Económicamente, ¿nos perjudica el Covid-19 a través de Europa?
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Una característica deseable de la economía española, sería continuar, hasta ahora, con un desarrollo económico comparable con el que tuvo desde el siglo XVI a inicios del XVIII. A partir de ahí, y hasta la mitad del siglo XX, el desarrollo económico español fue limitadísimo por su opción vinculada, en el fondo, con la búsqueda de una autarquía. Pero todos sabemos que, a partir de 1953, se optó por un cambio radical respecto al exterior, cuando, como consecuencia de la Guerra Fría, España entró, con todas sus consecuencias, en la OCDE, y a partir de ahí se orientó, y lo consiguió definitivamente en 1985, para ingresar en la Unión Europea. El premio recibido por esta decisión ha sido un fortísimo desarrollo, con naturalmente algunas caídas; pero que nada significaron en el conjunto de esa marcha extraordinaria. ¿Europa, como unidad económica, no está ahora amenazada?
Para comprenderlo, basta señalar que un intento anterior, derivado de Carlomagno para reconstruir el Imperio Romano, se vino abajo de modo radical hasta el reciente Tratado de Roma, basándose en toda una serie de planteamientos que, poco a poco, se han esfumado. En primer lugar, por una situación agobiadora generada por la II Guerra Mundial. Además, por una creciente amenaza de la implantación del modelo comunista que había nacido en Rusia al final de la I Guerra Mundial. Por otro lado, ante esta situación, por el impacto de la nueva gran potencia mundial, los Estados Unidos, y sus alianzas tradicionales con la Europa Occidental. Agréguese un mensaje muy vinculado con la Iglesia Católica, y acaudillado por tres políticos carentes, de modo esencial, de características nacionalistas: Adenauer, Schuman y de Gasperi. Simultáneamente, toda una serie de planteamientos borraron ideas nacionalistas e impulsaron a la globalización. Como resultado, el conjunto comunitario se afianzó continuamente, y facilitó, al integrase en él España, que ésta se moviese con extraordinaria agilidad en el comercio internacional, factor esencial para el progreso económico.
Pero he aquí que, en estos momentos, el punto de apoyo para España que es la UE, experimenta posibles alteraciones. En primer lugar, como consecuencia de la política proteccionista creciente que ha surgido en los Estados Unidos, modelo que tiende a ampliarse. Evidentemente, el mantenimiento de la UE en sus dimensiones actuales, está en claro peligro, y no sólo por el Brexit. Basta leer el valioso trabajo de Lidia Bun, «Respuestas fiscales asimétricas frente al Covid-19» en Europa, para ver cómo ese talante se amplía. Así lo vemos en las crecientes disparidades que se observan en el parlamento comunitario e incluso en el BCE.
Pero, por si esto fuera poco, ha surgido el impacto de la pandemia, que ha desarticulado multitud de economías situadas, precisamente, en países europeos que mostraban ya no muy alto afecto al mundo comunitario. Los datos que por esto se están ofreciendo sobre el futuro económico de los países europeos y del conjunto de Europa pueden consultarse, por ejemplo, en lo que Oriol Aspachs, expone en el Informe mensual de CaixaBank Research, de noviembre: «El cuarto trimestre no ha comenzado con buen pie. Durante el mes de octubre se ha intensificado la segunda ola de la pandemia en prácticamente todos los países desarrollados, lo que ha obligado a endurecer las medidas para reducir los contactos sociales. Los indicadores de actividad más recientes ya reflejan su impacto económico. Destaca la flexión a la baja de los índices PMI de sentimiento empresarial, especialmente los referentes al sector servicios en Europa, que se han adentrado en territorio contractivo». Todo esto no va a facilitar la consolidación de Europa, porque varios miembros ya han anunciado medidas de apoyo adicionales a los colectivos más afectados; como señala Oriol Aspachs: «todo ello conlleva un enorme esfuerzo presupuestario, por lo que el aumento de otros gastos corrientes debería ser muy prudente». Por cómo se predica, con mayor o menor fuerza, desde Bruselas, ¿va a mantenerse? Pero si lo que se prevé, desgraciadamente, sucede, España va a sufrir forzosamente lo que se podría denominar «como añadido de la pandemia» porque esas dificultades europeas se trasladarán, de inmediato, sobre nosotros. Si además, no tenemos en cuenta que en Europa ha surgido, afianzándose por momentos, desarrollos notables en las novedades de la estructura empresarial, como derivación de los avances tecnológicos actuales, la estabilidad europea, con sus consecuencias, mucho nos dolerá. Es urgente, pues, estar pendientes de Europa, y prever cómo convendría reaccionar.

Juan Velarde Fuertes es economista y catedrático