Vox, el mejor aliado de Sánchez

No deben ir muy bien las cosas cuando, en el último CIS, el bueno de José Félix Tezanos no ha podido dar una alegría a Pedro Sánchez. Aunque no faltó el titular en los medios resaltando la ventaja de 12 puntos del PSOE sobre el PP, la realidad es que socialistas, naranjas y podemistas han caído en intención de voto.

Llama la atención que los votantes de Podemos valoren mejor la gestión de Sánchez que los que votaron PSOE y que Casado y Arrimadas también suspendan en relación a su actuación en la crisis de la Covid-19. Los ciudadanos son más listos de lo creen los asesores áulicos de los líderes y las contradicciones terminan pagándose.

Sánchez ha dado marcha atrás con el asunto del Consejo General del Poder Judicial ante las críticas recibidas desde todas las instancias, también ha virado en su intención de pactar los presupuestos con Ciudadanos y ha decidido, finalmente, hacerlo con los independentistas.

Con la gestión de la pandemia también ha dado sus bandazos, desde la confusión con el uso de las mascarillas, los PCR defectuosos o las ininteligibles decisiones sobre restricciones que llegan a un punto en el cada día hay que estudiar en qué situación estamos.

Lo que sí parece que ha prendido en la sociedad española es que la actuación de los líderes tiene que ver con razones partidistas y no con criterios científicos.

Las contradicciones se generan porque el rasero se pone a la medida de lo que se necesita en cada momento. Por ejemplo, en Euskadi, donde los socialistas han optado por apoyar el boicot promovido por PNV y Bildu de guardar silencio ante la intervención de la única diputada de Vox.

Una medida de esa dureza debe responder a una estrategia general. Crear un cordón sanitario a la extrema derecha debe ser la consecuencia de alguna acción o declaración contra el sistema democrático.

Sin embargo, lo que vale para el Parlamento Vasco no vale para el Congreso de los Diputados, en dónde Sánchez da protagonismo a Vox en intervenciones que vienen plagadas a diario de interpelaciones y referencias a la extrema derecha.

Pero para el líder socialista no hay contradicción alguna, en Euskadi no le interesa que Vox tenga espacio porque el PP es demasiado pequeño como para preocuparle, pero, en España, ocurre justo lo contrario, alimenta a la ultraderecha para quebrar a los populares.

Esa estrategia es muy peligrosa, se arrepentirá en breve de hacer engordar a la fiera y, además, es innecesaria porque enfrente no hay nadie.

Resulta difícil entender como alguien como Casado ha llegado a dirigir el PP. Quizá también lo sea para él y ahí esté el origen de sus complejo con Vox. El caso es que los de Abascal se han dado cuenta de esa debilidad y han decidido presentarle la moción de censura que es contra quien va realmente dirigida, no contra el PSOE.

Quien acabará con nosotros no será el virus ni la crisis económica, sino los líderes políticos.