Pasando del castellano

Los sabios de La Moncloa han determinado que allí un estudiante con una lengua menos vale más. Una curiosa aplicación del lema acuñado por Mies van der Rohe.

Los políticos del ramo de Educación, lo que incluye también a una ministra, tengo entendido, han decidido que lo mejor que le puede suceder a un alumno de Cataluña es que se olvide del castellano. Los sabios de La Moncloa han determinado que allí un estudiante con una lengua menos vale más. Una curiosa aplicación del lema acuñado por Mies van der Rohe. El Gobierno, por medio de un minué legal, ha sacado el español como lengua vehicular en esta comunidad. Lo que ha hecho, aparte de brindar carta blanca a la inmersión lingüística del nacionalismo, es privar de un idioma a los chavales de las familias más modestas, o sea, los que cría el obreraje y la progenie de los currantes de oficios medios, que son justamente en quienes no se ha reparado, o sí, pero se la trae al pairo.

Esta decisión resulta contradictoria viniendo de unos partidos que llevan muy a gala los estandartes de la progresía, o sea el socialismo y los derechos, porque lo que han larvado es un horizonte de desigualdades que no se le escapa a un ciego. ¿Acaso creen que los Artur Mas no se preocuparán de que su progenie aprenda correctamente español en colegios privados? Lo que va a suceder es que la factura del nacionalismo y los pactos de presidencia la pagarán los de siempre, o sea, los trabajadores mermados de recursos que no podrán enviar a su prole a una escuela para que aprenda el idioma que se les sisa y asegurarse un futuro, que es de lo que va esto. La burguesía catalana y los nuevos jeques del nacionalismo ya se cuidarán de que los suyos salgan bien formaditos de las aulas para que no pasen penurias en el mercado del mañana y así tengan más posibilidades de encontrar un puesto laboral, aunque eso conlleve el baldón de hablar y escribir la segunda lengua con más peso del mundo.

Los del Gobierno aseguran que todavía se exige la enseñanza del castellano, pero confiando más en la buena fe que en el deber, lo que supone un acto de crispante ingenuidad. Es como pedir a un boxeador que tenga la bondad de no usar los puños en el cuadrilátero sin caer en la cuenta de que si ha subido a la tarima es por algo. Con esta pedestre pedagogía que se han montado los Albert Camus y otros Alfonsos/décimos de Presidencia han dejado sin argumentos a los padres que reclaman en Cataluña y piden que se impartan en castellano las asignaturas que ordena la ley. Esto supone, puestos a sacar punta al lápiz, una merma de los derechos de la población y se priva a los padres de dar a sus hijos la enseñanza que consideran mejor. Vamos, el crío de un señor de Zaragoza que se traslade a Barna no podrá estudiar castellano y quedará rehén de una política lingüística, dos vocablos que no deberían articularse juntos. Se dirá que hoy se puede, pero mañana, ¿qué?