En el mismo lugar

Alfonso Ussía

El gran don José María Pemán era de Cádiz. Dicen que con las liquidaciones de la Sociedad de Autores –cuando sus administradores no robaban–, correspondientes a los derechos de autor de «El Divino Impaciente», obra versificada con San Francisco Javier de protagonista, se compró una casa que los gaditanos bautizarpon inmediatamente: «El Castillo de Javier». Por aquella provincia hay una sobredosis de ingenio. Atrae, engancha y abruma. De Flandes llegó hace cincuenta años Jan De Clerck, y entregó todo su talento empresarial a la provincia de Cádiz, El Puerto de Santa María, Jerez y Rota, principalmente. Su obsesión es que la provincia gaditana, la más variada y guapa de España, añada «Dos Mares» a su denominación oficial. Cádiz-Dos Mares, con la capital en Cádiz, obviamente. De Cádiz eran el Beni y Amós, y de Cádiz son Teresa Rodríguez y su marido «Kichi», alcalde de la ciudad del talento. Curiosos los vaivenes electorales de Cádiz. En la democracia nació socialista, hasta que una jándala, la montañesa Teófila Martínez, del Partido Popular, se convirtiera en su mejor alcaldesa, con cuatro mayorías absolutas encadenadas. A Teófila le sucedió lo que a tantos políticos valíosos del PP, que llegó Soraya y se la cargó. Y ganó, con la ayuda de los socialistas, José María González, «Kichi», de profesión chirigotero, y no lo escribo en mal plan, porque en Cádiz las chirigotas forman parte de su alma. De Cádiz era Brillantinas, el palmero flamenco que se murió en inglés. Volvía de Jerez a Sevilla en una camioneta con su grupo, después de actuar en la cena de una importante empresa bodeguera, y la camioneta se topó con un árbol. Todos ilesos, menos «Brillantinas», que agonizaba en una Casa de Socorro de Las Cabezas. Y el jefe del grupo se acercó a su vera, junto a la cama, y le preguntó: –Brillantinas, ¿deseas que te impongan los santos ungüentos de la Extremaunción?–; y Brillantinas respondió: –Yes–, y expiró. Murió en inglés.

Desde el Puerto de Santa María, con un pie en Valdelagrana o Fuentebravía, Puerto Sherry o Vistahermosa, Cádiz luce con todo su esplendor. Y se admira el segundo gran puente que atraviesa la bahía, obra monumental que se debe a Teófila Martínez. Pero Cádiz tiene una manera muy especial de medir los tiempos y las cosas. Y «Kichi», que ha sido un alcalde bastante ocioso y un tanto vago, cae bien. Es simpático, y su mujer manda mucho. Es la única mujer que manda de verdad en Podemos, y que no mantiene buenas relaciones con los marqueses de Galapagar. De hecho, no se llevan. Y no pierden ocasión de hacerlo público.

Así, que en la toma de posesión de «Kichi» de su segunda vara consecutiva de Alcalde de Cádiz –allí es «Cai»–, el alcalde podemita no tuvo reparos en lanzar una andanada a los marqueses del chalé, mancha inmobiliaria que consideran letal para los intereses de Podemos. «La política es temporal y no somos profesionales de la política, sino gente corriente que sigue viviendo en su barrio de siempre, en el mismo lugar».

La andanada está bien lanzada, si bien no comparto plenamente su contenido. Todas las personas tienen derecho –si pueden–, a mejorar su estadío social y su tren de vida. Otra cosa es la incoherencia. Proclamar que De Guindos es impresentable por haber comprado un ático de 500.000 euros, y a renglón seguido adquirir un chalé con casi tres mil metros cuadrados de jardín, piscina, pabellón de invitados, barbacoa de fábrica, y en una urbanización de alto nivel en la antesierra madrileña, es más que una bofetada en los morros de todos los incautos podemitas. Es un paso gigante hacia la destrucción de la utopía.

De ahí que «Kichi» y María Teresa, los únicos triunfadores de lo que fue Podemos, hayan decidido desmedir sus palabras y no perder la simpatía chirigotera de los gaditanos. Ahora, sólo es necesario que «Kichi» trabaje mejor por Cádiz, desligándose de rencores y madrugando un poquito más.

Allí, la simpatía, se valora y funciona.