La arrogancia intelectualoide contra Teo

Entre las cosas que les molesta a sus enemigos es su juventud, tiene 35 años, para ocupar un cargo tan importante

La Razón

Una de las secuelas más clarificadoras de la caída de la «Doncella de la Libertad» es la sistemática descalificación del secretario general del PP, Teodoro García Egea. Los defensores de Cayetana lo han convertido en su bestia negra y utilizan como gran argumento que ha sido apartada por culpa del campeón de lanzamiento de huesos de aceituna. Por cierto, coinciden también con algunos personajes de la izquierda a los que les hace gracia utilizarlo en su contra. Nada más importa de su currículo académico como si su único mérito fuera esa anécdota divertida que no tiene mayor relevancia. Es evidente que el comentario rezuma esa arrogancia capitalina donde la cultura o las costumbres populares son contempladas como algo de peor calidad. En algunos casos es el elitismo de intelectuales de salón nacidos en grandes ciudades que consideran que el resto de España debería rendir pleitesía a una exquisitez que muchas veces es una forma de esconder sus orígenes humildes y que se sienten deslumbrados por grandes apellidos y títulos nobiliarios. Hay excepciones, como algún amigo, donde se utilizan argumentos que se pueden compartir o no pero que tienen mayor consistencia.

Tras escuchar o leer las aseveraciones de algún cayetanista se llega a la conclusión, dicho irónicamente, que deben ser el fruto de unas trayectorias académicas deslumbrantes con doctorados y licenciaturas en las grandes universidades del mundo. En cualquier caso, el secretario general del PP es, además de campeón en el lanzamiento de huesos de aceitunas, ingeniero de Telecomunicaciones y doctor en esa materia e hizo un programa superior en el IESE. No está nada mal. Las ingenierías son carreras muy difíciles y Telecomunicaciones es una de las más duras. Entre las cosas que les molesta a sus enemigos es su juventud, tiene 35 años, para ocupar un cargo tan importante y que no se sienta deslumbrado por la evanescencia intelectual. La condición de intelectual es algo más que unas declaraciones o artículos, sino que necesita contar con una adecuada tribuna académica, publicaciones referenciadas en revistas prestigiosas y libros con ideas originales. Es lo que se exige o espera en el mundo anglosajón para reconocer esa condición. He de asumir que en España somos más ligeros a la hora de otorgarla e incluso aceptamos que algunos la asuman sin mayores méritos. Por lo visto basta con decir que lo eres o que lo diga algún amigo para que se convierta en una verdad revelada.