado. Un argumento al que ella da la vuelta y esgrime como nuclear para continuar cuatro años más.
Las divisiones como germen de un suicidio político que, casi todos, veían venir.
No menor en este espeso apartado económico fue el capítulo de la intervención de las cuentas del Ayuntamiento de Madrid por parte del Ministerio de Hacienda de Cristóbal Montoro. Algo inédito en la reciente historia política de España y que le costó el puesto al concejal encargado, Carlos Sánchez-Mato. Carmena se plegó al gobierno que entonces presidía Mariano Rajoy y ese fue el punto de partida de unas luchas fratricidas en el seno del equipo gubernamental que la regidora -punto de sombra en su liderazgo- nunca supo ya gestionar del todo bien. Más que ello, huyó hacia adelante y aprovechando su propio tirón personal, muy superior al de Podemos y la sombra de Pablo Iglesias, convenció a Íñigo Errejón para hacer ticket electoral con ella y montó su propio movimiento: ‘Más Madrid’. Con él ha barrido a Podemos del mapa, tanto en el Consistorio como en la Asamblea, pero tal vez -aunque hasta el día 15 nada es seguro por las peleas entre la derecha del PP, el centro de C’s y la ultraderecha de Voz- haya barrido también la posibilidad de que la izquierda, Ángel Gabilondo, arrebate al PP el despacho de la Puerta del Sol y de que ella misma siga al frente de la alcaldía.
Hace unos días vimos, con cierta perplejidad, una manifestación de sus fieles para exigir que se le permita gobernar por ser la más votada. Como si ella hubiera hecho lo mismo con Aguirre en 2015. Carmena siempre dijo que tras un mandato se iría a casa. Ahora ha cambiado de idea y lo va a intentar hasta el final, incluso rogando a Ciudadanos y a su portavoz, Begoña Villacís, su abstención. No lo tiene fácil… aunque en política, hasta el final, no se puede saber a ciencia cierta que pasará. Estaremos atentos a la pantalla.