Todos al psiquiatra

¿Cuántos de los que ahora se rasgan las vestiduras -políticos y periodistas- han llamado últimamente “loca” o “ida” a la presidenta madrileña?

EUROPA PRESS/E. Parra. POOL

Hoy sería el día grande de las Fallas. Hoy, que es viernes, habría cambiado de Comunidad para abrazar a mi padre... Cuánto nos limita esta pandemia y cuánto nos cuesta aceptarlo: ahí siguen las fiestas ilegales, a pesar de las advertencias y del control policial. Y ahí vienen, entretanto, los alemanes, en tromba, a nuestras costas, a pesar de seguir todos nosotros enclaustrados, encerrados en el puente. Todas estas incongruencias desaparecerán cuando a la mayoría nos administren la vacuna, la que sea.A estas alturas, una asume que le toca inmunizarse con AstraZeneca, a pesar de los últimos casos de trombos y muertes. La Agencia Europea del Medicamento y la OMS desvinculan esos episodios de esa vacuna concreta. Insisten en que AstraZeneca es segura, y hay que creerles. Toca, más que nunca, confiar en la ciencia, retomar el martes las vacunaciones y recordar que más de 11 millones de británicos han recibido ya la inyección sin sufrir mayores problemas. Mientras no dobleguemos la infernal curva del coronavirus seguiremos en bucle, con todos los problemas que eso conlleva: económicos, sanitarios y psicológicos. Estos últimos van a más, mires a donde mires.Creo firmemente que a los españoles nos iría mucho mejor si todos nuestros dirigentes políticos fueran regularmente al psiquiatra. Es la principal conclusión que una saca cada miércoles, siguiendo la sesión de control al Gobierno, en el Congreso. Sus señorías son especialistas en fabricar rifirrafes ideológicos y broncas con frases banales mientras, en otra realidad paralela, los ciudadanos intentan seguir adelante con sus vidas. Al diputado popular Carmelo Romero -ya le vale- le perseguirá para siempre su “vete al médico” como contestación irreflexiva, de barra de bar, a Íñigo Errejón, cuando el líder de Más País se salía del guión estéril de los miércoles para poner el acento en el creciente problema de la salud mental en España. Romero pidió disculpas en las redes -era lo mínimo-, mientras cientos de personalidades, a derecha e izquierda, salían en defensa de Errejón. En cualquier caso, véanse las diferentes varas de medir, según la ideología del agraviado: ¿Cuántos de los que ahora se rasgan las vestiduras -políticos y periodistas- han llamado últimamente “loca” o “ida” a la presidenta madrileña? ¿Percibimos entonces tanta solidaridad con Díaz Ayuso, a derecha e izquierda? Se llama sectarismo